La línea que separa al 10% más rico del resto arrancó en 3,9 millones de pesos por familia
Según la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC, en el segundo trimestre de 2026 una familia necesitó reunir al menos ese ingreso total familiar para entrar en el decil superior, cuyo promedio llegó a 6.057.098 pesos mensuales. El promedio general, en tanto, se ubicó en 2.037.784 pesos.
El INDEC publicó los datos de la Encuesta Permanente de Hogares correspondientes al segundo trimestre de 2026 y la fotografía que dejó es tan reveladora como incómoda: para que un hogar forme parte del 10% de mayores ingresos en los 31 aglomerados urbanos relevados, el ingreso total familiar tuvo que ubicarse en 3.900.000 pesos mensuales o más. Esa cifra, que representa apenas el umbral de entrada, contrasta con un promedio general de 2.037.784 pesos y muestra, de un solo vistazo, la distancia que separa a las familias argentinas en la cima de la pirámide de las que se encuentran en el medio de la distribución.
Dentro de ese segmento más alto, además, las diferencias internas son enormes: el rango se extiende desde los 3.900.000 pesos hasta los 75.000.000 pesos, con una media de 6.057.098 pesos. En otras palabras, compartir el mismo decil no significa compartir la misma realidad económica, y la amplitud del tramo confirma que la categoría agrupa situaciones muy dispares, desde familias profesionales con dos sueldos hasta hogares con patrimonios y rentas que multiplican varias veces esa media.
Composición del ingreso y tamaño del hogar
El origen de los recursos cambia de manera marcada a lo largo de la escala. En el conjunto de los hogares relevados, el trabajo aportó el 78,1% de los ingresos y las fuentes no laborales, como jubilaciones, pensiones, subsidios y otras ayudas, explicaron el 21,9% restante. Entre las familias del segmento superior, la participación de los ingresos laborales trepó al 86,6%, lo que muestra que, aun arriba, la mayor parte del dinero entra por actividad productiva y no por transferencias del Estado. En el extremo opuesto, en el decil más bajo, jubilaciones, pensiones y ayudas representaron el 67,3% del ingreso, confirmando que la cobertura previsional y los programas sociales siguen siendo el principal sostén de los hogares más vulnerables.
El tamaño de los hogares también acompaña esa lógica: en el segmento superior el promedio fue de 3,4 miembros, mientras que en el inferior se redujo a dos. Para el conjunto relevado, la cifra se ubicó en 2,9 integrantes, un dato que ayuda a dimensionar que, en muchos casos, la comparación entre deciles se hace entre familias con composiciones distintas.
- El decil 8 recibió entre 2.300.000 y 2.939.000 pesos mensuales.
- El decil 9 registró ingresos de entre 2.939.000 y 3.900.000 pesos.
- El decil 10 abarcó desde 3.900.000 hasta 75.000.000 pesos, con un promedio de 6.057.098 pesos.
- El decil 1 tuvo un rango de 5.000 a 578.000 pesos y un promedio de 383.378 pesos.
- El decil 2 se ubicó entre 578.000 y 820.000 pesos, y el decil 3, entre 820.000 y 1.035.806 pesos.
La concentración, en pocas líneas
La distribución del ingreso total dentro de cada decil terminó de completar el cuadro: el segmento superior reunió el 29,7% de la masa de ingresos, mientras que el inferior apenas recibió el 1,9%, pese a que ambos grupos están integrados por la misma cantidad de hogares. En números absolutos, dentro del 10% más alto quedaron comprendidas unas 1.017.000 familias, en las que vivían alrededor de 3.491.000 personas. La asimetría es elocuente: casi un tercio de los ingresos totales se concentra en una de cada diez familias, mientras el 10% más pobre apenas sobrevive con una porción mínima de la torta, y lo hace apoyándose en jubilaciones, pensiones y planes sociales más que en sueldos genuinos.
El cuadro de fondo que dejan estas cifras obliga a mirar con atención la composición del ingreso familiar y, sobre todo, a preguntarse quién termina pagando la cuenta de un esquema en el que la mayor parte de la riqueza generada se queda arriba y el sostenimiento de los hogares más humildes sigue dependiendo, en gran medida, de lo que aporta el Estado. La pulseada por cómo se reparte el ingreso, lejos de saldarse, parece profundizarse trimestre tras trimestre.
