Miércoles, 23 de septiembre de 2026
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Conrado Estol y la mecánica de un miedo que se anticipa al avión: cómo pensar las turbulencias sin que nublen el viaje

El neurólogo repasó qué ocurre antes del embarque, distinguió las turbulencias con tormenta de las que aparecen con cielo despejado y sugirió mirar una app de vuelos para sacar al propio del medio de una masa que viaja todo el tiempo.

Por Rosana LuceroSociedad y vida · 23 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Acá, en Ezeiza, una señora de Pilar me dice mientras acomoda el carry on que ella empieza a transpirar en el remise que la lleva hasta el aeropuerto. Ni siquiera tuvo que pasar todavía el control de equipaje. Eso, justamente, fue lo primero que aclaró Conrado Estol cuando le pregunté por el miedo a volar: el padecimiento suele empezar bastante antes de que la butaca del avión reciba al pasajero. Los trámites migratorios, las colas, el fantasma de llegar tarde y, claro, la sensación de encierro cuando la puerta se cierra se mezclan en un cóctel que puede arruinar la experiencia mucho antes del despegue.

Anticipación, claustrofobia y un número que no calma

El neurólogo reconoció que la anticipación del embarque puede ser el gran disparador de la ansiedad, aunque aclaró que la claustrofobia también mete la cola y suele aparecer cuando el cuerpo ya está sentado en una cabina estrecha, rodeado de desconocidos, sin posibilidad de salir hasta que el comandante lo decida.

Sin embargo, y acá viene lo más interesante de lo que dijo Estol, conocer las estadísticas de seguridad de la aviación comercial no alcanza para desactivar la respuesta emocional. Saber que volar es seguro y sentir que el avión se sacude con cielo despejado son dos cosas que conviven en la misma cabeza sin anularse entre sí, y por eso propuso trabajar con otro recurso: la perspectiva.

  • Mirar una aplicación de seguimiento de vuelos para ver cuántos aviones están en el aire en ese mismo momento y dimensionar que el viaje propio es uno entre miles.
  • Prestar atención a la duración real de una turbulencia fuerte, que suele medirse en segundos o pocos minutos, aunque la mente la estire como si fueran horas.
  • Comparar el movimiento del avión con el de un tren, un transporte que se tolera sin que se disparen las alarmas.
  • Evitar el alcohol como estrategia: puede provocar insomnio y deshidratación, y deja al cuerpo peor de lo que estaba.

Turbulencias con cielo limpio y por qué los pilotos pueden esquivarlas

Estol distinguió dos tipos de sacudidas que suelen confundirse. Las turbulencias con tormenta son las más fáciles de entender, porque desde la ventanilla se ven nubes oscuras y condiciones meteorológicas que justifican el movimiento. Las otras, en cambio, aparecen con cielo despejado y generan un cortocircuito en la cabeza del pasajero: si no hay nubes, qué es lo que se mueve. El médico explicó que se trata de corrientes de aire en altura que el ojo no registra pero el cuerpo sí, y que la sorpresa suele pesar más que el movimiento en sí.

Para los casos con tormenta, el neurólogo recordó que los pilotos cuentan con herramientas para identificar fenómenos meteorológicos en ruta y modificar el recorrido si la situación lo amerita, y que los protocolos de cabina apuntan a reducir distracciones durante la operación. Nada de eso elimina el sacudón, pero le cambia el marco al pasajero que, mientras tanto, espera lo que le parece una eternidad.

“Conocer las estadísticas de seguridad no impide que aparezca una respuesta emocional ante una experiencia que resulta ajena a la vida en tierra.”Conrado Estol, neurólogo

Me quedo con la idea que más me sirve para explicarles a los que me preguntan: el miedo a volar no se cura leyendo un parte de seguridad, se trabaja cambiándole la escala al propio viaje. Si el avión propio se vuelve uno más en una pantalla que muestra miles despegando y aterrizando al mismo tiempo, la sacudida deja de sentirse como una excepción y pasa a ser un capítulo más de un movimiento que, como dice Estol, es cotidiano. La señora de Pilar, me apuesto, va a terminar mirando la app antes de subir al próximo remise.

RL
Rosana LuceroSociedad y vida

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