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Casi la mitad de los argentinos descarta ofertas laborales que obligan a ir todos los días a la oficina

Un relevamiento de Bumeran sobre más de 3.000 trabajadores y especialistas en recursos humanos muestra que el peso de los gastos de transporte, comida y vestimenta explica la preferencia por esquemas híbridos o remotos. El formato combinado reúne a casi la mitad de los consultados y se consolida como el más elegido cuando hay posibilidad de decidir.

Por Daniela NacifEconomía · 22 de septiembre de 2026 · hace 5 h

Vamos a los números. El 48% de los trabajadores encuestados por el portal de empleos Bumeran rechazó ofertas laborales que exigían presencialidad, ya fuera total o parcial, de acuerdo con el estudio 100% Presencialidad, que reunió respuestas de más de 3.000 participantes entre trabajadores y especialistas en recursos humanos. La cifra se compone de un 39% que descartó propuestas por asistir todos los días y otro 9% que rechazó puestos que requerían cierta concurrencia.

El dato se inscribe en un cambio de preferencias que el sondeo registró con claridad. Entre quienes eligen un esquema remoto o híbrido, el 73% destacó la reducción de desembolsos en transporte, comidas, ropa y otros consumos vinculados con la asistencia presencial, y el 83% mencionó el ahorro en traslados como una ventaja concreta. A esos argumentos se sumaron motivos vinculados con la organización de la vida cotidiana: el 77% valoró compatibilizar mejor el empleo con su vida personal y el 63%, la posibilidad de organizar los propios horarios.

Costos de ir a la oficina y motivos de quienes eligen quedarse en casa

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  • 73% destacó la reducción de gastos en transporte, comidas, ropa y otros consumos asociados a la asistencia presencial.
  • 83% mencionó el ahorro en traslados como ventaja concreta del formato remoto o híbrido.
  • 77% valoró compatibilizar mejor el empleo con su vida personal.
  • 63% ponderó la posibilidad de organizar sus propios horarios.

El estudio también refleja que la posibilidad de elegir no llega a la mayoría. El 73% de los consultados indicó que la organización fijó por su cuenta la modalidad vigente. Apenas un 7% señaló que la definición se tomó de manera conjunta; un 11% explicó que la decisión corresponde a cada equipo y un 9% afirmó que puede resolverlo individualmente.

En cuanto a la distribución actual, el formato híbrido reúne al 47% de los trabajadores relevados, seguido por el presencial, con el 33%, y el remoto, con el 20%. Si pudieran escoger, el reparto cambiaría: el 51% combinaría hogar y oficina, el 41% trabajaría a distancia y solo el 8% asistiría todos los días.

Desde la vereda opuesta, quienes prefieren la oficina también identificaron beneficios. El 49% destacó el vínculo con sus compañeros y el 45% mencionó las facilidades para comunicarse y trabajar en equipo. El acceso a recursos de la empresa y la separación entre empleo y vida personal recibieron un 39% de menciones cada uno.

Dónde están parados los trabajadores según modalidad

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  • Formato actual: 47% híbrido, 33% presencial, 20% remoto.
  • Formato elegido si pudieran decidir: 51% híbrido, 41% remoto, 8% presencial.
  • Rechazo de ofertas por presencialidad: 39% descartó propuestas full time en la oficina y 9% rechazó puestos con asistencia parcial; en conjunto, 48%.
  • Rechazo por modalidad 100% remota: 2% de los consultados había desestimado un puesto por esa razón, mientras que un 50% nunca rechazó una oferta por la modalidad de trabajo.

El cuadro se completa con un dato que anticipa la dinámica del mercado laboral en el corto plazo. Ante una propuesta que no coincidiera con su esquema ideal, el 64% de los encuestados dijo que la rechazaría. El porcentaje sugiere que la modalidad dejó de ser un beneficio adicional para convertirse en un componente central de la propuesta de valor que las empresas ofrecen a sus candidatos.

De cara a los próximos meses, conviene seguir de cerca la evolución de tres indicadores: la proporción de ofertas publicadas con modalidad híbrida o remota, la brecha entre la modalidad vigente y la modalidad deseada por los trabajadores, y el porcentaje de empresas que incorporen mecanismos formales de consulta para definir el esquema de asistencia. Esos tres focos permitirían anticipar si el rechazo a la presencialidad plena se traduce en una presión concreta sobre las políticas de recursos humanos del sector.

DN
Daniela NacifEconomía

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