Salud mental en alerta: las internaciones treparon 42% en tres años y el sistema público siente el golpe
Un relevamiento federal con datos de 14 provincias, coordinado por la Universidad Nacional de Lanús, muestra que la demanda no para de crecer, que las guardias porteñas atienden cada vez más consultas psiquiátricas y que los dispositivos comunitarios están al límite. Mientras el Senado debate una reforma de la ley vigente desde 2010, las provincias piden más inversión, recursos humanos y coordinación.
Me crucé a Gladys una mañana cualquiera acá en Chimbas y me dijo algo que me quedó dando vueltas: "Mirá, yo vengo de un barrio donde antes la gente se juntaba a tomar mate y ahora se junta a pedir un turno con el psicólogo". No es un dato científico, claro, pero condensa lo que muestran los números: la salud mental dejó de ser un tema de unos pocos y pasó a ser una preocupación de las mesas familiares. Lo confirman los datos duros que llegaron al Senado de la Nación de la mano de un relevamiento federal que sacudió el debate.
El trabajo, coordinado por la Universidad Nacional de Lanús con información que aportaron las máximas autoridades sanitarias de 14 provincias, retrata un sistema público que está corriendo cada vez más rápido, pero al que la demanda le saca ventaja. Las consultas ambulatorias por problemas de salud mental crecieron 23% en el último año, y las internaciones se dispararon 42% entre 2023 y 2026, con un salto adicional del 12% solo en los últimos doce meses. Es una curva que no se aplaca y que obliga a mirar el tema con la seriedad que merece.
La foto federal: 14 provincias, más del 70% del país
Las jurisdicciones que pusieron sus números sobre la mesa fueron Buenos Aires, Catamarca, Córdoba, Formosa, Jujuy, La Pampa, La Rioja, Misiones, Neuquén, Salta, Santa Cruz, Santa Fe, Santiago del Estero y Tierra del Fuego. Entre todas concentran más del 70% de la población argentina. También participaron del encuentro Entre Ríos y Río Negro, que aportaron su mirada sin quedar incluidas en el relevamiento central. La conclusión es transversal: la demanda sube en casi todos los distritos, sin distinción de tamaño ni de región.
Niños, jóvenes y gente que se quedó sin cobertura
- Mayor demanda de atención de niñas, niños y adolescentes, una franja etaria que venía siendo relegada y que ahora golpea fuerte las puertas de los hospitales.
- Personas que perdieron cobertura de obras sociales o prepagas y migraron al sistema público, engrosando las filas en guardias y centros de salud.
- En la provincia de Buenos Aires, el 30% de las consultas en guardias hospitalarias corresponde a problemas de salud mental, un dato que retrata la presión sobre los servicios de emergencia.
- Entre 2021 y 2026 se sumaron al menos 388 nuevas camas de salud mental en hospitales generales, y trece de las catorce provincias ampliaron sus redes con centros de día, equipos territoriales, viviendas asistidas y dispositivos para consumos problemáticos.
“Las capacidades existentes están sobreexigidas frente a una demanda que no cesa, y hay dificultades serias para completar equipos con disciplinas críticas.”Autoridades sanitarias provinciales, en el informe presentado en el Senado
El cuadro se completa con lo que las propias provincias plantearon como prioridades: aumentar la inversión, ampliar la infraestructura y los recursos humanos, garantizar el acceso a medicamentos y producir información epidemiológica nacional de calidad. También reclamaron recuperar una coordinación efectiva entre Nación, provincias y municipios, una queja que arrastra años pero que ahora vuelve con más fuerza.
La ley de 2010, en el centro del debate
El informe fue presentado en el Senado mientras el Congreso debate una reforma de la Ley Nacional de Salud Mental, vigente desde 2010. Las autoridades provinciales advirtieron que la propuesta "elimina marcos y garantías sobre los que se sustenta la política de salud mental, sin incorporar el financiamiento necesario para ampliar la capacidad de respuesta de los sistemas públicos". Es un cruce de alertas que no puede caer en saco roto: se discute cómo se atiende a la gente en uno de los momentos más delicados de su vida, y los números dicen que la demanda no va a esperar.
A Gladys la terminé llamando por la tarde para contarle lo del relevamiento. Me escuchó en silencio y después me dijo lo que esperaba escuchar: "Mientras se discute en el Senado, acá en Chimbas seguimos esperando un turno". Esa es la pulseada de fondo: cifras que crecen, familias que se reorganizan alrededor de la búsqueda de atención y un Estado que corre detrás de un problema que ya dejó de ser excepcional para convertirse en cotidiano.
