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Sábado, 3 de octubre de 2026
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Chicos que tocan un instrumento renden mejor en la escuela: qué dice un nuevo estudio y por qué no alcanza para sacar conclusiones definitivas

Una investigación de la Universidad Northeastern comparó a 76 niños de entre 7 y 9 años y halló diferencias a favor de quienes practicaban música. Los propios autores aclaran que el vínculo no prueba causalidad.

Por Rosana LuceroSociedad y vida · · hace 1 h
Chicos que tocan un instrumento renden mejor en la escuela: qué dice un nuevo estudio y por qué no alcanza para sacar conclusiones definitivas

Acá en Chimbas, doña Marta me abre la puerta con la preocupación habitual de las madres de barrio: el nene tiene ocho años, le regalaron una guitarra en el Día del Niño y la tiene colgada de la pared desde hace meses. Me pregunta si vale la pena anotarlo en clases, si eso le va a servir para la escuela, si el esfuerzo vale la pena cuando en la casa a veces cuesta llegar a fin de mes. La pregunta es de las que me llegan todo el tiempo, y por eso me detuve a leer con cuidado un trabajo reciente de la Universidad Northeastern que pone sobre la mesa algo que muchos sospechaban pero que pocas veces se había medido con cierto rigor: los chicos que tocan un instrumento parecen obtener mejores resultados en pruebas de memoria, lectura, escritura y matemáticas que aquellos que no lo hacen. La advertencia de los investigadores, sin embargo, es clave y muchas veces se pierde en la traducción: el estudio no prueba que aprender a tocar les instrumento sea la causa de esa diferencia.

Lo primero que quiero dejar en claro, porque es lo que más me preguntan las familias cuando me leen, es que nadie debe leer este trabajo como una publicidad de las clases de música ni como una garantía de que anotar al nene en el conservatorio le va a arreglar el boletín. Los propios autores lo aclaran en el paper: los chicos no fueron distribuidos al azar entre quienes reciben formación musical y quienes no. Las familias que pueden pagar un instrumento, sostener una cuota mensual y acompañar a los chicos a los ensayos suelen ser también familias que ofrecen otras experiencias, otros libros, otras conversaciones, otras oportunidades. Aunque el estudio intentó emparejar a los grupos por edad, sexo y nivel socioeconómico, esa precaución no termina de descartar el resto de las variables. Es, como me dijo una vez un pediatra amigo con una frase que me quedó grabada, mirar la foto y no el video.

Qué midió el trabajo y con qué chicos

El estudio reunió a 76 niños de entre 7 y 9 años, organizados en dos grupos lo más parecidos posible en edad, sexo y nivel socioeconómico. La mitad tocaba un instrumento y le dedicaba a la práctica un mínimo de 30 minutos semanales; la otra mitad no tenía formación musical. Predominaron el piano y los instrumentos de cuerda. Además de la memoria de trabajo, los chicos que tocaban obtuvieron puntajes superiores en razonamiento, vocabulario y aprendizaje visual y auditivo. En las evaluaciones escolares propiamente dichas, las diferencias abarcaron lectura, escritura y matemáticas, con resultados favorables en comprensión lectora, ortografía y reconocimiento de palabras. El análisis incluyó además resonancias magnéticas a 50 participantes, donde apareció una diferencia en una vía cerebral que conecta regiones relacionadas con la audición, el lenguaje y el movimiento.

Por qué tocar un instrumento pone en juego varias habilidades a la vez

Psyche Loui, profesora de música de Northeastern, explicó que al tocar se ponen en juego varias tareas al mismo tiempo: leer la partitura, mantener el ritmo, coordinar las manos, escuchar lo que sale y ajustar. Esa exigencia simultánea, sostuvo, se relaciona con lo que los especialistas llaman funciones ejecutivas, que en lenguaje de madre vendrían a ser el software del cerebro: planificar, sostener la atención, controlar los impulsos y adaptarse cuando algo cambia. Una de esas piezas es la memoria de trabajo, esa que nos permite retener una consigna mientras la llevamos a la práctica, algo que cualquier docente reconoce como clave en el aula. La investigadora y educadora musical Anita Collins agregó que la formación en música ejercita además la escucha, la planificación y la autorregulación, tres habilidades que cuesta medir en un examen tradicional pero que aparecen todo el tiempo en la vida escolar.

  • Los chicos que practicaban un instrumento mostraron mejores resultados en pruebas de memoria de trabajo, razonamiento y vocabulario.
  • También rindieron mejor en evaluaciones de lectura, escritura y matemáticas, sobre todo en comprensión lectora, ortografía y reconocimiento de palabras.
  • En las resonancias magnéticas se observó una diferencia en una vía cerebral que conecta áreas de audición, lenguaje y movimiento.
  • Los autores aclaran que el estudio no prueba causalidad: no se asignó al azar quién recibía formación musical y quién no, y eso deja abierta la influencia de otros factores del entorno familiar.

Hay un punto que me parece importante remarcar, y que los propios investigadores pusieron sobre la mesa con honestidad que vale la pena destacar: el costo de la formación puede limitar el acceso. En la Argentina de hoy, con una clase media que se viene ajustando hace rato, pensar en cuotas de conservatorio, en instrumento, en traslados, en tiempos, es un lujo que muchas familias no pueden darse. Y los propios autores señalan que esa barrera puede terminar reforzando diferencias que ya existen de arranque. Por eso, antes de correr a inscribir al nene, vale la pena mirar el conjunto: la música puede ser una herramienta poderosa, pero no reemplaza al resto de las inversiones que una sociedad les debe a los pibes para aprender. Doña Marta, mientras tanto, me despidió con una sonrisa resignada: ella va a probar igual, dijo, porque a su nene la guitarra le gusta de verdad, y eso, me parece, también cuenta.

RL
Rosana LuceroSociedad y vida

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