Brad Pitt se mete en la piel del austríaco que se reinventó en el techo del mundo
Siete años en el Tíbet regresa a la pantalla con su retrato de Heinrich Harrer, el alpinista que pasó de la obsesión por la cumbre a una amistad improbable con el Dalai Lama, en una película que la propia China se encargó de castigar.
El precio de entrar al Himalaya en 1939 no se medía en kilos de uva ni en quintales, sino en años de vida y en kilómetros de penitencia: Siete años en el Tíbet, la película que Jean-Jacques Annaud dirigió y que tiene a Brad Pitt como protagonista, vuelve a poner sobre la mesa el derrotero de Heinrich Harrer, un alpinista austríaco de elite que dejó a su esposa embarazada para perseguir una cumbre y terminó encontrando algo muy distinto en el techo del mundo.
El relato arranca en el umbral de la Segunda Guerra Mundial y combina, con pulso de aventura clásica, dos registros que se entrelazan con naturalidad: por un lado, las penurias de una expedición al Himalaya que termina convertida en una prolongada estadía forzosa; por el otro, el proceso íntimo de un hombre que va dejando atrás al personaje arrogante que era al partir. Annaud sostiene esa transición sin golpes bajos y deja que el paisaje haga su parte, con esas panorámicas heladas que todavía hoy funcionan como un argumento visual en sí mismas.
Del cautiverio al Dalai Lama, el cambio de eje
Pitt compone a un Harrer cuya soberbia inicial se va erosionando primero en el cautiverio y después, sobre todo, en el vínculo con el Dalai Lama, un encuentro que recoloca el centro de la película: lo que había empezado como un diario de viaje se transforma en una historia de aprendizaje mutuo, atravesada por el contexto político de un Tíbet que ya sentía el peso de la presión china.
Lo que la pantalla movió fuera de la pantalla
- En 1997, China prohibió los estrenos de Sony en su territorio durante todo el año, en represalia por la película.
- Brad Pitt y Jean-Jacques Annaud fueron incluidos en una lista negra con prohibición de ingreso al país.
- Annaud pudo entrar a China en 2012 y años después filmó allí El último lobo.
- Pitt consiguió levantar su prohibición en 2014, según consta en su propio historial público.
A casi tres décadas de su estreno, Siete años en el Tíbet sigue siendo unarareza del Hollywood de los noventa: una superproducción con estrella rutilante que eligió un tema incómodo para Beijing y pagó el costo. Como productor vitivinícola que mira el calendario de cosecha, uno se pregunta quién termina pagando la cuenta cuando una película se anima a contar lo que un gigante geopolítico no quiere que se cuente: si el estudio, si el protagonista, si el público al que se le niega la sala. Lo concreto es que, mientras Annaud y Pitt pudieron reingresar al país, durante años el cine que ellos mismos protagonizaron no pudo hacerlo.
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