Chau sequía, hola zozobra: cuando el agua vuelve y encuentra todo empapado en Neuquén
Tras años de campos secos, las últimas lluvias saturaron el suelo y los arroyos recuperaron fuerza. Qué hacer ahora, antes de que la tormenta te encuentre desprevenido.
Acá en Neuquén pasó algo que parece de manual y que a la vez asusta: durante años el agua fue una ausencia, casi un recuerdo, y de golpe volvió toda junta. Los campos que estaban resecos, las banquinas duras como piedra, los arroyos que los pibes cruzaban sin descalzarse, todo terminó empapado hasta el tope. Y cuando eso ocurre en apenas unas semanas, el suelo ya no da más: lo que cae arriba escurre hacia abajo, busca las pendientes, vuelve a los cauces viejos que muchos ya ni recordaban. Así, de un día para el otro, un rincón que parecía tranquilo se convierte en zona de riesgo y una tormenta que se forma en minutos puede armar un lío de los grandes.
Lo explica Luciana Ortiz Luna, secretaria de Emergencia y Gestión de Riesgo de la provincia, cuando advierte que las llamadas tormentas convectivas, ésas que arman los noticieros con imágenes de granizo y calles convertidas en ríos, pueden gestarse en pocos minutos y descargar cantidades enormes de agua en un área chica. Un barrio puede pasar la mañana soleado y, de repente, terminar anegado. Peor aún: no hace falta que llueva encima tuyo. Una precipitación fuerte en una cuenca de más arriba puede transformar un arroyo que veías tranquilo, casi seco, en una correntada seria en cuestión de horas.
Antes de que el agua te encuentre: cuatro pasos que no cuestan nada y valen oro
- Conocer las vías de evacuación del barrio o la localidad antes de que pase nada: miralas en los mapas, preguntale a un vecino que haya vivido una crecida, sacale foto al recorrido con el celular para tenerlo a mano.
- Identificar con tiempo a las personas del grupo familiar o del entorno que necesiten ayuda para moverse: pacientes crónicos, adultos mayores, vecinos con muletas, sillas de ruedas o muletas. Si los tenemos mapeados, no los buscamos a último momento.
- Preparar una mochila o bolsa de emergencia con lo justo para las primeras horas: documentación personal, algo de comida no perecedera, agua potable embotellada, linterna, radio a pila, cargadores de celular y, si hay medicación crónica, la dosis para varios días.
- Tener clara la reserva de agua: las emergencias suelen afectar los sistemas de abastecimiento, y quedarse sin agua para beber o para lo básico puede ser un problema tan serio como la inundación misma.
En zonas rurales o de accesos complicados, donde quedarse unas horas incomunicado es una posibilidad real y no una exageración de película, la preparación suma un capítulo aparte. Hay que saber dónde están los puntos de encuentro que tiene definidos cada municipio y cuáles son los centros de evacuación habilitados. Saber eso de memoria, con los chicos, con los abuelos, con los vecinos de la cuadra, es la diferencia entre improvisar y llegar a un lugar seguro sin dar muchas vueltas. Marta, que tiene su casa a la vera del arroyo en Valentina Norte, me decía esta semana mientras juntaba sus papeles en una bolsa: "Yo ya pasé una vez por esto, hace años, y no quiero volver a correr con lo puesto. Esta vez decidí tener todo listo aunque no pase nada, porque si pasa, ya no hay tiempo". Tiene razón: la, como decía mi vieja, no ocupa lugar.
Desde la Secretaría provincial también se trabaja en un punto clave que a simple vista parece técnico pero que toca de lleno la vida cotidiana: están relevando los cauces fluviales antiguos que estuvieron inactivos durante toda la etapa seca y que ahora pueden volver a recibir caudales importantes. La idea es detectarlos a tiempo, señalarlos, informar a la población y avanzar con obras que reduzcan el riesgo. Mientras tanto, en cada barrio, en cada familia, la pelota queda en nuestra cancha. No se trata de vivir con miedo, sino de tener la cabeza fría antes de que el agua nos encuentre. Porque cuando el cielo se cierra y empieza a caer esa lluvia torrencial que dura minutos, ya es tarde para googlear qué hacer.
“Un lugar puede atravesar el día sin inconvenientes y, de repente, sufrir anegamientos o crecidas. El agua no siempre cae donde genera el daño.”Luciana Ortiz Luna, secretaria de Emergencia y Gestión de Riesgo de Neuquén
