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Adiós a Diviiino: otro restaurante porteño que baja la persiana en plena caída del consumo

El local de sándwiches y espumantes de Palermo dejará de operar en septiembre tras seis años de actividad, con una merma del 20% en las ventas de 2025 y un fondo de comercio que no encontró comprador. Se suma a una seguidilla de cierres que golpea al sector gastronómico porteño.

Por Agustina QuirogaVitivinicultura y campo · 8 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Diviiino, el restaurante que en 2021 arrancó en la esquina de Arévalo y Cabrera con una propuesta de sándwiches y espumantes y una inversión inicial de 60.000 dólares, dejará de operar en septiembre después de seis años de actividad y se sumará a la lista de emprendimientos gastronómicos que bajan la persiana en una ciudad donde comer afuera se volvió, para una porción creciente de los vecinos, un lujo que se ajusta primero que cualquier otro.

La caída de los cubiertos

En 2025 las ventas mostraron una retracción de alrededor del 20% frente a 2024: el local pasó de unos 1.200 cubiertos mensuales a aproximadamente 900, un número que ya no cierra para una operación con nueve empleados en un salón grande sobre Cabrera y Godoy Cruz, al que la marca había llegado tras una mudanza desde el debut original en Palermo y un intento fallido de que incluyó un segundo punto en Bajo Belgrano, abierto en sociedad con otro grupo gastronómico y cerrado al poco tiempo.

“El consumo está cambiando bastante respecto de cómo era hace un par de años. Están abriendo muchas sandwicherías y hamburgueserías, porque hoy es lo más barato y lo que la mayoría de la gente se puede permitir.”Nicole Andelman, socia gerente de Diviiino

La lectura que hacen los socios del local coincide con la postal que se repite en las veredas de Palermo y de otros barrios porteños: proliferan propuestas de comida rápida a precios bajos y se cierran, en paralelo, los restaurantes de ticket medio. En esa misma línea, Andelman describió el escenario general con una frase que resume el momento: el rubro gastronómico está muy difícil, en parte porque hay una sobreoferta increíble y en parte porque es un momento económico complicado, una doble presión que en el caso de Diviiino se tradujo en la imposibilidad de colocar el fondo de comercio.

Un fondo de comercio que no se vendió

Los cuatro socios, cada uno con proyectos propios en marcha, intentaron vender el fondo de comercio sin éxito, una dificultad que Andelman atribuyó al tamaño del salón y al contexto general: el local es bastante grande y es difícil de llenar, señaló, y agregó que hoy cuesta un poco más vender un fondo de comercio porque estamos en un momento en el que lamentablemente mucha gente está cerrando, una descripción que coincide con la seguidilla de bajas recientes en el sector, entre ellas el bar El Álamo en Palermo, Los Laureles en Barracas tras más de 130 años y Sofá y Santa Evita, que también anunció su cierre para fines de septiembre.

Mientras Diviiino prepara su última función, sus socios ya mueven piezas por separado: uno está al frente de otros bares y trabaja en una nueva propuesta de cocina asiática, otro conduce una ostería propia, el cuarto dirige una empresa familiar de panificados, y Andelman evalúa un nuevo proyecto gastronómico en Mar del Plata, una dispersión de esfuerzos que muestra cómo, cuando el fondo de comercio deja de tener valor, el capital humano del rubro se reacomoda en formatos más chicos, más baratos o en ciudades con otra lógica de costos, y deja en el aire la pregunta de siempre en estos casos, que en tiempos de caída del consumo vuelve con más fuerza: si comer afuera se concentra cada vez más en pocas cadenas accesibles y en propuestas rápidas, ¿quién termina pagando la cuenta del ajuste, los empresarios que cierran o los trabajadores que pierden su empleo?

AQ
Agustina QuirogaVitivinicultura y campo

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