La nueva Street Fighter divide la pantalla: la crítica la castiga con un 43% y el público la festeja con un 79% en Rotten Tomatoes
La adaptación dirigida por Kitao Sakurai y encabezada por Noah Centineo, Andrew Koji y Callina Liang abrió una grieta de 36 puntos entre el Tomatómetro y el Popcornmeter, un fenómeno que reaviva la pregunta de siempre: qué pesa más a la hora de juzgar una película basada en un videojuego.
La versión cinematográfica de Street Fighter estrenada en 2026 quedó atrapada en una paradoja que ya es casi una marca registrada del cine inspirado en videojuegos: la prensa especializada la castigó con severidad mientras que el público la levantó con entusiasmo. En el portal Rotten Tomatoes, el Tomatómetro, que mide la aprobación de la crítica, se detuvo en un magro 43%, en tanto el Popcornmeter, alimentado por las valoraciones verificadas de los espectadores, trepó hasta un 79%. La brecha de 36 puntos entre ambos indicadores convierte a la película en uno de los casos más notorios de divorcio entre periodistas y audiencia en el calendario reciente, y reaviva un debate que cada nuevo estreno de la franquicia parece condenado a protagonizar.
Lo que objetaron los críticos
- Guión endeble y dependiente de referencias internas que no se explican para el espectador ocasional.
- Ritmo irregular, con picos de acción que conviven con tramos donde la narración se desbanda.
- Chistes que no funcionan fuera del círculo de fans y que envejecen rápido incluso dentro de él.
- Reconocimiento parcial: las peleas y las animaciones en dos dimensiones sostienen el interés y la película nunca resulta aburrida, aunque sus partes no terminen de encajar.
Lo que festejaron los fans
Los seguidores de la saga tuvieron una experiencia radicalmente distinta y la dejaron plasmada en sus reseñas. Resaltaron las actuaciones de Noah Centineo como Ken y de Callina Liang como Chun-Li, la banda sonora con reminiscencias de los años noventa y la reproducción casi obsesiva de los movimientos icónicos de cada personaje. Para buena parte del público la propuesta no pretendía profundidad narrativa sino trasladar la energía del juego a la pantalla, y en ese objetivo la película cumplió con creces.
Un patrón que se repite
Street Fighter se inscribe en una lista cada vez más larga de adaptaciones de videojuegos que prescinden del consenso crítico para encontrar su lugar entre la comunidad de jugadores. La franquicia ya había transitado ese sendero en entregas anteriores, y la respuesta masiva del público en esta ocasión sugiere que la fórmula conserva vigencia: mientras los analistas piden coherencia dramática y diálogos a la altura de las circunstancias, los fans piden fidelidad, adrenalina y la sensación de estar presenciando una partida épica con actores de carne y hueso.
El estreno reavivó además una pregunta incómoda sobre los criterios con los que se mide a un filme concebido como homenaje a una comunidad. ¿Sirven los mismos parámetros de la crítica tradicional para juzgar una producción diseñada para que el fancore reconozca cada guiño y aplauda cada golpe especial? La distancia entre el 43% y el 79% no cierra la discusión, más bien la enciende: mientras los críticos piden una película mejor, los espectadores parecen dispuestos a defender con su nota alta una película que les pertenece. La cuenta, como siempre, la paga el tiempo.
