El vaso que se llena: cuando la histamina explica malestares que parecían no tener conexión
Migrañas, panza hinchada, mal dormir y ansiedad pueden compartir un mismo origen silencioso. El genetista Jorge Dotto propone mirar la histamina como hilo conductor de síntomas que suelen estudiarse por separado.
Acá en Chimbas me lo crucé a un vecino la semana pasada y me dijo, casi como confesión: «Yo no sé qué tengo, me duele la cabeza, no duermo bien y la panza la tengo hecha un desastre, pero cada médico me dice una cosa distinta». Le dije que prestara atención, porque lo que él describe -y que mucha gente repite en la mesa familiar- puede tener más en común de lo que parece. Y el hilo que une todo eso se llama histamina.
La histamina es una sustancia que el propio cuerpo fabrica y que también entra cuando uno come. Participa en el estado de alerta, en el hambre y la saciedad, en la memoria, en la producción de ácido en el estómago, en los movimientos del intestino y hasta en el ritmo del corazón. Cuando el sistema inmune detecta una amenaza, se activa de golpe y aparecen los síntomas clásicos: picazón, sarpullido, estornudos. Eso lo sabe cualquiera que pasó una primavera con alergia.
Cuando el vaso se desborda
El problema no es la histamina en sí, que cumple funciones necesarias. El problema aparece cuando se acumula más de lo que el cuerpo alcanza a eliminar. El médico genetista Jorge Dotto lo explica con una imagen que se entiende rápido: «Acumulo, acumulo, acumulo y exploto, porque no puedo sacar el tapón». El vaso se va llenando con lo que se come, con el estrés del día a día, con el ejercicio intenso o con los cambios hormonales. Mientras no rebalsa, no pasa nada. Cuando rebalsa, aparecen las reacciones.
“No todos reaccionamos de la misma manera a las mismas sustancias químicas.”Jorge Dotto, médico genetista
Los alimentos que más cargan el vaso son los quesos curados, los embutidos, el vino tinto, el chocolate, el tomate, la palta y algunos pescados. Pero la dosis importa tanto como el alimento: hay gente que tolera el tomate cherry y reacciona al tomate común, o que un pedacito de queso no le hace nada pero dos ya le desatan el dolor de cabeza. Por eso no sirve hacer listas únicas de «lo que hay que sacar de la mesa».
Por qué en una misma familia aparecen síntomas distintos
- Uno tiene migrañas frecuentes.
- Otro vive con la panza hinchada.
- Alguien duerme mal desde hace años.
- Una hija tuvo problemas respiratorios de chica.
Lo que Dotto ve en el consultorio es que ese mosaico familiar no es casualidad. La información genética que cada uno hereda determina cómo procesa determinadas sustancias, y eso se expresa de manera distinta según la alimentación y el entorno. Él cuenta el caso de dos hermanas gemelas con síntomas diferentes pese a compartir casi todo el ADN: la diferencia estaba en lo que cada una comía y en factores de la vida cotidiana. «Que aparezcan intolerancias en una misma familia es lo esperable, no la excepción», afirma.
En las mujeres, además, entran en juego las hormonas. La relación entre los estrógenos y la histamina puede hacer que ciertos síntomas cambien a lo largo del mes o con las distintas etapas de la vida, algo que muchas pacientes intuyen pero pocas veces escuchan nombrado en el consultorio. Por eso, dice Dotto, entender cómo funciona esta sustancia ayuda a leer mejor señales que el cuerpo viene dando hace tiempo y que suelen estudiarse por separado, como si fueran males distintos, cuando a veces son distintas caras de un mismo vaso lleno.
Yo no soy médica, ni genetista, ni nutricionista. Pero después de escucharlo a Dotto me quedó dando vueltas una idea que vale la pena repetir: a veces el cuerpo no nos está avisando cosas nuevas, sino que nos está mostrando con distinto disfraz un mismo problema viejo. Y a veces la respuesta no está en un remedio nuevo para cada síntoma, sino en animarse a mirar el vaso entero.
