Mente entera: por qué el mito del cerebro izquierdo y cerebro derecho ya no se sostiene
Una investigación con más de mil participantes y la lectura de especialistas locales e internacionales coinciden: las famosas dos mitades no definen la personalidad ni el talento de nadie. Qué dice la ciencia y por qué la idea sigue tan instalada.
Me lo cruzo cada semana en el consultorio, en la escuela y hasta en la mesa familiar. "Yo soy de cerebro izquierdo, por eso me cuesta hablar en público", "ella es de cerebro derecho, todo lo que hace es creativo". La frase sale con una seguridad aplastante, como si viniera firmada por un médico. Y sin embargo, no tiene base científica. Hace rato que la neurociencia viene desarmando ese mito, y aun así sigue vivito y coleando en conversaciones de café, en pruebas de orientación vocacional y hasta en capacitaciones laborales. Acá en Chimbas, donde me crié, todavía hay quienes eligen carrera según el hemisferio que creen tener dominante. Lo viví de cerca: una vecina, Marcela, del barrio La Bomba, me confesaba entre risas que se había anotado en un curso de dibujo porque leyó en internet que era "de cerebro derecho". El primer día le tembló el pulso y casi abandona. No era su hemisferio el problema: era la expectativa.
Lo que la ciencia sí comprobó
Hay un punto de partida verdadero en todo esto: los hemisferios cerebrales no hacen exactamente lo mismo. El izquierdo interviene de manera destacada en el lenguaje y controla el movimiento del lado derecho del cuerpo. El derecho participa en el procesamiento visual y espacial y maneja el lado izquierdo. Esa distribución existe y se replica en la mayoría de las personas. El salto al mito aparece cuando se pretende que esa diferencia funcional convierte a alguien en "racional" o "creativo" según el hemisferio que más use. La psicóloga Grace Tworek, de Cleveland Clinic, lo explicó con una claridad que vale la pena repetir: las fortalezas individuales no prueban que una mitad del cerebro gobierne la personalidad. Y un estudio publicado en PLOS ONE, que analizó la conectividad cerebral en reposo de 1.011 personas de entre 7 y 29 años, encontró algo clave: si bien existen regiones con lateralización, como áreas del lenguaje en el hemisferio izquierdo y redes de atención en el derecho, no apareció un patrón que favorezca consistentemente a un hemisferio entero sobre el otro dentro de un mismo sujeto. La especialización, cuando aparece, es local, de ciertas redes, no global.
Además, los dos hemisferios no trabajan en paralelo y sin contacto, como bloques separados de un edificio. Están en comunicación permanente a través del cuerpo calloso, un haz de fibras nerviosas que funciona como puente y que intercambia información todo el tiempo. Esa coordinación es la que hace posible cosas tan cotidianas como una conversación: hay que procesar palabras, interpretar el tono de voz, leer gestos y manejar el contexto emocional al mismo tiempo, y eso exige a las dos mitades trabajando juntas, no compitiendo por ver cuál manda.
De dónde salió la idea (y por qué no aplica a todos)
El mito no nació de la nada. Investigaciones con pacientes a los que se les había seccionado el cuerpo calloso para controlar crisis epilépticas graves permitieron observar diferencias entre hemisferios. Pero se trata de circunstancias excepcionales, de cerebros intervenidos quirúrgicamente, no del funcionamiento habitual. Extrapolar esos hallazgos a cualquier persona sana es como sacar conclusiones sobre cómo se maneja un auto mirando únicamente a uno que perdió una rueda. La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura advirtió además que trasladar estas ideas al aula puede condicionar las expectativas sobre los alumnos. Definirse como "poco creativo" por creerse analítico, o como "desorganizado" por asumirse artístico, puede desincentivar la práctica de habilidades que, como cualquier otra, se entrenan con esfuerzo, con repetición y con ganas. Lo que cada uno termina siendo tiene más que ver con la historia personal, el contexto y las oportunidades que con la geografía interna del cráneo.
- La idea de "cerebro izquierdo vs. cerebro derecho" no tiene respaldo científico sólido para clasificar personalidades.
- Los hemisferios sí tienen funciones destacadas distintas, pero trabajan en comunicación constante a través del cuerpo calloso.
- Un estudio con más de mil participantes no encontró un patrón global de dominancia hemisférica por individuo.
- Las etiquetas pueden limitar el desarrollo de habilidades si uno se autoconvierte en lo que cree que es.
- La recomendación de especialistas y organismos internacionales es no usar estos rótulos para tomar decisiones educativas o laborales.
“Las fortalezas individuales no prueban que una mitad del cerebro gobierne la personalidad.”Grace Tworek, psicóloga de Cleveland Clinic
Lo escuché esta semana de una colega psicóloga que atiende acá en Rawson, en un centro de salud barrial donde las consultas suelen empezar con la frase "yo soy de cerebro derecho". Ella ya no discute: pregunta, escucha, y termina explicando lo mismo que cuenta la evidencia. La próxima vez que alguien le diga que no sirve para algo porque "su cerebro no le da", me parece que lo más sano es recordar que el cerebro entero es el que aprende, el que siente y el que cambia. Y que ninguna etiqueta de internet le va a marcar el techo.
