El kilo de uva ya se mira en dólares: la escalada del tipo de cambio vuelve a poner en jaque a la producción mendocina
El Banco Nación volvió a romper su propio récord nominal y cerró a $1.535 para la venta minorista, mientras el paralelo cedió cinco pesos. En el campo, el desfasaje entre el precio de la divisa y la inflación acumulada empieza a dejar huella en los costos de cosecha y en los acuerdos con los compradores.
El precio del kilo de uva, esa referencia que en Mendoza se comenta antes que el Boletín Oficial, volvió a quedar esta semana bajo la sombra de una variable que ningún productor puede controlar: el tipo de cambio. En el Banco Nación, la pizarra marcó $1.535 por dólar, un nuevo techo nominal que se suma a cuatro jornadas consecutivas de suba y que ratifica la tendencia que ya venían insinuando los operadores financieros. Para quien mira la cuestión desde la finca, el dato confirma algo que se viene percibiendo desde hace meses: la moneda estadounidense avanza a un ritmo muy distinto al de los precios internos, y esa diferencia se traduce en más costos en pesos, más presión sobre los acuerdos de venta y más incertidumbre a la hora de cerrar números con las bodegas.
Lo concreto de la jornada fue el salto de cinco pesos en la cotización minorista, que llevó al Banco Nación a tocar su valor más alto desde que se tiene registro. En el segmento mayorista, donde operan bancos, exportadores e importadores, la suba fue más moderada: $2,50, hasta los $1.514, con un volumen de operaciones cercano a los 685 millones de dólares. El blue, en cambio, tomó otro rumbo y retrocedió cinco pesos, hasta los $1.555, en un movimiento que, según los analistas consultados, responde más a la dinámica de la plaza informal que a un cambio en las expectativas de fondo.
Lo que dice el mercado y lo que se ve en la finca
El economista Gustavo Ber señaló que el tipo de cambio amaga con volver a ensayar un gradual deslizamiento, y anticipó que las próximas jornadas permitirán evaluar si esa tendencia se consolida. Desde Max Capital, en tanto, remarcaron que los flujos externos provenientes de las exportaciones y de las emisiones corporativas siguen siendo sólidos, lo que mantendría al dólar relativamente estable con ajustes acotados. Un operador del banco BBVA agregó, en diálogo con este portal, que cada uno busca una mejor posición: quienes deben cobrar deuda atada al dólar pretenden recibir más pesos, lo que genera tensiones puntuales en cada rueda.
“Cada uno busca una mejor posición: quienes deben cobrar deuda atada al dólar pretenden recibir más pesos.”Operador del banco BBVA
La diferencia entre lo que pasa en el primer cordón de la city porteña y lo que se vive en una finca de San Martín o de Rivadavia es cada vez más visible. Mientras en los despachos oficiales se discute si la suba del 4,1% en lo que va del año alcanza para morigerar la inflación acumulada del 20%, en las fincas el escenario es otro: los insumos dolarizados —desde los agroquímicos hasta las cajas de cartón para el empaque del Malbec— se recalculan a un tipo de cambio que el productor siente más cercano al blue que al oficial.
- Acuerdo a la baja con el comprador de uva tinta: las bodegas, que reciben dólares por la exportación pero pagan en pesos, ajustan los valores al ritmo de la devaluación, no al de la inflación interna.
- Costos de cosecha en alza: los jornaleros y cuadrilleros, que suelen pactar parte de su pago en moneda dura, terminaron negociando con referencias más altas que las del año pasado.
- Insumos dolarizados que se pagan al día: fitosanitarios, fertilizantes y hasta el gasoil siguen la cotización del paralelo, lo que encarece el costo final por kilo producido.
- Incertidumbre sobre el precio de la uva 2026: productores de Maipú consultados por este medio temen que el desfasaje los deje nuevamente con ingresos por debajo de los costos, como ocurrió en la vendimia anterior.
Mirado en perspectiva, el dólar acumula en agosto una suba de 29 pesos y, desde enero, de 59 pesos. Ese 4,1% anual contrasta con una inflación que ronda el 20%, lo que en términos reales significa que la moneda estadounidense perdió valor respecto de los bienes y servicios que se compran en pesos. Para los ahorristas, el nuevo precio implica que cada billete guardado vale más en pesos que ayer; para quienes necesitan comprar dólares para viajar o importar, el costo en pesos sigue siendo el más alto de la serie.
En el campo, la lectura es menos neutra. El productor que pactó la uva a un precio fijo en pesos y ve cómo los insumos suben al ritmo del blue termina comiendo el ajuste. El que pudo cerrar contratos atados al dólar, en cambio, recibió un pequeño alivio. Lo cierto es que la brecha entre el tipo de cambio oficial y el paralelo —que hoy ronda los $40— se convierte, una vez más, en una transferencia silenciosa de recursos desde quienes producen hacia quienes especulan.
Las próximas jornadas serán clave para saber si la tendencia se consolida o si, como sugieren desde Max Capital, el mercado encuentra un nuevo equilibrio. Mientras tanto, en Mendoza y en el resto de las provincias vitivinícolas, la pregunta que vuelve a sobrevolar las mesas de las cooperativas y de los pequeños productores es la de siempre: cuando la cuenta se cierra en pesos y los costos se miden en dólares, quién paga finalmente la diferencia. Porque el récord nominal del Banco Nación, en el campo, se siente mucho antes de que la pizarra se actualice.
