Siete meses en baja: el surtidor muestra una economía que se apaga de a poco
El precio de la nafta súper subió 31,4% en lo que va del año en la Ciudad de Buenos Aires y, sin embargo, agosto cerró con una caída del 2,19% en las ventas de combustibles a nivel nacional, la séptima consecutiva en la comparación interanual. El mapa provincial es casi todo rojo y solo cuatro distritos lograron vender más que en 2025.
Cargar nafta súper en la Ciudad de Buenos Aires costaba en septiembre un 31,4% más que en enero de 2026: el precio por litro pasó de $1.566 a $2.059, según los datos oficiales que se desprenden del comportamiento del mercado. Ese aumento, que en cualquier otra época hubiera sido un incentivo a vender más, acompañó un año de retrocesos en el consumo: en agosto se completaron siete meses consecutivos de ventas por debajo de los registros de 2025, una racha que confirma un cambio de hábito en los usuarios de a pie, en las flotas chicas y en el transporte de carga que ya no puede seguir absorbiendo las subas del mostrador.
La súper, la más castigada
El producto con mayor participación en el mercado fue, precisamente, el que más cayó en la comparación interanual de agosto: la nafta súper retrocedió 3,66%, con un peso del 41% sobre el total expendido, por delante del gasoil común, que representó el 26,5% del consumo. El gasoil común perdió 3,02%, mientras que la nafta premium bajó 2,16% y encadenó cuatro meses de descensos seguidos. El gasoil premium fue la excepción: fue la única categoría que vendió más que un año antes, con una suba del 2,75%, una señal que en el sector se interpreta como un desplazamiento hacia el producto de mayor calidad ante la necesidad de cuidar el rendimiento de los vehículos en un contexto de precios cada vez más altos.
En todo el país se comercializaron 1.389.254 metros cúbicos durante agosto, contra 1.420.350 del mismo mes de 2025. La diferencia equivale a una baja del 2,19%, pero al mismo tiempo hubo una mejora del 0,57% respecto de julio al comparar dos meses con igual cantidad de días. El descenso interanual, además, fue menor que el de julio, cuando había alcanzado el 5,53%: una desaceleración de la caída que no alcanza para revertir el signo del año, pero que al menos muestra que el piso podría estar cerca.
Un mapa casi todo rojo
El relevamiento provincial dejó una postal extendida: 20 de las 24 jurisdicciones vendieron menos combustible que en agosto del año anterior. Santa Cruz y Tierra del Fuego registraron los retrocesos más fuertes, del 12,91% y del 10,74% respectivamente, arrastradas por la paralización de la actividad en la Cuenca del Golfo San Jorge y por una temporada turística invernal que no logró compensar la merma estructural. También hubo bajas del 9,76% en Mendoza y del 9,51% en Corrientes, dos economías regionales que sintieron con fuerza la combinación de inflación y pérdida de poder adquisitivo.
En la Ciudad de Buenos Aires el volumen vendido disminuyó 5,04%, un número que se lee junto con la suba del 31,4% en el precio del litro: los porteños compran menos y pagan más, la combinación más incómoda para cualquier economía familiar. La retracción también alcanzó a las siete principales compañías del mercado: ninguna logró superar sus ventas de agosto de 2025, un dato que muestra que el fenómeno no es de marcas sino del bolsillo. En este escenario, la pregunta que sobrevuela cada estación de servicio es quién termina pagando la cuenta de un ajuste que ya lleva un año corriendo por encima del consumo y que, por ahora, sigue mostrando al surtidor como un termómetro más sensible de lo que admiten los discursos oficiales.
