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Un museo de adobe en medio de la Quebrada jujeña: cuando la foto se descubre sin que nadie la venda

A 2.700 metros de altura, frente a Tilcara y sin un solo cartel en la ruta, el Museo Entre los Cerros guarda obra de los grandes nombres de la fotografía latinoamericana y forma a pibes del norte. Una recorrida por un lugar al que se llega después de preguntar, como antes.

Por Rosana LuceroSociedad y vida · 27 de agosto de 2026 · hace 2 h

Llego a la Quebrada de Huichaira una mañana de agosto, con el aire finito y el cielo tan azul que parece de mentira. La ruta 9 viene subiendo desde Tilcara y, a simple vista, no hay nada que avise lo que viene: ni un cartel, ni una bandera, ni un painted rock en el camino de ripio. Acá en Chimbas uno se imagina que un museo se anuncia, se publicita, tiene una marquesina. Acá en Rawson, igual. Pero acá en la Quebrada, no. El Museo Entre los Cerros (MEC) aparece de golpe, como si siempre hubiera estado esperando a que alguien lo encontrara.

Me atiende Marta, vecina de la zona, que pasa por el lugar casi todos los días desde que se inauguró. “Yo le digo a la gente que venga, pero nadie me cree que exista un museo así, en medio de los cerros×, me dice, mientras acomoda unas sillitas de adobe en el patio. “Cuando lo descubrí, volví tres veces en una semana. Y cada vez vi algo distinto×, cuenta, con esa mezcla de orgullo y asombro que se les nota a los que saben que viven al lado de algo único.

Un fundador que prefirió el boca a boca

Detrás del museo está Lucio Boschi, fotógrafo de 60 años nacido en la provincia de Buenos Aires que lleva años viviendo en el norte argentino. Llegó a la zona siguiendo la quebrada del río Huichaira, se topó con una formación natural que lo dejó sin palabras y compró un terreno. Primero levantó una casa de barro para vivir; después, con los años, fue transformando esa construcción en un espacio cultural que hoy sorprende a curadores internacionales.

La decisión de no poner carteles ni hacer publicidad no fue un descuido, sino una convicción: Boschi estaba seguro de que el público tenía que descubrir el lugar por cuenta propia. Los primeros visitantes fueron los chicos de la escuela vecina, que bajaban caminando desde el pueblo. Después vinieron guías locales, grupos de fotógrafos y, con el tiempo, directores de museos de primer nivel que se enteraron de boca en boca, como se enteran las cosas que de verdad importan.

La colección: las cartas que señalaron el camino

La colección permanente reúne obras donadas por algunos de los nombres más fuertes de la fotografía argentina y latinoamericana: Marcos López, Graciela Iturbide, Martín Chambi, Alessandra Sanguinetti, Irina Werning y Rodrigo Abd, entre otros. Boschi los convocó a través de cartas y de los contactos que había cultivado durante años de trabajo internacional con galerías y coleccionistas. Todos, sin excepción, dijeron que sí. “Me escribieron desde distintos países y cada paquete que llegaba era una fiesta en el pueblo×, recuerda Marta, que más de una vez ayudó a descargar cajas.

Más que un museo: formación y comunidad

  • Biblioteca especializada abierta a investigadores y visitantes.
  • Talleres y residencias artísticas para fotógrafos de toda la región.
  • Programa gratuito de formación orientado a jóvenes de las provincias.
  • Salas con luz natural y bancos para detenerse, integradas al paisaje de adobe.
  • Funcionamiento como punto de encuentro para la comunidad local de Huichaira.

El edificio, construido en adobe, deja entrar la luz del norte y hace que el paisaje forme parte de la experiencia. Las salas invitan a caminar despacio, a detenerse, a mirar. Para llegar, la referencia más práctica es tomar la ruta 9 desde Tilcara y preguntar en el pueblo: el GPS suele quedarse corto en los tramos finales del camino de cerros.

Cuando me voy, ya entrada la tarde, pienso en lo que la gente espera de un lugar como este. Espera, en el fondo, que alguien le muestre que la cultura más importante a veces no se anuncia en una pantalla ni se vende con un descuento: se descubre, se comparte y se cuida entre todos. Y eso, acá en la Quebrada, lo entendieron hace rato.

RL
Rosana LuceroSociedad y vida

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