La huerta se defiende sola: recetas de abuela con ortiga, ajo y naranja que espantan plagas sin química
El INTA difunde preparados caseros para hacerles frente a pulgones, hongos y ácaros en el jardín. Recipientes de plástico, macerados a la sombra y un colado fino: la clave para que el rociador no se tape a la primera de cambio.
Acá en Chimbas, apenas el sol pega de lleno sobre el alambrado del fondo, la señora Marta abre la canilla del tanque, llena un balde de plástico y se calza los guantes de goma para arrancar de cuajo los manojos de ortiga que crecen contra la medianera. No los tira: los mete en el balde con agua, los tapa con un trapo y los deja ahí, en el patio, durante una semana y media. Cada mañana revuelve el mejunje con un palo de escoba hasta que un día, simplemente, dejan de subir burbujitas a la superficie. Lo que tiene entre manos es un purín fermentado, uno de los preparados caseros que el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) recomienda para defender la huerta y el jardín de plagas sin echar mano a productos químicos. Y lo mejor, me cuenta mientras señala las tomateras, es que sale casi sin gastar un peso.
Por qué en primavera y verano la cosa se complica
Lo que me explican los técnicos del organismo es que el calendario tiene bastante que ver con la aparición de cada problema. Cuando llegan los meses templados, el calor se cruza con la humedad y se genera el combo ideal para que los hongos campen a sus anchas sobre hojas y tallos. Más adelante, en verano, el ambiente se seca, los insectos y los ácaros se multiplican porque, encima, encuentran más frutos disponibles para alimentarse. Por eso la prevención arranca temprano y se sostiene durante toda la estación.
Las tres reglas que hay que respetar antes de empezar
- Usar siempre recipientes de plástico, vidrio o cerámica. Los metálicos pueden liberar elementos tóxicos para la planta y arruinar el preparado.
- Preparar los macerados en un lugar ventilado y sin luz solar directa, para que la fermentación se controle y no se pierdan las propiedades del líquido.
- Colar muy bien antes de pulverizar: cualquier resto sólido termina tapando la boquilla del rociador y arruinando la aplicación.
Antes que nada, una aclaración que me parece importante y que la gente a veces se saltea: estos preparados no vienen a reemplazar a los productos químicos cuando el ataque es severo, pero funcionan muy bien como prevención y en los primeros estadios del problema. La idea es tenerlos listos antes de que la plaga se instale, no correr detrás del daño cuando ya se ve a simple vista.
Las recetas que recomienda el INTA, paso por paso
La vedette de los preparados es el purín de ortiga, que se consigue con un kilo de ortiga fresca (o entre 100 y 200 gramos si la conseguimos ya seca) en diez litros de agua. Se deja fermentar a la sombra entre 7 y 12 días, revolviendo a diario hasta que desaparezcan las burbujas. Antes de aplicarlo se diluye en la misma cantidad de agua. Controla pulgones y hongos, y de yapa aporta nutrientes al suelo. Eso sí: la ortiga se manipula siempre con guantes, porque sino la piel lo recuerda varios días.
Para los casos más bravos aparece el macerado concentrado de ajo con alcohol: se licúa una cabeza entera de ajo con medio litro de agua y medio litro de alcohol, se deja siete días en la heladera, se filtra y, al momento de usar, se diluyen 100 mililitros por cada litro de agua con un poquito de jabón blanco neutro como adherente. Actúa contra ácaros, pulgones, mosca blanca, orugas y hongos, y el olor que queda en el jardín es bastante llevadero.
Y para quienesprefieran opciones más simples, el instituto rescata otras tres preparaciones exprés: hervir la cáscara de una naranja en medio litro de agua durante diez minutos para pulgones y cochinillas, dejar reposar dos o tres cebollas medianas en agua hirviente durante hasta 48 horas contra pulgones y hongos, o preparar una infusión de ruda y salvia en proporciones iguales para controlar pulgones sin necesidad de fermentar nada. En todos los casos conviene aplicar el líquido en las horas frescas del día y repetir cada cinco o siete días hasta ver que la plaga afloja. Lo que uno espera, en definitiva, es volver a mirar el jardín y que las plantas se vean sanas, verdes y sin un solo bichito a la vista.
