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Domingo, 4 de octubre de 2026
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El Pirata se llevó la guerra cordobesa y festeja en la casa del clásico rival

Belgrano venció 1-0 a Talleres en el Kempes con un gol de Ramiro Hernández, que entró desde el banco y facturó en la única que tuvo. Los de De Felippe golpearon los palos, pero no pudieron con Vicentini.

Por Facundo YacanteDeportes · · hace 1 h
El Pirata se llevó la guerra cordobesa y festeja en la casa del clásico rival

Hay victorias que saben como ese café de filtro que te tomás un domingo a la mañana: sin azúcar, sin vueltas y con gusto a barrio. La de Belgrano en el Kempes fue de esas. El Pirata se plantó en la casa de la T, aguantó las andanadas del dueño de casa y la liquidó de contra, como en el potrero: una corrida por la izquierda, un centro que nadie pudo empujar y un pibe que recién había pisado la cancha y la metió con el alma. Así se ganan los clásicos, señores. Así se gana el Pueblo Viejo.

La historia la escribió el que menos se esperaba

Ramiro Hernández entró por Francisco González Metilli y, cuando todavía se estaba acomodando el short, ya estaba haciendo el gol del partido. A los 41 del primer tiempo, Talleres se había ido al ataque con todo, dejó espacios y Belgrano los castigó como debe ser: robar, correr y meter. Centro desde la izquierda, Fernández no la pudo enchufar, pero la pelota le quedó servida al ingresado, que la puso contra un palo y desató la locura celeste en la tribuna visitante. El banco de Zielinski, que también metió a Benítez, Longo y Velázquez en el segundo tiempo, le dio el aire que el equipo necesitaba. Y de aire a gol, hay una sola distancia.

Mientras tanto, en la vereda de enfrente, la T de De Felippe se topó con una de las leyes más viejas del fútbol: el que no la hace, la ve. Pegó dos veces en los palos, se encontró con un Manuel Vicentini que se disfrazó de muralla y encima tuvo la mala leche de chocar contra un pibe de 17 años, Giovani Baroni, que ni siquiera había terminado de entrar cuando le puso un tiro libre al travesaño que todavía está vibrando. Rick también había hecho temblar el palo con un zurdazo de que se recuerdan. Diego Valoyes cabeceó con el arco libre después de que Vicentini saliera lejos y la mandó a la tribuna. Increíble, pero real. Así es el fútbol, amigos.

Los otros que dejaron su huella

Antes del gol, Belgrano ya había avisado. Lucas Zelarayán cabeceó por encima del travesaño después de un córner, Passerini la tiró alta en una corrida que pintaba para gol y hasta un error de Román Riquelme les dejó la pelota servida a los de celeste, aunque Unsain llegó a salvar lo que era el segundo. Después del tanto, el propio Zelarayán tomó la pelota desde el borde del área, sacó un derechazo que se besó con el palo y se fue caminando por la línea de cal para hacer soñar al Pirata con un segundo que nunca llegó. No hizo falta. La victoria ya estaba en la bolsa.

Talleres, de local, con su gente, con la obligación y con la historia encima, no pudo contra un equipo que se paró con la paciencia de un pescador y que tuvo en su arquero a la figura excluyente de la tarde. Belgrano se vuelve a Alberdi con tres puntos que valen seis. El clásico, otra vez, es celeste. Y hasta la próxima me reservo el derecho de errar: cuidado, Piratas, que en el fútbol, como en la vida, la euforia de hoy puede ser el cachetazo de mañana.

FY

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