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La mochila no se cierra al salir del colegio: cómo se filtra el estrés escolar y qué pueden hacer los adultos para amortiguarlo

La psicóloga Susan Albers, de Cleveland Clinic, advierte que la presión por las tareas y los exámenes no se queda en el aula: aparece en cambios de humor, en el cuerpo y en la conexión permanente con el celular. Y señala que la reacción de los adultos cercanos marca la diferencia.

Por Rosana LuceroSociedad y vida · 25 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Acomodá la mesa, serví la merienda y, en algún momento, tu hijo o tu nieto deja la mochila en una silla y empieza la otra jornada, la que no tiene horario ni timbre. Una queja por la tarea que le dejaron, una discusión que parece venir de nowhere, un dolor de panza que aparece justo cuando hay que sentarse a estudiar. Eso que muchos imaginan como 'caprichos' o 'exageraciones' tiene, según la psicóloga Susan Albers, de Cleveland Clinic, un nombre conocido y un peso concreto en el rendimiento: estrés escolar. Y acá, en cualquier barrio de los nuestros, lo vemos seguido.

Yo lo escuché esta semana de boca de Mariana, una vecina de Chimbas que tiene a su nena de diez años en pleno primer ciclo: 'Llega del colegio re enojada, llora por una pavada y a la noche le duele la cabeza. Yo antes le decía que no sea blanda, ahora entendí que no es blandura, es que está cansada de rendir todo el día', me contó, mientras revolvía el mate y miraba la plaza donde antes la veía corretear a las otras criaturas sin una preocupación en la cara.

La presión no se queda en el aula

Para Albers, la exigencia del colegio puede manifestarse en el hogar mediante variaciones del ánimo, dificultades de conducta y molestias físicas, y eso es lo primero que un adulto cercano tiene que aprender a leer. A las tareas y a las expectativas se suman las comparaciones en redes y los mensajes que mantienen al estudiante conectado con las demandas escolares incluso cuando ya cerró la carpeta. Si quien cuida también está estresado, la especialista propone mostrar cómo se trabaja sobre esa dificultad y se busca ayuda, porque el ejemplo opera incluso cuando uno cree que nadie lo está mirando.

La psicóloga distingue entre una exigencia que puede estimular y una respuesta de estrés demasiado frecuente o prolongada, que es la que termina pasando factura: en ese caso, el organismo dispone de menos oportunidades para recuperarse y, lo que es clave para cualquier padre o docente, la preocupación intensa ocupa recursos de la memoria de trabajo, esa que necesitamos para manejar información en el momento, y dificulta recuperar lo aprendido. Por eso, explica Albers, cuidar el bienestar también es una manera de cuidar el rendimiento, y vale la pena decirlo así, sin vueltas, para que el estudiante entienda que no es una frase de manual.

Una caja de herramientas para ordenar el día

  • Hacer una pausa antes de reaccionar cuando el chico o la chica vuelve con la batería por el piso, y mostrar con el cuerpo que es posible pedir ayuda cuando algo pesa.
  • Revisar qué tareas requieren resolución inmediata, cuáles admiten una espera y qué se puede delegar o directamente quitar de la lista, porque no todo tiene la misma urgencia aunque lo parezca.
  • Separar la obligación prioritaria en acciones más pequeñas: lo que parecía un bloque imposible se vuelve pasos manejables, y eso baja la ansiedad antes de sentarse a estudiar.
  • Sustituir parte del desplazamiento continuo por redes, que prolonga la sensación de estar bajo evaluación, por actividades artísticas o momentos de meditación que permitan volver al presente.
  • Sostener el descanso, los vínculos presenciales y la presencia de otros adultos de confianza que también sepan manejar sus emociones, porque la red de contención no tiene por qué recaer toda en una sola persona.

Yo me quedo pensando en lo que dijo Mariana mientras se iba, ya con la nena enganchada del brazo: 'Yo quiero que apruebe, pero sobre todo quiero que no se acostumbre a vivir a los empujones'. Y me parece que en esa frase está el corazón del asunto: acompañar desde la calma, ordenar las obligaciones, sostener el descanso y los vínculos cara a cara es, también, una manera de enseñar a habitar la propia vida sin que el ruido del afuera termine decidiendo cómo nos sentimos acá adentro.

RL
Rosana LuceroSociedad y vida

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