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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Arándanos o uvas: dos frutas, dos velocidades para el azúcar en sangre y por qué la fibra marca la diferencia

Una nutricionista explica por qué los arándanos generan un pico de glucosa más suave que las uvas, qué nutrientes los hacen distintos y cómo conviene combinarlos en la mesa diaria para evitar sobresaltos en el azúcar en sangre.

Por Rosana LuceroSociedad y vida · · hace 1 h
Arándanos o uvas: dos frutas, dos velocidades para el azúcar en sangre y por qué la fibra marca la diferencia

Acá en Chimbas, doña Marta revisa la bandeja de fruta del mediodía y se queda pensando un rato antes de elegir. Tiene diabetes tipo 2 hace seis años y cada tanto me cuenta la misma duda frente al mostrador: "¿Me conviene más el arándano o la uva? Las dos me gustan, pero no quiero pasarme de rosca con el azúcar". La pregunta es buena y la respuesta no es, como dicen los libros en otros idiomas, sino más bien una cuestión de proporciones, de fibra y de con qué se come esa fruta. Por eso me pareció útil ponerme a revisar lo que dice la evidencia y conversarlo con especialistas para sacar algunas conclusiones que sirvan para la mesa de todos los días.

El punto de partida es bastante claro: la fibra es el factor que más pesa en la velocidad con la que el azúcar natural de una fruta llega al torrente sanguíneo. Esa fibra frena el vaciamiento del estómago, ralentiza la digestión de los carbohidratos y suaviza el pico de glucosa. Por eso, dos frutas que a simple vista parecen equivalentes en dulzor pueden comportarse de manera muy distinta dentro del organismo. No es magia, es química, y se nota en el glucómetro.

Los números que separan a una de la otra

Una taza de arándanos aporta, según las tablas nutricionales, alrededor de 84 calorías, 22 gramos de carbohidratos, 15 gramos de azúcar y, sobre todo, 4 gramos de fibra. Esa proporción es la que explica que su consumo no genere el mismo aumento brusco de glucosa que, por ejemplo, un jugo de fruta, donde la fibra prácticamente desaparece y el azúcar se absorbe con rapidez. Con los arándanos, el organismo tiene que trabajar un poco más para procesar esos carbohidratos y eso se traduce en un pico más amigable.

La misma porción de uvas, en cambio, ronda las 125 calorías, con unos 29 gramos de carbohidratos, 25 gramos de azúcar y apenas 1,4 gramos de fibra. Con menos fibra y más carga de azúcar por taza, la elevación de glucosa tiende a ser más pronunciada y más veloz. Esto no convierte a la uva en una fruta prohibida ni mucho menos, pero sí obliga a prestar más atención al tamaño de la porción y a la compañía que le pongamos en el plato.

Lo que dicen las especialistas que consulté

“Los arándanos pueden elevar la glucosa porque tienen carbohidratos y azúcar natural, pero su fibra modera ese efecto y los convierte en una opción razonable, sobre todo cuando se los combina con proteínas o grasas saludables.”Caroline Thomason Bunn, nutricionista y educadora en diabetes
“La mayor parte de la evidencia que tenemos sobre la uva y la glucosa viene de productos derivados como jugos y extractos, así que todavía no podemos afirmar con certeza qué pasa cuando una persona come la fruta fresca todos los días.”Vandana Sheth, nutricionista

Ambas frutas tienen compuestos de interés que vale la pena mencionar. Los arándanos contienen antocianinas, unos pigmentos antioxidantes que en distintos estudios se vincularon a menor inflamación y a mejoras en la hemoglobina glicosilada en personas con diabetes. Las uvas rojas y moradas también aportan antocianinas, y en sus cáscaras se encuentra el resveratrol, un polifenol muy popular en la investigación cardiovascular. Ahora, ojo con un detalle que me parece clave y que a veces se pierde en los títulos: buena parte de esos trabajos se hicieron con derivados de la uva, no con la fruta entera, y los resultados sobre glucosa en ayunas y hemoglobina glicosilada todavía no son concluyentes. O sea, la promesa está, pero la evidencia firme todavía está en camino.

La clave no es la fruta sola, sino lo que la rodea

  • Arándanos con yogur griego sin azúcar: suman proteínas que enlentecen la digestión y ayudan a que el pico de glucosa sea todavía más parejo.
  • Arándanos con semillas de chía o con un puñado de nueces: incorporan más fibra y grasas insaturadas, lo que prolonga la saciedad y modera la absorción del azúcar.
  • Uvas con queso fresco o con un puñado de frutos secos: la proteína del queso y las grasas de las nueces funcionan como amortiguador de la carga de azúcar de la fruta.
  • En ambos casos, controlar el tamaño de la porción es tan importante como elegir la fruta: una taza suele ser un punto de partida razonable para personas que controlan su glucosa.

Al final de la charla con doña Marta le dejé una idea simple que me parece que resume todo lo que charlamos: la fruta no se come sola, se come en contexto. Si alguien como ella, que mira el glucómetro tres veces por día, elige arándanos por la fibra extra, perfecto; si un día le apetecen uvas, tampoco pasa nada, siempre y cuando sean una porción moderada y estén acompañadas de algo que las frene un poco en el estómago. La clave, como tantas veces en nutrición, no está en eliminar una fruta sino en la cantidad, la forma de consumo y los alimentos que la rodean en el plato. Y eso, en el fondo, es una buena noticia: la mesa sigue siendo un lugar para disfrutar.

RL
Rosana LuceroSociedad y vida

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