Digger, la sátira de Iñárritu donde Tom Cruise actúa a un magnate que ya no puede respirar sin una mascarilla
El cineasta mexicano vuelve a girar la cámara sobre un Tom Cruise que interpreta a un actor dentro de la propia película, en un relato que cruza crisis climática, dinero y teatro, con Jesse Plemons como el sobrino que sostiene el negocio familiar y la puesta en escena.
A Iñárritu hay que tomárselo en serio aunque uno no entienda del todo lo que está viendo, y Digger no es la excepción: el mexicano vuelve a sacudir la pantalla con una película que mezcla sátira, distopía y mucho teatro, y que tiene a Tom Cruise haciendo algo que pocas veces se le vio: ponerse en la piel de un actor que, a su vez, encarna a un magnate. Así, de entrada, ya jugamos con capas, con espejos y con la pregunta de quién mira a quién, una inquietud que a Iñárritu le encanta dejar dando vueltas en el aire, incomodando al espectador hasta el final de los créditos.
La historia arranca en un mundo devastado por la crisis climática, un lugar donde la gente sale a la calle con mascarillas para poder respirar. En ese contexto aparece la figura de un empresario poderoso, un magnate rodeado de lujo incluso en medio del desastre, cuya vida termina convertida en el centro de una obra de teatro. Y aquí viene la primera gran vuelta de tuerca: poco después del primer acto se revela que lo que estamos viendo en realidad es una puesta en escena, y que el personaje que Tom Cruise interpreta es, en el universo de la película, un actor contratado para darle cuerpo a ese magnate sobre las tablas.
El sobrino que paga la función
Para sostener ese juego de espejos aparece Jesse Plemons, que se pone en la piel del sobrino del magnate, el hombre que en la realidad post apocalíptica mantiene en pie el imperio familiar vendiendo justamente las mascarillas que la población necesita para sobrevivir. Y al mismo tiempo es él quien financia la obra de teatro que reconstruye la vida de su tío. Es un movimiento brillante y a la vez perverso: el negocio que explota la catástrofe es el mismo que paga para que esa catástrofe se vuelva espectáculo, como si el sufrimiento ajeno se pudiera convertir en una temporada de funciones a sala llena.
“Lo que se ve sobre el escenario es la vida del magnate, pero también es lo que su propia familia eligió mostrar para entenderse a sí misma.”lectura posible de Digger
El desenlace de Digger es de los que se quedan pegados al cuerpo. Sobre el escenario se representa la cada y la muerte del magnate, y el público de la obra lo celebra, lo aplaude, como si asistiera a un ritual en el que la destrucción del poderoso fuera casi un espectáculo deportivo. Cuando cae el telón, los espectadores abandonan la sala con sus mascarillas puestas y se mezclan con el mundo exterior, caminando con cuidado de no cruzarse con los controles policiales. Es decir, la frontera entre la ficción y la calle se vuelve un papel muy fino, casi transparente, y la película se encarga de dejarlo en evidencia.
- Protagonista principal: Tom Cruise, como un actor que interpreta a un magnate en una obra de teatro dentro de la propia película.
- Dirección: Alejandro González Iñárritu, que vuelve a trabajar con una estructura no lineal y con capas de meta ficción.
- Elenco destacado: Jesse Plemons, en el rol del sobrino del magnate que sostiene el negocio de las mascarillas y financia la puesta.
- Giro central: a partir del primer acto se revela que lo que se ve es una representación teatral, lo que cambia la lectura de toda la primera parte.
- Cierre: el público celebra la muerte del magnate en escena y luego sale a la calle, todavía con mascarillas, mientras la música mezcla momentos de alivio con cortes abruptos que se extienden hasta los créditos.
Digger todavía no tiene fecha de estreno confirmada en la Argentina, así que por ahora la cita con Iñárritu, Cruise y Plemons hay que anotarla en el calendario internacional y estar atentos a los próximos anuncios de distribución en cines locales, que suelen llegar a pocas semanas del desembarco en las salas de EE. UU. y Europa. A estar pendientes, entonces, porque cuando una película mezcla crisis climática, capitalismo y teatro dentro del teatro, uno sabe que la discusión va a seguir mucho después de que se apaguen las luces de la sala.
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