El equipo de todos arrancó el 2026 con el manual bajo el brazo: la Argentina le ganó 2-0 a Bolivia en Córdoba y se dio el gusto de probar gente nueva
Lautaro Martínez y Nicolás Paz anotaron en el estadio Mario Alberto Kempes, en el primer amistoso después de la final perdida con España. Román Vega debutó como lateral izquierdo y Cristian Romero se calzó la cinta de capitán en su provincia.
Es como volver a abrir la casa después de una mudanza larga: todo parece en su lugar, pero uno no puede evitar revisar dos veces si la cafetera sigue enchufada. La Argentina de Lionel Scaloni salió a la cancha del Mario Alberto Kempes con esa sensación, la de quien quiere sacarse de encima el sabor de la final perdida con España y volver a sentir que el mundo gira como debe girar. Y vaya si lo hizo. Le ganó 2-0 a Bolivia, en un partido que se jugó como se jugaban los partidos de antes, con pelota al medio y a empezar de nuevo.
El primer tiempo fue un ejercicio de paciencia. El seleccionado hizo circular la pelota como quien acomoda los cubiertos antes de comer: prolijo, prolijo, pero sin terminar de cortar el filete. Bolivia, que ya viene de masticar varios disgustos últimamente, se plantó con tres y cinco hombres atrás según el momento, y le cerró los caminos al arco. Lautaro Martínez, el Toro de siempre, fue el primero en meter la cabeza en el horno: presionó, corrió, se peleó con cada que le pusieron adelante. Julián Álvarez, mientras tanto, se corrió hacia las bandas para estirar la defensa, algo así como cuando invitás a alguien a la mesa y le decís 'sentate allá' nomás para que no quede todo amontonado.
Los goles nacieron del pie de Palacios
Exequiel Palacios, que arrancó como si tuviera un manual escondido en la mediasuela, participó en las dos conquistas. La primera fue una jugada de pizzería de barrio: pelota entre los defensores, Alexis Mac Allister que la peinó apenas, y Lautaro que la pidió con la voz y con el cuerpo. El primer control le quedó largo, feo, como cuando se te cae el pan con manteca al piso, pero el segundo fue otro cuento. Remate cruzado, al otro palo, y desahogo. Así, como quien dice 'listo, ya pasó lo peor'.
El segundo gol llegó por el lado de la novela. Román Vega, que debutaba en la selección mayor con la mochila de haber salido de Argentinos Juniors y de haber pasado por Barcelona Atlètic antes de recalar en el Zenit, se mandó una recuperación en campo rival que no se va a olvidar por un rato. Le robó la pelota al rival con la elegancia del que pide permiso para pasar, se la dio a Palacios, y este último habilitó a Nicolás Paz. El mediocampista entró en diagonal, levantó la pelota por encima del arquero cuando este salió a achicarle los espacios, y gritó un gol que vale como una declaración de intenciones. Paz, que viene de ser una de las figuras del mejor torneo europeo reciente, se está ganando un lugarcito en la memoria de los argentinos que miran esto con una lágrima a medio caer.
- La alineación inicial tuvo a Emiliano Martínez en el arco; Nahuel Molina, Cristian Romero, Nicolás Otamendi y Román Vega en defensa; Alexis Mac Allister, Enzo Fernández, Exequiel Palacios, Nicolás Paz y Giuliano Simeone en el mediocampo; y Julián Álvarez junto a Lautaro Martínez en la delantera.
- Cristian Romero llevó la cinta de capitán, en lo que fue una jornada especial para el nacido en la provincia que oficiaba de local.
- Román Vega se convirtió en el primer futbolista del Zenit de San Petersburgo en jugar con la selección mayor, en un puesto donde Argentina venía buscando reemplazos de jerarquía.
- Bolivia llegó a Córdoba después de caer en el repechaje mundialista ante Irak por 2-1, y acumula derrotas en sus últimos cuatro compromisos, incluyendo caídas ante Escocia, Argelia y Paraguay.
La nueva camada empieza a sacar la cabeza
Más allá del resultado, que es lo que siempre miran los que se rien del otro en la oficina al otro día, el partido dejó un par de cosas para anotar con birome. Romero se puso la cinta que dejaron vacía Messi y Otamendi, y la llevó con la tranquilidad del que sabe dónde está parado. Vega, por su parte, le dio una solución a Scaloni en un lateral izquierdo que venía siendo un tema de conversación más larga que la cola del Banco Nación un viernes a las cinco. Gianluca Prestianni también tuvo su rato en cancha, repartiendo juego y haciendo de nexo entre el medio y los de arriba, algo que en este equipo de Scaloni es como enchufar el cable de la luz: si funciona, todo lo demás se prende.
Del otro lado, Bolivia dirigida por Óscar Villegas, sigue penando. Acumuló otra derrota y ya perdió cuatro de los últimos cuatro compromisos, una racha que es como llegar tarde todos los días al colectivo: no te salva ni el mejor chofer del mundo. Los del Pueblo Viejo tendrán que rearmar el ánimo pensando en lo que viene.
Lo que viene para la Scaloneta, que arrancó con el pie derecho este nuevo ciclo, son dos partidos más en el Monumental, frente a Burkina Faso y Benín, antes de que la pelota vuelva a guardarse un rato. Y uno, que es opinativo y no se calla nada, se permite soñar despierto con esta nueva camada. Pero ojo, que todavía falta mucho y el fútbol tiene esa costumbre ingrata de pasarte facturas a la madrugada, sin pedirte permiso. Por ahora, el veranito de Córdoba dejó buena espuma, y el primer round de esta pelea nueva fue para la Argentina. El pronóstico, como siempre, me lo reservo: ya sabe este cronista que errar es un arte, y de ese arte vivimos muchos.
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