Lunes, 28 de septiembre de 2026
Actualidad y noticias, al instante
Portada › Vida ›
Vida /

Dejar los zapatos en la puerta: un gesto chico que puede cambiar el aire que respirás adentro de casa

La suela del calzado arrastra polvo con metales, restos de pesticidas, polen y bacterias desde la vereda hasta el living. Especialistas de Cleveland Clinic explican qué se puede hacer para que esa carga no termine en el piso donde juegan los chicos.

Por Rosana LuceroSociedad y vida · 28 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Acá en Chimbas, como en cualquier barrio de la zona, la costumbre de dejar el calzado en la entrada nunca terminó de instalarse del todo. Muchas familias entran con las zapatillas puestas, cruzan el living, llegan hasta la cocina y recién ahí se sacan los zapatos, si es que se los sacan. Sin embargo, lo que se trae pegado en la suela puede ser bastante más serio que un poco de tierra: hay polvo con metales pesados, restos de pesticidas, polen y bacterias que viajan desde la vereda hasta el piso donde los chicos juegan y se llevan las manos a la boca. Yo me quedé pensando en eso cuando me lo cruzó Irma, vecina de toda la vida del barrio, que me dijo con esa franqueza que la caracteriza: «Yo los dejo en la puerta, pero mi nuera entra con todo puesto, incluso al baño. ¿Qué tanto puede traer un zapato?».

Qué dicen los especialistas y por qué importa

La recomendación viene de lejos y la recogió la Cleveland Clinic, uno de los centros de referencia más importantes de Estados Unidos. La idea central es simple: armar un sector fijo junto al ingreso para dejar el calzado, colocar una alfombra de entrada y limpiar los pisos con métodos húmedos, por ejemplo un trapo húmedo o un mop, en lugar de barrer en seco, que lo único que hace es levantar el polvo y distribuirlo por el aire. Es una manera práctica de cortar el camino que recorren las partículas desde la calle hasta el interior de la casa.

El médico internista Daniel Sullivan, de esa institución, suma un dato útil para los hogares donde alguien necesita apoyo para caminar. Sugiere tener otro par reservado exclusivamente para usar adentro de la vivienda, una opción que brinda estabilidad, soporte y tracción cuando una condición de salud lo requiere. Así, el calzado de la calle queda en la puerta y dentro se usa uno limpio, pensado para no resbalar.

Lo que se trae pegado en la suela

Después de pisar veredas, baños públicos, colectivos o jardines, las suelas cargan tierra, restos orgánicos y sustancias químicas. Entre los compuestos que pueden aparecer figuran los PFAS, sustancias conocidas por su persistencia en el ambiente y en el organismo, además de polvo con plomo y residuos de pesticidas. También puede haber arsénico, cromo y níquel, según un análisis del programa DustSafe que recopiló datos en 35 países.

Ese mismo trabajo observó algo que a muchos les va a sonar: las viviendas más viejas suelen concentrar mayores niveles de plomo y arsénico en el polvo doméstico. Y quienes tienen jardín o acceso a espacios verdes tienden a registrar cifras más altas de esos dos elementos. El contacto con lo verde, además, puede sumar polen y restos de fertilizantes, insecticidas y pesticidas, incluso cuando uno no los aplica en su propio terreno. Para los alérgicos, ese polen que llega adherido al zapato puede convertirse en un dolor de cabeza adentro de la casa.

  • Armar un sector fijo junto al ingreso para dejar el calzado y evitar que circule por el resto de los ambientes.
  • Colocar una alfombra de entrada, que funciona como primer filtro de la suciedad que viene de la vereda.
  • Limpiar los pisos con métodos húmedos, como un trapo rejilla o un mop, en lugar de barrer en seco, que solo levanta el polvo.
  • Tener un par de zapatos reservado para usar exclusivamente adentro, sobre todo cuando alguien necesita mayor estabilidad.
  • Prestar especial atención donde hay bebés y chicos que juegan sobre el suelo y se llevan las manos a la boca.
“El plomo puede dañar el cerebro, el sistema nervioso y otros órganos. El polvo que se desprende de pinturas antiguas deterioradas puede viajar adherido al calzado y terminar adentro de la casa.”Daniel Sullivan, médico internista de Cleveland Clinic

Ahora bien, encontrar microorganismos en los zapatos no significa automáticamente que vaya a haber una infección. La medida apunta a reducir una vía de ingreso de contaminantes, no a eliminarlos por completo. Es como bajar el volumen de la música: el ruido sigue, pero se hace más llevadero. Irma me lo resumió con una frase que me quedó dando vueltas: «No es que uno se vuelva obsesivo, es que uno empieza a mirar el piso con otros ojos». Yo creo que tiene razón. Acá en Chimbas, como en cualquier barrio de Rawson o de la Capital, la próxima vez que alguien cruce la puerta con las zapatillas embarradas, la decisión de dejarlo en la entrada puede ser un gesto chico, pero con un peso enorme para la salud de los que más queremos.

RL
Rosana LuceroSociedad y vida

Te puede interesar