El reloj del serbio: Djokovic se quedó sin aire en Shanghái y ahora depende de un milagro en París
Hurkacz lo barrió en una hora y media, sin misterio ni piedad. A los 39 años, el diezmacedo ya no tiene margen: si quiere estar en el Torneo de Maestros, le toca ganar en la capital francesa casi con lo puesto.
Digamos que a Novak Djokovic le pasó lo que le pasa a cualquiera cuando arranca la semana con la guardia baja: se confunde, se confía y termina pagando el café. El serbio aterrizó en Shanghái con el pecho inflado después de levantar el ATP 500 de Pekín, su título número 102 y el número doce en China, un lugar al que parece haberle agarrado la mano como pocos en el circuito. Pero la resaca del trofeo le duró lo que dura un suspiro.
Porque enfrente no tenía a un rival cualquiera: estaba Hubert Hurkacz, un polaco que vive del servicio como otros viven del aire. El gigante europeo le borró el camino al diezmacedo con una autoridad que asustó: 6-4 y 6-3 en poco más de una hora y media. Ni siquiera le dio tiempo a Nole a acomodarse en la cancha. El primer set se lo llevó de entrada, marcando los tiempos como un director de orquesta, y en el segundo la a su antojo. El serbio se fue moviendo con incomodidades, encogido, sin el resto punzante que lo hizo leyenda. En Shanghái, el de Belgrado se topó con la pared y se quedó en el debut.
La carrera hacia Turín, cada vez más cuesta arriba
Y acá es donde la cosa se pone espesa para el veterano. Las ATP Finals, el Torneo de Maestros que reúne a las ocho mejores raquetas del año, ya tiene a dos inquilinos con la llave en el bolsillo: Alexander Zverev y Carlos Alcaraz. Djokovic necesita sumar muchos puntos y rápido para no quedar mirando el torneo por televisión. Le queda una sola bala: el Masters 1000 de París, el último de la categoría, que arranca en los primeros días de noviembre. Es ahora o nunca, literalmente.
- Sumar una buena cantidad de puntos en París-Bercy para meterse entre los ocho del año.
- Seguir mostrando un nivel físico que en Shanghái quedó en duda, con molestias que aparecieron sin aviso.
- Competir con una generación que ya no le tiene miedo: Alcaraz, Sinner y compañía le pisan los talones.
- A los 39 años, aceitar la muñeca y la cabeza para soportar la presión de jugar por la clasificación.
La fragilidad del campeón eterno
Mirá, no descubro nada si digo que Djokovic sigue siendo un fenómeno. Pero también es honesto marcar lo que se ve: el título en Pekín fue el primero en once meses, una señal de que la capacidad está, sí, pero también de que la constancia semana a semana se le escapa. El circuito actual no perdona una: si te desconcentrás un partido, te sacan a volar. Y a Nole lo acaban de sacar a volar en China, apenas una semana después de haber sido rey.
¿Podrá Djokovic forzar la clasificación en París y plantarse en el Torneo de Maestros? Yo tengo mis dudas, y esta vez no me las guardo. El reloj corre, el cuerpo le pide pausa y la tabla está apretada. Si quiere seguir estirando el método, va a tener que sacar un tenis que en Shanghái no apareció. Pronóstico reservado, como siempre: el derecho a errar es lo único que me sostiene en estas lides. Veremos qué dice la cancha de Bercy.
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