La capillita alpina que un príncipe alemán levantó entre las lengas de Meliquina y que casi nadie conoce
A 40 kilómetros de San Martín de los Andes, sobre la ruta hacia Paso Córdoba, una pequeña capilla de influencia europea se esconde entre los bosques y se convirtió en una de las paradas menos transitadas del Camino de la Fe neuquino.
Acá en Villa Lago Meliquina, cuando uno va dejando atrás los últimos tramos de ripio y las lengas empiezan a cerrar el camino con su sombra, aparece de golpe una silueta que no pinta ser de acá. Es una capillita de madera, con techos bien inclinados y líneas simples, como si la hubieran bajado de un pueblo de los Alpes y la hubieran plantado en medio del bosque patagónico. Yo la vi por primera vez un domingo a la tarde, cuando volvía de caminar la playa del lago, y me quedé un rato largo mirándola desde el alambrado, porque la sensación es extraña: parece un pequeño milagro de orden metido en un paisaje que, por naturaleza, es bastante salvaje.
La historia que cuenta la gente del lugar es bastante particular. El templo, conocido como Capilla San Jorge, fue impulsado por Georg von Waldburg-Zeil, un príncipe alemán que era dueño de la histórica Estancia San Jorge en la zona. Según reconstruyen los vecinos, el noble solía bajar hasta San Martín de los Andes para participar de las celebraciones religiosas en la ciudad y, cansado de hacer ese viaje, decidió construir su propia capilla dentro de sus tierras. Y no quedó solo en eso: desde Alemania mandó pagar el sistema de campanas electrónicas de la Parroquia San José de la localidad, un dato que los más viejos todavía recuerdan con algo de orgullo. La capillita de Meliquina terminó siendo, con los años, su legado más visible.
Fe, propiedad privada y un cementerio chico al lado
Hay que ser francos con el visitante: la capilla está dentro de una propiedad privada y, por eso, las misas y las celebraciones abiertas son más bien esporádicas. El templo depende de la Parroquia Nuestra Señora de la Vega, de San Martín de los Andes, y no tiene un calendario estable de aperturas. Aun así, acercarse, caminar por el perímetro y detenerse junto al pequeño cementerio rural que la acompaña es una parada que, para mí, vale el desvío. Hay algo de esa mezcla de madera, bosque y cruces simples que te ordena un poco la cabeza.
Adriana, que atiende un kiosco a la entrada de la villa y vive en el barrio del lago desde hace más de veinte años, me lo resumió con una frase que me quedó dando vueltas: "Mirá, la capillita la hizo un príncipe, eso ya te dice todo. Acá la gente la cuida como puede, y cuando abren las puertas para una misa, va hasta el que no es creyente, porque el lugar tiene una energía especial". La descripción coincide con lo que repiten los guías y con lo que se ve: un punto de fe pequeño pero muy querido en el pueblo.
Una pieza menos conocida del Camino de la Fe
La capilla forma parte del Camino de la Fe neuquino, un recorrido de más de 800 kilómetros que se extiende desde Ailinco, en el norte de la provincia, hasta Villa La Angostura, en el sur, y que va enlazando capillas, iglesias y sitios ligados a distintas expresiones religiosas. San Jorge es uno de los tramos menos conocidos de ese trayecto, precisamente por su escala chica y por estar escondida entre los árboles, casi como pidiendo permiso para ser visitada.
Qué hacer cerca, además de mirar la capilla
Conocer la capillita puede ser el arranque de una jornada mucho más amplia por la zona. El lago Meliquina ofrece playas de arena y de piedra, aguas transparentes y un montón de actividades para quienes gustan de moverse en el agua. En los alrededores también hay opciones para caminar, pedalear y pescar cuando llega la temporada. Para hacerse una idea rápida, vale la pena tener a mano esta lista:
- Lago Meliquina: playas de arena y piedra, kayak, stand up paddle, kitesurf y windsurf.
- Mirador Cuatro Encantos y La Puntilla: vistas abiertas sobre el lago, la villa y las montañas.
- Río Caleufú: pozones y rápidos para disfrutar en una jornada de calor.
- Lago Filo Hua Hum: otro espejo de agua cercano, ideal para una escapada corta.
- Camino a Paso Córdoba: bosques, formaciones rocosas y varios puntos panorámicos.
- Senderismo, mountain bike y pesca deportiva durante la temporada habilitada.
Al final del día, lo que uno termina buscando en Meliquina es un poco de eso: silencio, bosque y la sensación de estar en un lugar donde todavía quedan historias como la de un príncipe alemán que cruzó medio mundo para terminar construyendo una capillita entre las lengas. No es un destino de grandes estructuras ni de multitudes, y tal vez por eso funciona tan bien. Si el tiempo lo permite, el plan es ese: llegar temprano, caminar despacio, mirar la capilla desde afuera, quedarse en el lago hasta que se ponga el sol y, después, recién volver a la ruta, con la cabeza un poco más ordenada que como se había arrancado la mañana. Rosana Lucero, Sociedad y vida.
