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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Jim Henson: el titiritero que nunca dejó morir al niño que llevaba adentro y cambió la historia de la tele para siempre

Creador de los Muppets, figura clave en Barrio Sésamo y Fraggle Rock, murió a los 53 años pero dejó una filosofía de vida y de oficio que todavía se siente en cada pantalla. Un recorrido por sus principios, su método y su legado, en una nota que homenajea al hombre que le enseñó a varias generaciones que reírse de lo absurdo también es una forma de entenderse.

Por Emilio BravoCultura y espectáculos · · hace 3 d
Jim Henson: el titiritero que nunca dejó morir al niño que llevaba adentro y cambió la historia de la tele para siempre

«La gente más sofisticada que conozco son todos niños por dentro», decía Jim Henson, y esa frase bien podría ser la llave maestra para entrar en un mundo que sigue tan vivo como cuando él lo imaginaba, porque lo cierto es que si hay alguien que entendió de qué se trata eso de no dejar morir al pibe que uno lleva adentro, ese fue justamente el hombre que a los diecisiete se subió por primera vez a un escenario con un títere en la mano y al que tres semanas después le bajaron el telón del programa infantil en el que participaba, algo que por entonces parecía un papelón y que con el correr del tiempo terminó siendo el primer paso de una carrera que muy pocos han podido igualar en la historia de la televisión, porque a partir de esa frustración inicial Henson construyó, junto a Jane Nebel, con quien después se casó, el show Sam and Friends, que fue el laboratorio donde se empezaron a gestar las criaturas que después conquistarían el planeta entero.

Sam and Friends: el comienzo de todo

Hay que situarse en aquel Estados Unidos de mediados de los cincuenta para entender el contexto en el que este muchacho, que todavía ni siquiera había terminado de formarse como titiritero, empezó a probar de qué manera se podía hacer televisión para los más chicos sin caer en la ñoñez ni en el aburrimiento, porque Sam and Friends era un programa de apenas cinco minutos que se emitía antes del noticiero de la noche en Washington y que ya tenía en su ADN algo que después sería marca registrada de la casa: un humor absurdo, descontracturado, con personajes que parecían sacados de una conversación de café pero que al mismo tiempo tenían una profundidad que los hacía queribles, algo que en definitiva era el reflejo de lo que Henson después llevaría a la pantalla grande con los Muppets y que ya desde entonces mostraba que para este hombre la risa no era un fin en sí mismo sino más bien una herramienta para poner las cosas en perspectiva, una filosofía que él mismo resumió con una frase que quedó para la historia: «Absurdo es tomar lo que es realmente la vida y llevarlo a una abstracción que la gente reconozca», y vaya si esa definición no le pega de lleno a la rana Gustavo, a la Cerdita Peggy o a todos esos personajes tan disímiles entre sí que sin embargo comparten una lógica común que es la de reírse de lo humano a través de lo desmesurado.

“Absurdo es tomar lo que es realmente la vida y llevarlo a una abstracción que la gente reconozca.”Jim Henson

Yo siempre he tenido oportunidad de charlar con gente que se crió mirando Barrio Sésamo y Fraggle Rock y lo que más me llama la atención es que todos, sin excepción, recuerdan algún momento puntual que los marcó, una escena, un chiste, un personaje, y eso habla muy bien de un tipo de televisión que no se proponía dar lecciones morales sino más bien abrir cabezas, porque Henson tenía muy claro que los chicos no son tontos y que los adultos tampoco lo son tanto, así que su apuesta fue siempre la de hacer un producto que funcionara para ambos públicos sin necesidad de subestimar a ninguno, y la prueba más contundente de que esa estrategia fue un éxito rotundo es que varias de sus criaturas fueron después incorporadas al catálogo de Disney, que no es precisamente una empresa que se caracterice por comprar cualquier cosa, sino más bien por adquirir aquellas propiedades que tienen un valor cultural probado y una capacidad de generar ingresos a largo plazo.

  • Empezó como titiritero a los 17 años en un programa infantil que duró apenas tres semanas en pantalla.
  • Junto a Jane Nebel, su futura esposa, creó Sam and Friends, el show que sería el embrión de los Muppets.
  • Fue el creador de los Muppets y figura clave en Barrio Sésamo y Fraggle Rock, entre otras producciones.
  • Murió en mayo de 1990, a los 53 años, a causa de un choque tóxico originado por una infección bacteriana.
  • Su legado quedó consolidado cuando Disney incorporó décadas después a su catálogo las franquicias y personajes que él había ideado.
  • Dejó una filosofía de trabajo basada en no dejar morir al niño interior y en usar el absurdo como una forma de acercarse a la realidad.

Ahora bien, lo que a mí más me interesa rescatar de toda esta historia no son los datos fríos ni las cifras de audiencia, sino más bien la humanidad que había detrás de un tipo que se la pasaba rodeado de personajes de trapo y de felpa pero que al mismo tiempo era un observador muy agudo de la condición humana, porque cuando uno relee sus frases más célebres se da cuenta de que estaba hablando de cuestiones que van mucho más allá del entretenimiento, como por ejemplo cuando decía que «los personajes más interesantes que he creado tienen una fijación o un rasgo que podés exagerar», y que «en lo que exagerás, se vuelve divertido y la gente ve ese rasgo en sí mismos», porque esa es justamente la clave de por qué sus personajes siguen funcionando tantos años después de su muerte, ya que no son arquetipos vacíos sino más bien exageraciones de cosas que todos llevamos adentro, y eso los hace infinitamente más cercanos que cualquier otro recurso narrativo.

El método Henson

Lo que yo rescato del método de trabajo de este hombre es que él nunca le bajó el precio a la inteligencia del público, ni siquiera cuando ese público eran niños de tres o cuatro años, y eso se nota mucho en el nivel de las producciones que salieron de su estudio, porque Barrio Sésamo no era un programa para bajar líneas ni para impartir lecciones morales con dedito acusador, sino más bien un espacio donde los chicos podían reconocerse en personajes que se equivocaban, que se reían de sí mismos, que aprendían jugando, y eso es algo que en la televisión actual, salvo honrosas excepciones, se ha perdido bastante, porque hoy parece que todo tiene que estar calculado al segundo y medido en términos de rating, cuando en realidad lo que hizo Henson durante décadas fue justamente lo contrario: tomarse su tiempo, probar, equivocarse, volver a probar, y confiar en que la audiencia iba a conectarse con esos personajes si estaban bien construidos, y el resultado está a la vista, porque las franquicias que él creó siguen vigentes y siguen generando productos nuevos, así que algo habrá hecho bien este muchacho.

La pregunta que queda dando vueltas, y que a mí me parece que vale la pena formularse en voz alta, es hasta qué punto el humor absurdo y la ternura siguen siendo una combinación viable en la televisión que se hace hoy, o si el formato que Henson construyó ya no tiene un equivalente en las pantallas actuales, porque lo cierto es que cuesta encontrar hoy algún producto que tenga esa misma capacidad de funcionar en múltiples niveles y de hablarle a distintas generaciones al mismo tiempo, y eso es algo que a mí, particularmente, me da un poco de pena, porque uno quisiera pensar que siempre va a haber algún tipo como Henson, con un títere en la mano y una filosofía de vida tan bonita como la de no dejar morir nunca al niño que uno lleva adentro, pero bueno, habrá que ver qué pasa con los que vienen, aunque la vara, claramente, quedó muy alta.

EB
Emilio BravoCultura y espectáculos

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