La cuenta de la vieja que te ahorra el papelito en la heladera: 2-2-2 y a la sartén
Dos huevos, dos tazas de harina y dos tazas de leche: la fórmula que destierra el grupo de WhatsApp con la receta de la abuela y deja la masa lista para el dulce de leche, los canelones o lo que se te ocurra.
Hay una sensación que todos reconocemos: abrir la heladera, sacar los huevos y caer en la duda existencial de cuántos van por taza de harina. Es como cuando uno va a cargar nafta y no sabe si meter cien o terminar el tanque. Resulta que para los panqueques hay una cuenta tan simple que cabe en la cabeza: dos huevos, dos tazas de harina y dos tazas de leche. Sí, tres doses. Nada más. Esa es la fórmula 2-2-2 que promete terminar con el papelito pegado en la heladera con la receta que alguien mandó en 2017.
Una masa neutra, como buen camaleón
Lo más interesante de esta proporción es que la masa no tiene azúcar ni nada que la incline para un lado. Es neutra, como un mediocampista central sin demasiado vértigo pero siempre bien parado. Eso la vuelve una todoterreno: sirve para el clásico panqueque con dulce de leche, pero también para canelones, torres saladas o lo que al cocinero se le ocurra a las once de la noche con lo que queda en la heladera.
La clave está en medir harina y leche con el mismo recipiente, una taza de las de café con leche. Si los secos y los líquidos se miden igual, la proporción se sostiene sola y no hay que sacar la calculadora ni consultar la balanza. A esos tres ingredientes se suman apenas una pizca de sal y un poco de manteca o aceite para aceitar la sartén. Nada más. Lo demás sobra.
La consistencia manda, la receta calla
Acá viene lo que separa al que cocina del que improvisa: la consistencia. La mezcla tiene que quedar fluida pero con cuerpo, de esas que al volcarla en la sartén caliente se distribuyen solas cuando uno inclina el recipiente. Si quedó espesa, un chorrito de leche la acomoda. Si quedó flaca y los panqueques se rompen como promesa de campaña, una cucharada de harina la endereza.
Para evitar grumos, el truco es no volcar toda la leche de entrada. Se mezcla primero una parte con los huevos y la harina hasta conseguir una pasta lisa y, después, el resto se agrega de a poco. Si igual aparecen grumos rebeldes, se cuela la mezcla antes de llevarla al fuego y listo, problema resuelto sin necesidad de pedirle consejo al vecino.
- Dos huevos, dos tazas de harina y dos tazas de leche: la base.
- Una pizca de sal y manteca o aceite para la sartén.
- Leche en dos pasos para evitar grumos.
- Quince a treinta minutos de reposo antes de cocinar.
- Sartén bien caliente y dar vuelta cuando los bordes se desprendan solos.
El fuego y la sartén, esos viejos conocidos
La temperatura es otra de esas cosas que parece un detalle y termina siendo el partido entero. Si la sartén está fría, el panqueque se chupa toda la grasa y se pega como político a la banca. Con una antiadherente en buen estado alcanza con engrasar antes del primero y después nada más. El momento justo para darlo vuelta es cuando los bordes se ven sequitos y empiezan a despegarse solos; apurarlo es garantía de rotura.
Y un consejo que vale oro: si el primero sale mal, no hay que entrar en crisis. Sirve para calibrar el fuego y la cantidad de masa por tanda. Con el segundo ya estás jugando en primera división. El tercero, para el diez. Y así.
Con estas proporciones salen unas dieciséis unidades, que equivalen a unas ocho porciones. Alcanza para una mesa familiar o para dejar a todos conformes un domingo a la tarde. Del relleno se encarga cada uno: dulce de leche, banana, frutillas, miel, crema o chocolate para los golosos; espinaca, ricotta, pollo o verdura para los que se sientan a la mesa con cara de que la dieta arrancó mañana.
“La fórmula 2-2-2 es de esas cosas simples que uno se pregunta por qué no le enseñaron antes. Dos, dos y dos. Anotado en la cabeza y a cocinar.”Facundo Yacante, Deportes
Mi pronóstico, con el derecho a errar que me reservo: este fin de semana la harina va a faltar en la dietética del barrio. Porque si hay algo más argentino que mirar un superclásico, es comer panqueques con dulce de lento mientras alguien cuenta el resultado del partido. Y con esta receta, no hace falta ni el grupo de la familia ni el mensaje de audio de la tía Marta. Dos huevos, dos tazas, dos tazas. A la sartén y que sea lo que tenga que ser.
