Cinco llaves diarias para empezar a salir del pozo del agotamiento laboral
La nutricionista naturópata Jessica Shand advierte que el burnout no es solo cansancio: altera el cortisol, desordena el sueño y vacía la energía. Cinco hábitos concretos pueden empezar a revertirlo, aunque remarcan que la consulta médica sigue siendo insustituible.
Son las siete de la tarde y Andrea, vecina del barrio San Roque acá en Chimbas, cierra la notebook con la misma sensación con la que la abrió a las nueve de la mañana: el cuerpo pesado, la cabeza en otra parte y esa angustia silenciosa que ya ni se nombra. Lo que le pasa tiene nombre técnico y, según la nutricionista naturópata Jessica Shand, autora de The Hormone Balance Handbook, es mucho más profundo que un simple mal día: se trata del burnout, ese agotamiento que combina el cansancio físico con un vaciamiento emocional que no se va ni durmiendo un domingo entero.
Shand explicó que cuando el estrés se vuelve crónica, el organismo mantiene encendida la fábrica de cortisol, la hormona que nos pone en alerta ante un peligro. El problema es que ese interruptor, si queda prendido durante semanas o meses, deja en segundo plano funciones básicas como dormir bien, digerir correctamente o pensar con claridad. El resultado es una mezcla muy reconocible: sueño que no descansa, mal humor a flor de piel, concentración en picada y la sensación persistente de no recuperarse nunca, ni siquiera después de un fin de semana largo.
Cinco hábitos para empezar a recuperar el cuerpo y la cabeza
- Comer en horarios y con criterio: armar cada plato con una proteína completa, grasas saludables y carbohidratos complejos, y evitar pasar largas horas sin comer o sostenerse a base de ultraprocesados, porque los picos y caídas de glucosa profundizan la irritabilidad y la fatiga.
- Cuidar la rutina previa al descanso: armar un pequeño ritual nocturno -un baño con sales de magnesio, una infusión sin cafeína, unas líneas en un cuaderno- que funcione como señal para que el cuerpo entienda que se terminaron las obligaciones.
- Apoyarse en plantas relajantes: manzanilla, lavanda, toronjil o pasiflora pueden sumarse a la rutina nocturna como aliadas suaves, siempre que no reemplacen una indicación médica.
- Consultar antes de tomar adaptógenos: sustancias como la albahaca sagrada o la ashwagandha se usan para mejorar la tolerancia al estrés, pero requieren supervisión profesional, sobre todo en embarazo, lactancia, enfermedades preexistentes o tratamientos farmacólicos.
- Aprender a leer los propios ciclos: registrar cómo varía la energía a lo largo del día y del mes permite ajustar la carga de tareas a los momentos de mayor rendimiento y respetar los bajones sin castigarse por ellos.
Andrea dice que lo que más le cuesta es el quinto punto, el de los ciclos. Reconoce que insiste en exigirse el mismo ritmo a las diez de la mañana que a las cinco de la tarde, y que se enoja cuando no da más. La especialista insiste en que esa autobservación no es un capricho new age sino una herramienta concreta para administrar la energía, que es el recurso más escaso cuando se transita un cuadro de agotamiento sostenido.
Desde la vereda de siempre, acá en Chimbas, lo que la gente espera es volver a dormir sin esaopresión en el pecho y despertar sintiendo que el día se puede enfrentar. Los cinco hábitos que propone Shand son un punto de partida accesible, pero ella misma subraya que noneutral está pensado para reemplazar la consulta médica cuando los síntomas se extienden o se profundizan. Ante un cuadro que no cede, la primera indicación sigue siendo pedir turno con un profesional de la salud.
