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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Claudia Piñeiro vuelve con una novela que escucha el canto de las aves y el de la amistad entre mujeres

La escritora presenta El canto invisible, una historia que mezcla duelo, edición y biología, y donde una editora tiene que ordenar el manuscrito póstumo de su amiga muerta en un accidente.

Por Rosana LuceroSociedad y vida · · hace 7 d
Claudia Piñeiro vuelve con una novela que escucha el canto de las aves y el de la amistad entre mujeres

Acá en Buenos Aires, en la previa de una nueva feria del libro, uno se topa con la noticia y se queda pensando un rato. Porque la verdad es que a veces uno cree que ya leyó todo lo que una autora podía dar, y de golpe aparece un libro que te cambia la pregunta. Eso me pasó cuando me enteré de que Claudia Piñeiro publicó El canto invisible, una novela editada por Alfaguara que tiene, como pocas, la capacidad de mezclar varias cosas sin que se le note la costura. La historia arranca con Julia Muntaner, una editora de 64 años a la que le cae en el escritorio el manuscrito póstumo de Marina Martinelli, una bióloga que muere en un accidente de tránsito y que, según cuenta quien la conoció, era una de las investigadoras más sólidas del país en el estudio del canto de las aves. Y a partir de ahí, lo que podría ser un trabajo profesional de rutina se convierte en otra cosa.

Lo que yo le quiero contar al lector que tiene entre 40 y 60 años, y que se acercó a Piñeiro hace rato por sus novelas negras, es que esta historia camina por un registro distinto. Más calmo, si se quiere, pero no menos filoso. Porque la novela pone el foco en la tarea de editar, ese trabajo que casi nunca se ve, y al mismo tiempo la usa como motor de algo mucho más grande: la reconstrucción de una amistad de años entre dos mujeres, la conversa imaginaria que Julia mantiene con Marina mientras ordena sus papeles, y un secreto que, cuando aparece, modifica todo lo que la protagonista creía saber de su amiga.

Las aves como motor y el oficio de editar como paisaje

A mí lo que me interesa remarcar es esto: Piñeiro no se mandó una novela decorativa ni una postal nature. Ella misma cuenta que el interés por el tema le nació de una pavada de la vida moderna, que a veces nos regalá revelaciones insólitas. Resulta que en una cena en Madrid alguien le mostró una aplicación para celulares que identifica especies por sus sonidos. La bajó, empezó a probar con los pájaros que escuchaba en la vereda y en la plaza, y se terminó enganchando. Esa herramienta, que se llama Merlin Bird ID y que está desarrollada por el Cornell Lab of Ornithology de la Universidad de Cornell, le terminó abriendo un mundo.

Y acá viene otro punto que a mí, como lector, me parece de los más valiosos del libro. Piñeiro dice que, mientras investigaba, se topó con prejuicios muy instalados sobre el comportamiento de las aves, entre ellos la creencia bastante firme de que las hembras no cantan. Eso, que parece un detalle de biólogos, la empujó a sumar al libro referencias a mujeres ornitólogas y a cerrar la novela con un glosario dedicado a figuras relevantes de esa disciplina. Me parece un gesto que dice mucho sobre cómo piensa la autora: no escribir sobre un tema sin antes desarmar los mitos que lo sostienen.

Las editoras que están detrás de Julia Muntaner

Algo que me parece justo rescatar, porque pocas veces se nombra, es la historia que hay detrás del personaje. Piñeiro contó que Julia Muntaner reúne referencias de editoras que la acompañaron a lo largo de su carrera. Y las nombra una por una, como quien pasa lista en un patio de escuela: Julia Saltzmann, Julieta Obedman, Ana Laura Pérez, Gabriela Franco y Magalí Etchebarne. Para cualquiera que haya visto de cerca cómo se hace un libro, ese detalle no es menor. Es, en definitiva, un reconocimiento a un oficio que trabaja en silencio y que sostiene todo lo que después llega a la góndola de una librería.

  • Julia Muntaner, la editora protagonista, tiene 64 años y trabaja sobre el manuscrito que dejó su amiga muerta en un accidente.
  • Marina Martinelli era una de las biólogas más importantes del país e investigaba el canto de las aves.
  • El libro incluye un glosario final con mujeres ornitólogas relevantes para discutir el mito de que las hembras no cantan.
  • La novela se inspira en editoras reales como Julia Saltzmann, Julieta Obedman, Ana Laura Pérez, Gabriela Franco y Magalí Etchebarne.
  • Piñeiro también publicó este año Mi miedo xixi, un libro ilustrado para chicos, y participó en adaptaciones teatrales de Como bestias y Maldición eterna a quien lea estas páginas.

Yo le digo al lector, con la mano en el corazón, que esta novela tiene una cosa que aprecio mucho: habla de mujeres grandes, de profesiones que no suelen ser protagonistas, de vínculos que no se rompen con la muerte sino que se transforman, y lo hace sin golpes bajos ni golpes de efecto. Camina, respira, y al final uno se queda con esa sensación que dejan los libros bien editados, que es la de haber estado un rato en buena compañía. Como cuando una tarde, en la puerta de casa, una vecina del barrio te dice te acordás de Fulgencia, la de la esquina, que se fue hace años. Bueno, algo así.

La novela recorre la naturaleza, la memoria y las relaciones entre generaciones, y deja flotando una pregunta que vale la pena quedarse pensando: qué historias de amistad uno recuerda como las más potentes de la literatura. Y lo que uno espera, mientras espera el próximo libro, es que Piñeiro siga encontrando temas así, raros y hermosos a la vez, y que se dé el tiempo de contarlos como ella sabe.

RL
Rosana LuceroSociedad y vida

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