Espírito Santo, ese tramo de Brasil que muchos argentinos todavía no se animaron a conocer
Entre Rio y Bahía hay un estado con playas tranquilas, una roca que cambia de color según la hora y sierras con café de especialidad. Te cuento por qué vale la pena sumarlo a la lista, y cómo se llega desde acá con una sola conexión.
Te lo resumo desde el arranque, como si lo estuviéramos charlando en un café de acá en Chimbas: a Espírito Santo lo tienen todos en la punta de la lengua cuando se habla de Rio o de Bahía, y sin embargo queda en el medio, casi de reparto. Y eso, que parece un olvido, termina siendo su mejor ventaja: playas amplias y sin la masividad del litoral carioca, una gastronomía con identidad propia y, apenas una hora hacia adentro, un paisaje de sierras, haciendas cafeteras y una roca que cambia de color según la hora del día. Para el lector de 40 a 60 años que ya conoce el nordeste o el tramo paulista, es ese destino que completa la postal brasileña sin pedir visa ni una logística imposible.
La costa: playas para quedarse una semana sin apuro
El estado está en el Sudeste, limita con Bahía, Minas Gerais y Rio de Janeiro, y tiene como capital a Vitória, una ciudad chica que mira al mar. Del otro lado del puente, casi pegada, está Vila Velha, que es donde realmente se concentra la oferta costera: arenas anchas, oleaje moderado y un movimiento turístico mucho más respirado que el de las playas famosas del sur de Brasil. Si te imaginás las playas saturadas de imagen, lo que vas a encontrar acá es otra cosa: familias locales, pescadores trabajando y una rambla donde el ritmo lo marca la marea, no el contingente.
La sierra: una roca que cambia de color y agroturismo de verdad
A una hora de la zona metropolitana el paisaje se corta de golpe. El termómetro baja, el verde se espesa y aparece la figura de Pedra Azul, una formación rocosa que es, literalmente, la postal del estado. Lo curioso es que no tiene un solo color: a la mañana se ve verde, al mediodía tira a azul intenso y al atardecer se enciende en naranja, todo por un fenómeno óptico que depende de cómo le pega la luz del sol. Es el tipo de detalle que hace que cada visita sea distinta aunque saques la misma foto. Alrededor, el circuito serrano suma lavandarios en flor, haciendas con historia y productores de quesos, embutidos artesanales y palmitos frescos. El agroturismo está consolidado hace años, con recorridos que terminan en degustación y en la posibilidad de comprarle directo al productor: una experiencia que acá, en este lado de la frontera, todavía suena a novedad.
La cocina capixaba: una moqueca con reglas propias
Y después está la mesa, que es donde Espírito Santo se planta con personalidad. El plato central es la moqueca capixaba, que no es la misma que la bahiana: acá no se usa aceite de palma ni leche de coco, sino una cocción más limpia a base de pescado, tomates, cebollas y hierbas naturales, todo llevado a punto en cazuela de barro. Rafael Granvilla Oliveira, gerente de Promoción y Marketing Turístico del estado, la define como "una preparación ligera y saludable", y la verdad es que la descripción le queda corta: tiene sabor, pero también tiene peso cultural, porque cada familia la ajusta a su manera y eso la convierte en una receta viva. Si te gusta la gastronomía con raíz, este es un motivo suficiente para armar la valija.
- Vuelo desde Buenos Aires a Rio de Janeiro o São Paulo, y conexión a Vitória: unos 45 minutos desde Rio y poco más de una hora desde São Paulo.
- Si preferís ruta terrestre desde Rio de Janeiro, son unas ocho horas por la carretera costera, con paradas que bien valen el viaje.
- En la sierra, no te pierdas Pedra Azul ni los circuitos de haciendas cafeteras con degustación de quesos y embutidos.
- Reservá al menos una noche en Vila Velha para arrancar la visita por la costa antes de subir a la montaña.
En lo personal, lo que más me seduce de Espírito Santo es esa combinación rara: un destino con mar y con sierra en el mismo viaje, con una cocina que se planta frente a la del vecino bahiano sin copiarlo, y con una logística que, viniendo desde Argentina, no pide más que una conexión corta. Me da la sensación de que es de esos lugares que, cuando volvés, decís "qué bien que lo hice antes de que se llenara". Y ese es justamente el momento, porque todavía se viaja sin las multitudes del Nordeste ni los precios inflados de Rio. Contame en los comentarios si ya fuiste o si te tienta sumarlo: a mí me interesa saber qué parte del destino te llama más, porque cada vez que lo investigo aparece un motivo nuevo para volver.
