Saltar al contenido
Miércoles, 7 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instante
Portada › Vida ›
Vida /

Cuando la grasa se va demasiado lejos: lo que el cuerpo empieza a perder sin que uno lo note

Reducir el porcentaje de grasa corporal por debajo de ciertos umbrales puede comprometer músculos, huesos y hormonas. Especialistas consultados explican por qué no hay un número único que sirva para todos y qué señales conviene atender antes de seguir bajando.

Por Rosana LuceroSociedad y vida · · hace 1 h
Cuando la grasa se va demasiado lejos: lo que el cuerpo empieza a perder sin que uno lo note

Lo vemos todos los años cuando arranca la primavera: grupos de entrenamiento que se multiplican en las plazas, rutinas exprés en las redes y una obsesión cada vez más marcada por verse "definido" antes del verano. El problema es que, en esa carrera por achicar el porcentaje de grasa corporal, muchos terminan cruzando un umbral del que después les cuesta volver. Y no lo digo yo: lo dicen investigaciones hechas con cientos de deportistas y especialistas en metabolismo de universidades de Estados Unidos y Reino Unido.

Un número, mil cuerpos distintos

El primer error es tratar al porcentaje de grasa como si fuera una verdad universal. No lo es. La edad, el sexo y, sobre todo, dónde se acumula esa grasa cambian completamente el significado del dato. Una balanza de bioimpedancia, esas que se usan en muchos gimnasios, puede dar resultados distintos según cuán hidratado esté el cuerpo ese día. Los pliegues cutáneos, en cambio, sirven para estimar la grasa subcutánea, pero no dicen nada de la que envuelve los órganos, que es justamente la que más interesa desde el punto de vista metabólico.

El método más preciso para diferenciar tejido graso, masa magra y masa ósea es la densitometría DEXA, aunque necesita un equipo costoso y no está al alcance de cualquiera. Con ese método se hizo un estudio con más de setecientos deportistas, en el que participó Tamara Hew-Butler, investigadora de la Universidad Estatal de Wayne. Lo que encontraron fue llamativo: los valores mínimos registrados fueron del 10 por ciento en hombres y del 16 por ciento en mujeres, muy lejos del 1 o 2 por ciento que muchos persiguen obsesionados con la definición muscular.

Lo que se pierde cuando se pierde demasiada grasa

Jessica Maung, investigadora de enfermedades metabólicas de la Universidad de Míchigan, lo explica con una claridad que deja pensando: una cantidad insuficiente de grasa puede alterar distintos órganos y sistemas. Cuando la restricción calórica es muy agresiva, el cuerpo empieza a tirar del músculo para conseguir energía. Y no se queda solo ahí: también se perjudica la generación y la reparación del tejido óseo. Así, sin darse cuenta, alguien que entrena con dedicación puede estar debilitando sus huesos mientras afina su silueta.

  • En hombres con alimentación insuficiente puede caer la testosterona, y con ella la energía y el rendimiento.
  • En algunas deportistas, los niveles demasiado bajos de grasa se asocian con irregularidades menstruales o directamente con la falta de menstruación.
  • Fredrik Karpe, profesor de medicina metabólica de la Universidad de Oxford, advierte que tener pocas reservas complica la respuesta del cuerpo ante infecciones graves.

El tejido adiposo no es un enemigo silencioso

Acá viene lo que casi nadie tiene en cuenta: la grasa no está ahí sólo como reserva de combustible. También produce leptina, una hormona que le avisa al cerebro cuánta energía hay disponible. Cuando esa señal cae porque las reservas son demasiado bajas, el organismo empieza a ahorrar recursos y relega funciones que no considera esenciales en ese momento. La energía, la fertilidad, la inmunidad, la reparación ósea: todo queda en una lista de espera.

Y ojo con el otro extremo, que tampoco es gratis. El exceso, sobre todo cuando se acumula alrededor de los órganos como grasa visceral, favorece la liberación de sustancias que terminan inflamando tejidos y predisponen a enfermedades metabólicas. La distribución, insisto, pesa tanto como el número en la balanza.

La conclusión que dejan estos investigadores es bastante incómoda para la cultura del fitness extremo: no hay un porcentaje de grasa corporal adecuado que sirva para todo el mundo. Antes de obsesionarse con un número, conviene hacerse las preguntas que importan. ¿Cómo me siento? ¿Cómo duermo? ¿Cómo me recupero después de entrenar? ¿Tuve cambios en el ciclo menstrual, en el ánimo, en la energía? A veces, la señal más honesta no la da un estudio sino el propio cuerpo, que suele empezar a pedir que bajemos un cambio antes de que lo escuchemos. Ahí en Chimbas, como en cualquier barrio, vale la pena prestar atención a esas señales antes de que el próximo control médico las haga visibles a la fuerza.

RL
Rosana LuceroSociedad y vida

Te puede interesar