Una semana sin poder salir del paraje: la historia de una mujer y sus tres chicos rescatados en plena inundación en Catán Lil
La familia llevaba siete días aislada en La Pileta por los caminos anegados. Policías de Las Coloradas avanzaron doce kilómetros de barro y greda para llevarla a buscar alimentos y devolverla con provisiones a sus hijos.
Me imagino la escena y se me eriza la piel. Son las cuatro de la tarde de un miércoles gris en la meseta neuquina y el teléfono suena del lado de la Comisaría 31 de Las Coloradas. Del otro lado, una voz entrecortada pide ayuda. No queda claro el motivo, pero hay una certeza que a los policías les basta para salir: una familia está aislada y necesita que alguien la busque.
Lo que empezó como un llamado confuso terminó siendo un operativo que dejó al descubierto una emergencia que se repite cada vez que el cielo se rompe en esa zona de la Patagonia. La protagonista, me animo a ponerle nombre y contexto como si la conociera de toda la vida, es esa mujer que cualquier vecina de acá en Rawson o de cualquier barrio del interior conoce de memoria: la que se queda esperando mientras la tormenta pasa, la que administra lo que tiene en la alacena, la que no se queja hasta que ya no le queda otra.
Doce kilómetros de barro hasta La Pileta
Lo primero que hicieron los efectivos fue ir hasta el Paraje Cortaderas, a unos diez kilómetros de donde finalmente los esperaba la familia, a recabar más datos. La información seguía sin ser precisa, pero el jefe de la unidad, el subcomisario Ángel Salazar, dio la orden de meterse igual. Un primer móvil avanzó los doce kilómetros por el camino vecinal completamente anegado, entre lluvia, barro y greda suelta, hasta dar con el Paraje La Pileta, en el departamento Catán Lil.
Cuando llegaron, el cuadro era el que temían. La mujer, esposa de un productor rural de 82 años, estaba junto a sus tres hijos, de 14, 12 y 10 años, y llevaba siete días sin poder salir a buscar comida. Las lluvias torrenciales de las semanas previas habían convertido los únicos accesos en una trampa intransitable, ni a caballo ni en camioneta. Un segundo móvil y otros cuatro efectivos se sumaron para confirmar la urgencia y coordinar la asistencia.
“Personal policial puso a disposición el recurso humano y automotriz para realizar las tareas pertinentes.”Subcomisario Ángel Salazar, jefe de la Comisaría 31 de Las Coloradas
El procedimiento, paso a paso
- Retiraron a la mujer del paraje La Pileta con el móvil policial.
- La trasladaron hasta el punto donde un familiar pudo entregarle alimentos.
- La acompañaron de regreso al paraje con las provisiones para ella y sus tres hijos.
- Confirmaron que los tres chicos ya tenían qué comer antes de replegarse.
Cuando la distancia se vuelve emergencia
Acá en Chimbas uno escucha historias así y se le mezcla el alivio con la bronca, y me pasa siempre, lo reconozco. Porque lo del Paraje La Pileta no fue un capricho del clima ni un caso excepcional: fue, como dicen los productores de la zona, un riesgo que está siempre latente. Las últimas semanas de lluvias cayeron justo en plena época de pariciones, cuando los crianceros tienen la cabeza y el cuerpo metidos en el campo. Para las familias que viven en parajes alejados de Las Coloradas, quedar aislados no es una novedad, es un cálculo que hacen cada vez que se anuncia una tormenta.
Doce kilómetros de barro, para cualquiera de nosotros que vivimos cerca del centro o de los barrios con asfalto, pueden sonar a nada. Para esta mujer y sus tres hijos, eran la frontera entre tener algo para darles de comer a la noche y empezar a pasar hambre en serio. La diferencia la hicieron seis policías, un par de móviles y la decisión de meterse igual cuando el camino se puso imposible.
Me quedo pensando, como me quedo siempre después de contar estas historias, en lo que debe haber sentido esa mujer cuando vio aparecer las camionetas por la huella. Siete días sin poder salir, con tres chicos mirando, con la comida que se termina y la incertidumbre que crece. Y me quedo pensando también en lo que ella espera ahora: que la tormenta pase, que seque el camino, y que la próxima vez que llueva, alguien del Estado, del municipio o de la provincia, haya pasado antes a ver cómo están.
