Ya hay luz verde para 438 pibes neuquinos: las becas Gregorio Álvarez empiezan a llegar y la cola para cobrar viene con fecha
La convocatoria que reúne a estudiantes terciarios y universitarios de toda la provincia neuquina cerró con 2.812 pedidos. Una parte ya tiene el sí y cobra este mes; el resto, a esperar la revisión de papeles.
Acá en Neuquén, cuando se cruza la última materia, lo que más se escucha en las mesas familiares no es la tesis ni la tesis de la tía: es el número de la beca, la fecha del depósito, si llega o no llega. Y esa conversación tiene estos días un protagonista bastante concreto: las Becas Gregorio Álvarez, que en su segunda convocatoria juntaron 2.812 solicitudes de estudiantes que están transitando los dos últimos años de una carrera terciaria o universitaria en la provincia.
De ese universo de postulantes, 438 ya tienen la aprobación en la mano. No es un número menor si se piensa que estamos hablando de pibes y pibas que eligieron seguir estudiando y que, en muchos casos, compatibilizan cursada con changas, turnos en comercios o tareas de cuidado en la casa. Tener el sí significa que el Estado neuquino los mira como inversión y no como gasto, algo que no siempre se traduce en el bolsillo pero que en la cabeza pesa.
Quién cobra este mes y quién se queda esperando
Desde la Coordinación de Políticas Socioeducativas y Equidad del Ministerio de Educación provincial aclararon cómo viene la mano: los pedidos que queden resueltos favorablemente antes del 18 de octubre van a cobrar alrededor del día 20 del mismo mes. Es decir, hay un corte casi quirúrgico: lo que se apruebe antes de esa fecha viaja al pago; lo que se apruebe después, va a la próxima tanda, con la incertidumbre lógica de no saber todavía cuándo se acredita.
Para los que todavía no recibieron respuesta, la recomendación es aguantar y seguir el trámite con la documentación completa, porque el resto de las solicitudes sigue bajo revisión. No es un silencio de la nada: es un equipo leyendo carpetas.
Cómo se repartió la demanda
- 1.449 postulaciones correspondieron a carreras terciarias.
- 1.363 postulaciones fueron para carreras universitarias.
- La región Confluencia concentró la mayor parte de los pedidos.
- La convocatoria también alcanzó a estudiantes del resto de la provincia, en modalidad presencial, fuera de la localidad o a distancia.
“El objetivo de la iniciativa es evitar que los jóvenes abandonen sus estudios por dificultades económicas cuando están cerca de recibirse. El programa apunta a favorecer la continuidad educativa y la graduación de futuros profesionales y técnicos.”Rolando Figueroa, gobernador de Neuquén
Lo dijo el gobernador Figueroa y la frase, más allá del tono oficial, toca un punto sensible: las becas no llegan cuando el pibe arranca la carrera, cuando todo es entusiasmo y café de madrugada. Llegan en el momento bisagra, ese en el que abandonar cuesta menos que seguir porque el cuerpo pide parar, la plata no alcanza y el alquiler de la pieza compartida no espera. Por eso la letra chica importa: para acceder hay que estar transitando los últimos dos años de la formación, lo que coloca al programa como un salvataje pensado para el tramo final.
Una carrera contra el reloj que ya tiene sus primeros ganadores
La inscripción se abrió a fines de septiembre y se cerró a mediados de octubre. En ese ratito se acumuló el grueso de la demanda, que se procesa ahora expediente por expediente. Para los 438 que ya tienen el sí, lo que viene es controlar el CBU, verificar la fecha de cobro y, sobre todo, respirar un poco más liviano a la hora de elegir materias para el cuatrimestre que viene. Para los demás, la espera tiene un horizonte claro: cada resolución favorable suma a la lista de pagos, que se ejecutan de manera escalonada según la fecha de cierre de cada trámite.
En los pasillos de las facultades neuquinas y en los grupos de WhatsApp de los terciarios ya se comenta el caso de alguna compañera o compañero que recibió la notificación y mandó captura al grupo familiar con un "¡me salió!". Y del otro lado, están los que todavía miran el mail cada mañana con la misma mezcla de esperanza y fastidio, calculando cuántos días quedan para el próximo corte. Es la liturgia de siempre de cualquier beca: la cola es larga, pero cuando sale a la mano la espera, parece menos larga.
