Jueves, 27 de agosto de 2026
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Tirante, el pibe que le ganó al monstruo y se codea con los grandes

El argentino dejó en el camino a Novak Djokovic en Cincinnati, trepó hasta el 42 del ranking y se mete de lleno en la pelea del US Open con una cabeza completamente renovada.

Por Facundo YacanteDeportes · 27 de agosto de 2026 · hace 1 h

Vayan preparando la mesa para un desayuno que, en cualquier casa de Buenos Aires, se serviría con mate cocido bien caliente y medialunas recién hechas: el pibe de La Plata se sentó en la misma mesa que Djokovic, le ganó y todavía le sobró aire para pedirle un autógrafo con la raqueta. Así, nomás. Sin anestesia. Thiago Tirante, 23 años, números que hasta hace seis meses nadie miraba, acaba de firmar la página más linda de su joven carrera y lo hizo en Cincinnati, un Masters 1000 donde se suele comer crudo si no tenes espalda para bancar la presión.

Yo lo vi desde mi sillón y se me cayeron las tostadas. Es que el primer set fue un desastre: el serbio lo pasaba por arriba como el colectivero cuando te ve corriendo con la SUBE en la mano. Pero el argentino se recompuso en el segundo, en un game maratónico de dieciocho minutos que fue el verdadero cruce de la línea de fuego. Ahí cambió todo: Tirante dejó de ver al rival y empezó a ver a un jugador de tenis, uno más, al que se le puede ganar. Cuando empató el partido, el stadium enmudeció y el tercer set fue una declaración de principios.

La charla con Djokovic: corta, con grandeza y lejos del micrófono

En la red, como manda el manual sagrado de este deporte, hubo saludo y una conversación breve que vale más que cualquier título. Djokovic lo felicitó, le deseó suerte en lo que viene y Tirante, que tenía un nudo en la garganta del tamaño de una pelota de tenis, le respondió con la mejor síntesis posible de su admiración. Las emociones estaban a flor de piel y ninguno quiso estirar un momento que ya era perfecto tal cual terminó.

El motor del cambio: cabeza nueva, raqueta nueva

  • Abandonó el modelo Blade, que sentía rígido para su estilo, y se pasó a una raqueta que le da más efecto y potencia a la pelota, después de una semana de prueba con resultados alentadores.
  • Trabaja con dos psicólogos deportivos que le ordenaron la cabeza y lo ayudaron a correr la marca del rival.
  • Se enfoca en su propio proceso y dejó de mirar de reojo lo que hacen los demás jugadores del circuito.
  • Tomó como punto de inflexión la serie de Copa Davis en Corea del Sur, donde fue primera raqueta en una superficie rápida y hostil, y aprendió a convivir con la presión del visitante.
  • Todo ese combo lo depositó en el puesto 42 del ranking ATP, su marca más alta como profesional.

El salto y lo que viene: US Open en la mira

Tirante es consciente de que este salto no se explica con una sola variable, sino con una conjunción de cambios que empezaron a madurar al mismo tiempo. La cabeza se entrenó, la raqueta acompañó y los resultados aparecieron como premios consuelo que ya nadie le puede sacar. Ahora se le viene el US Open, donde entrará como nunca antes: entre los cincuenta mejores del mundo, con la mochila llena de confianza y con un Djokovic vencido en el currículum.

Y acá me reservo el derecho de errar, como cada vez que me entusiasmo con un pibe: no sé si Tirante se va a consolidar en el top 40 la próxima temporada, ni si va a llegar lejos en Flushing Meadows, ni cuántas veces más le vamos a tener que cambiar el apodo. Pero sí sé algo que vale más que cualquier predicción: este tipo le ganó al mejor de todos los tiempos con la cabeza puesta en su propio juego, no en el nombre del rival. Y eso, en un deporte donde el rivalsmo se lleva por dentro, es una declaración de principios. Bienvenido, Tirante, al club de los que ya no juegan contra fantasmas.

FY

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