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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Cuando la leche deja de sentar bien: la intolerancia a la lactosa que aparece de grande y obliga a renegociar la dieta

Muchos adultos consumen lácteos toda la vida y un día empiezan a notar hinchazón, gases y dolor abdominal. Qué la desencadena, cómo se distingue de una alergia y qué opciones hay para seguir cubriendo los nutrientes sin resignar la comida de todos los días.

Por Rosana LuceroSociedad y vida · · hace 3 d
Cuando la leche deja de sentar bien: la intolerancia a la lactosa que aparece de grande y obliga a renegociar la dieta

Acá en Chimbas, doña María Ester prepara la taza de leche con café como cada mañana desde hace más de cuarenta años, y ahora se le inflata la panza como si hubiera comido un plato entero de fideos. Me lo cuenta mientras acomoda las bolsas en la vereda, todavía con el delantal puesto, y dice que no entiende por qué el cuerpo le cambió las reglas de golpe. Es una escena que se repite en muchas casas: gente que tomó leche durante décadas sin chistar y que empieza a convivir con ruidos intestinales, gases y hasta diarrea sin saber bien qué le pasa.

Por qué aparece cuando uno ya es grande

El intestino delgado fabrica una enzima llamada lactasa, que es la encargada de partir la lactosa, el azúcar natural de la leche, para que el cuerpo la pueda absorber. En la infancia esa producción suele ser alta, pero con los años puede ir bajando. Cuando la enzima falta o escasea, la lactosa sigue camino entero sin digerir y llega al intestino grueso, donde las bacterias la fermentan. Ahí es donde aparecen los gases, la hinchazón y los cólicos. Y como además arrastra agua hacia adentro, muchas veces se suma diarrea.

Las molestias suelen asomar entre los veinte y los treinta años, aunque también pueden aparecer más tarde, y la herencia pesa más de lo que uno imagina. La condición es más frecuente en personas de ascendencia asiática oriental, nativa americana y africana occidental, y menos común en poblaciones del norte de Europa. Esa diferencia se explica, según los especialistas, por la historia de cada grupo con la producción lechera y el consumo de derivados a lo largo de generaciones.

Cómo se reconoce y qué lo diferencia de la alergia

  • Hinchazón abdominal, dolor, gases y heces blandas o diarrea, que suelen aparecer pocas horas después de tomar leche o comer helado.
  • Tolerancias distintas: a algunas personas les basta un vaso para sentirse mal; otras bancan porciones chicas y solo reaccionan con cantidades grandes.
  • Influyen los alimentos que acompañan la comida y otros problemas digestivos previos, como el síndrome de intestino irritable.
  • La alergia a la leche es otra cosa: involucra al sistema inmune frente a las proteínas lácteas, puede provocar urticaria, vómitos, eccema o dificultad para respirar y suele presentarse en la infancia.

Cómo se confirma y qué se puede hacer

Para llegar a un diagnóstico existe la prueba de hidrógeno espirado: la persona toma una dosis de lactosa y exhala en un dispositivo varias veces durante unas cuatro horas. Si el hidrógeno sube de manera marcada, es señal de que las bacterias fermentaron la lactosa que el intestino no absorbió. Ahora bien, no siempre hace falta llegar a ese estudio: muchas veces alcanza con sacar los lácteos un par de semanas y ver si los síntomas se van.

Cuando las molestias siguen apareciendo pasado ese tiempo, lo razonable es sentarse con un profesional de la salud, ajustar la alimentación y, sobre todo, no descuidar el calcio y otros nutrientes que la leche aporta. Eso es lo que doña María Ester espera ahora, sentada en su cocina de siempre, con la taza a medio servir y la esperanza de encontrar un reemplazo que le permita seguir cumpliendo años sin renegar de la merienda.

RL
Rosana LuceroSociedad y vida

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