Tres clásicos y un mismo catálogo: la movida de Filmin para reencontrarse con Dreyer, Kubrick y Coppola
Un juicio, el miedo atómico y una saga atravesada por la violencia funcionan como puerta de entrada a una selección que también pasa por la comedia, el western y la ciencia ficción.
Yo siempre digo que volver a ver una película clásica es un poco como reencontrarse con un viejo amigo al que uno le descubre detalles nuevos en cada abrazo, y esa sensación es la que me dejó recorrer la nueva selección que Filmin armó para estos días, porque la propuesta tiene una generosidad que vale la pena desmenuzar despacio, sin apuro, como cuando uno se sienta frente al fuego con una copa y se deja llevar por la conversación. La plataforma reúne films de distintas décadas y de muy variados registros, pero si uno tuviera que entrar por la puerta grande, tres títulos funcionan como una especie de triple tarjeta de presentación: La pasión de Juana de Arco, ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú y El padrino. Cada una abre una ventana diferente a un cine que sigue vigente y que, encima, se puede revisitar sin pagar de más.
Me parece interesante detenerme en el lugar desde donde se mira antes que en la pantalla misma, porque la selección propone algo que a mí, como espectador, me resulta muy atractivo: organizar la búsqueda por director, por género o por elenco. Es decir, si a uno lo seduce más el nombre de un realizador, si tiene ganas de algo puntual como una comedia o un policial, o si lo que le pica la curiosidad es el reparto, puede entrar por cualquiera de esos costados. Esa libertad de recorrido es, en sí misma, una forma de programar el propio festival en casa, y eso a los que ya peinamos algunas canas nos gusta, porque nos recuerda los tiempos en que uno alquilaba películas en el videoclub y se iba con un puñado de cintas sin ningún orden claro, solo confiando en la intuición.
El juicio a Juana y la cara de Falconetti
La pasión de Juana de Arco, de 1928, es de esas películas que a mí me dejaron marcado desde la primera vez que las vi, y no exagero si digo que la volví a ver pensando en cuántos años habían pasado y cuántas cosas habían cambiado en mi vida mientras la cara de Maria Falconetti seguía intacta en mi memoria. Carl Theodor Dreyer dirige este film que combina el relato biográfico con el cine de juicios, y el reparto se completa con Eugene Silvain, Maurice Schutz, Michel Simon y un Antonin Artaud que, solo con aparecer, ya le da a la película un peso particular. Lo más poderoso de la propuesta, a mi entender, es esa atención casi obsesiva que el director les dedica a los rostros, sobre todo al de Falconetti, que queda expuesto, sin maquillaje, casi como una confesión en primer plano. Quien quiera acercarse al cine mudo o, simplemente, entender por qué este título sigue siendo citado en cualquier lista de obras maestras, tiene acá una parada casi obligatoria.
Kubrick y el mundo al borde del botón rojo
Si la primera elegida pide silencio y recogimiento, la segunda propone todo lo contrario, o por lo menos eso parece, porque ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú, de 1964, es una sátira disfrazada de comedia que, en el fondo, tiene el corazón negro del pánico nuclear. Stanley Kubrick la dirigió con ese pulso frío y al mismo tiempo burlón que lo caracterizaba, y se dio el lujo de juntar en el elenco a Peter Sellers, George C. Scott, Sterling Hayden, James Earl Jones y Keenan Wynn, que es decir cinco intérpretes cargados de historia. La película se ríe de la posibilidad de que las decisiones humanas, por un error o por un capricho, terminen empujando al mundo hacia la destrucción, y lo hace con un humor que, vistos los tiempos que corren, sigue pinchando exactamente en el mismo lugar. Es de esos films que uno puede mirar con una sonrisa y, al mismo tiempo, con un nudo en la garganta.
El padrino y el sueño americano en claroscuro
El tercer mojón de este recorrido es El padrino, de Francis Ford Coppola, que ya desde su título arrastra consigo medio siglo de conversaciones de sobremesa, de frases repetidas en las mesas familiares y de personajes que se volvieron de diccionario. Al Pacino, Marlon Brando, Robert Duvall, James Caan y Diane Keaton le dan cuerpo a una historia que, más allá del mundo mafioso, se anima a meter la cuchara en el sueño americano y en sus promesas siempre a mitad de camino. La puesta en escena trabaja los contrastes de luz de una manera que a mí me sigue pareciendo admirable, y la violencia aparece estilizada, casi como un ballet oscuro, sin perder por eso su filo. Es una de esas películas que uno puede ver a los veinte, a los cuarenta o a los sesenta y sacar lecturas distintas, y eso no es un detalle menor.
Ahora bien, sería injusto quedarse solo con estos tres nombres, porque la selección se extiende con figuras que también dan ganas de explorar, y acá es donde el catálogo se vuelve un lindo problema, de los buenos. Buster Keaton aparece con una comedia que mete elementos fantásticos en la mezcla, y para el que nunca se acercó a su estilo vale la aclaración de que estamos hablando de un tipo que hacía las cosas más riesgosas sin doble de riesgo y con una cara de poker que era un personaje en sí misma. Fritz Lang, por su parte, asoma con una propuesta de ciencia ficción vinculada al expresionismo alemán, lo que ya suena a combinación irresistible para los que gustan de los decorados geométricos y las sombras cargadas de significado. Y en el terreno del suspenso se asoma Ida Lupino, con una película de apenas 71 minutos que concentra la tensión dentro de un auto, algo que parece una boutade pero que, tratándose de Lupino, seguro esconde una pequeña obra de orfebrería.
Por eso, si me preguntan qué clásico elegiría para volver a ver, me agarra un empate técnico entre el silencio doloroso de Dreyer, la carcajada con escalofríos de Kubrick y la épica íntima de Coppola, aunque, siendo honesto, creo que la respuesta varía según el día y el ánimo. Lo bueno es que el catálogo está ahí, abierto, esperando que uno se siente, le dedique una noche y se deje llevar. Filmin ofrece la posibilidad de moverse entre dramas, sátiras, comedias, westerns, cine negro y ciencia ficción, y los horarios, los precios y las condiciones de acceso se consultan directamente en la plataforma, que es donde conviene meterse para armar la propia lista. Como me dijo una vez un artista sanjuanino al que le tengo un cariño enorme, mientras compartíamos un vino en una peña cuyana: 'Las películas grandes no se agotan, se acumulan, como las ganas de volver'.
