Cuando el banco te salva la noche: Valencia se calzó el sombrero y Boca bailó a Racing en Arroyito
Enner Valencia entró en el segundo tiempo, metió tres goles de cabeza en 23 minutos y le dio a Boca un 3-2 para el infarto frente a Racing. El Xeneize, que estaba 0-2 abajo, ahora va por Banfield en semifinales de la Copa Argentina.
Hay noches que arrancan como una cena familiar y terminan como velorio del invitado de turno. Boca entró a la cancha en Arroyito con la modorra de quien todavía está buscando entender el partido y, cuando quiso acordar, estaba perdiendo 0-2 frente a Racing, con un gol olímpico de Gastón Lodico que le sacó el aire a 45 mil personas y un rebote afortunado de Adrián Martínez para completar la obra en los primeros minutos del complemento.
Hasta ahí, el guion era el que muchos imaginábamos: el Rojo daba el golpe, el Xeneize se desinflaba y la eliminación servía para abrir el debate de la semana entera. Pero el fútbol, señores, tiene esas cosas: una decisión del banco puede cambiarlo todo. Rodolfo Arruabarrena metió mano, mandó a la cancha a Enner Valencia y, en un rato corto, el ecuatoriano se puso el traje de héroe que venía colgado en el perchero desde hacía rato.
Veintitrés minutos para borrar una desventaja
Hasta ese partido, Valencia había convertido apenas un gol en ocho presentaciones con la camiseta azul y oro. Frente a Central Córdoba, hace ya un buen rato, había mojado por primera vez. Contra Racing facturó tres veces y todas de la misma manera: de cabeza, como quien va a buscar el pan a la carnicería del barrio, con la frente bien alta y la decisión de no dejar pasar la pelota por al lado.
- Descuento: libre de marca en un tiro de esquina, el ecuatoriano apareció solo para poner el 2-1 parcial.
- Empate: centro de Sebastián Villa desde la izquierda y cabezazo de Valencia para el 2-2 que devolvía la ilusión.
- Triunfo: sobre el cierre, otro envío al área encontró al delantero, que volvió a ganar de arriba y desató el delirio xeneize.
El primer gol llegó con el Sporting Cristal de la cristiandad: sin marca. El segundo, con Villa haciendo de las suyas por la banda izquierda, esa zona donde al parecer le siguen dando licencias a los marcadores rivales. Y el tercero, cuando el partido olía a penales y a psicólogo deportivo. Tres cabezazos para entender que, cuando alguien te quiere explicar el partido con una pizarra, conviene mirar la altura del rival.
Cómo se cocinó el cambio
Arruabarrena había movido primero el banco con el ingreso de Valencia por Alan Velasco, a los 11 del segundo tiempo, para jugar con dos delanteros de área. Después sumó a Villa por Santiago Ascacibar y el equipo ganó en agresividad, en centros y, sobre todo, en presencia en el área de Facundo Cambeses. El partido cambió de aire como cambia un patio de casa cuando abrís todas las ventanas a la vez.
Racing había hecho los deberes en el primer tiempo con el centro de Lodico que se le coló a Leandro Brey y con una secuencia de rebotes en el arranque del complemento que terminó en el gol de Martínez, con Leandro Paredes como actor de reparto involuntario. Después, Juan Pablo Vojvoda buscó cerrarle las persianas a Boca con el ingreso de Ezequiel Cannavo para controlar las subidas de Villa, pero la ventana ya estaba abierta. El Rojo cedió terreno, Racing cedió vértigo y el Xeneize lo aprovecho, como aprovechan los equipos que se creen vivos hasta el final.
Lo que viene: Banfield y la ilusión copera
Con el 3-2 en el bolsillo, Boca sigue vivo en los tres frentes que pelea en la temporada y ya tiene rival para semifinales: Banfield, un club que suele complicar a los grandes en este tipo de cruces cortos, donde la historia previa pesa menos que un domingo con la familia. El encuentro todavía no tiene día ni hora confirmados, pero el que avisa no es traidor.
Ahora bien, pronóstico me reservo el derecho de errar, como siempre: si Valencia repite este nivel de juego aéreo, el Xeneize se va a comer el cuadro copero con arroz. Si no, volveremos a estas páginas a despotricar contra los cambios tardíos. Hasta entonces, celebremos que, de vez en cuando, el fútbol nos regala un partido de esos que vale la pena contar en la mesa del domingo. Salud, y a seguir mirando hacia arriba, aunque más no sea para esperar el centro del ecuatoriano.
