Coyote vs. Acme: el justiciero pelilargo se anima al largo y se cruza con Will Forte
La nueva película de los Looney Tunes estira a más de 90 minutos la eterna pelea contra el Correcaminos, pero esta vez el Coyote va a juicio y suma a un abogado algo perdido interpretado por Will Forte, en una historia que mezcla dibujos animados, actores reales y el cine de tribunales.
A mí siempre me gustaron los personajes que nunca se rinden, y el Coyote es el campeón absoluto de esa categoría. Como dijo una vez el cantautor sanjuanino Gustavo Cerati en una entrevista vieja, “hay algo heroico en seguir intentando aunque todo indique que va a salir mal”, y la verdad que esa frase le calza justo al bicho pelilargo de los Looney Tunes, que lleva décadas cayendo barrancas abajo y volviendo a la carga con una dinamita debajo de la lengua. Ahora, después de un sinfín de cortitos en la tele, le llega por fin su película en serio, y se llama Coyote vs. Acme, una propuesta que mezcla animación con actores reales y que tiene al Coyote como gran protagonista, aunque no está solo.
Lo primero que hay que decir es que la película dura más de 90 minutos, algo impensado para un personaje que durante generaciones nos entretuvo en sketches de pocos minutos. Ahí, en esos dibujitos cortos, el Coyote perseguía al Correcaminos por desiertos y cañones, armaba trampas cada vez más elaboradas, tiraba toda su creatividad a la borda y siempre terminaba aplastado, quemado o cayendo al vacío. La fórmula de siempre era la misma: un plan, un obstáculo inesperado y un desenlace adverso, pero con una insistencia que ya era entrañable. Coyote vs. Acme toma esa dinámica, la estira hasta convertirla en un largo y le agrega una vuelta de tuerca: esta vez la pelea no es solo contra el Correcaminos, sino contra la propia Acme, la fábrica que le vendió las trampas y los cohetes, y que encima no quiere hacerse cargo de nada.
Will Forte, un abogado a la deriva
Y acá entra el otro gran protagonista de la historia, que es el personaje humano interpretado por Will Forte, un actor que a mí me cae simpático desde que lo vi en series como El último hombre en la Tierra o MacGruber. Acá Forte compone a un tipo bastante despistado, bastante humano, que termina cruzándose con el Coyote en el peor momento de su vida y que de a poco, casi sin darse cuenta, se mete en una causa judicial que le excede por completo. La relación entre los dos es el corazón de la película, porque son personajes que vienen de mundos totalmente distintos, uno de carne y hueso y otro hecho de tinta y animación, pero que sin embargo comparten algo fundamental: los dos vienen de fracasar una y otra vez, y los dos siguen parados.
La película incorpora elementos del cine de juicios, con sus abogados, sus testigos, sus estrados y sus veredictos, y a mí eso me resultó un hallazgo muy curioso. Es como si a la fórmula clásica del Coyote le metieran un poco de John Grisham o de Historias de la corte, y el contraste funciona. Mientras el Coyote aporta el humor físico de siempre, las caídas, los golpes, las leyes de la física hechas pedazos, el personaje de Forte le pone un tono más terrenal, más cercano, casi de oficina gris y café frío. Esa combinación es la que termina dándole a Coyote vs. Acme una identidad propia, distinta a otros intentos anteriores de mezclar dibujos con personas.
La perseverancia como motor
A lo largo del relato, lo que más me conmovió es cómo la película se toma en serio la idea de la insistencia. El Coyote no es solamente un gag caminando, un tipo al que le gusta tirarse a un precipicio por hobby. Acá se nota que detrás de cada caída hay un personaje que sigue creyendo que la próxima vez va a funcionar, y eso le da una dimensión casi filosófica, si me permiten el término. El personaje de Forte, por su parte, también carga con sus propias derrotas y con sus propios intentos fallidos, y es justamente eso lo que lo acerca al Coyote. La película va construyendo ese vínculo de a poco, sin apurarse, dejando que la empatía crezca entre un dibujo animado y un ser humano que, en el fondo, no son tan distintos.
Y ojo, no todo es melancolía, eh. La película mantiene el humor físico de siempre, con persecuciones, explosiones, situaciones inverosímiles y ese caos visual que asociamos con los Looney Tunes, pero ahora dentro de un relato más largo, más estructurado, con un principio, un desarrollo y un juicio de por medio. La mezcla funciona porque nunca pierde de vista lo que hizo grande a estos personajes durante tantos años: la sensación de que un plan aparentemente perfecto puede desmoronarse en un segundo, y que aun así vale la pena volver a intentar.
Horarios, precios y dónde ir
Coyote vs. Acme llega a las salas argentinas en estos días, en versión doblada al español rioplatense y también en idioma original con subtítulos, para los que prefieran escuchar la voz original. Las funciones se reparten entre los complejos de cine de la ciudad de Buenos Aires, como Hoyts, Cinemark y Showcase, y también en cadenas del interior del país. Los precios arrancan, en general, desde los 4.500 o 5.000 pesos la entrada estándar, aunque hay promociones para jubilados los días martes y descuentos para estudiantes con credencial. Los horarios son los habituales de cualquier estreno fuerte, con funciones a la tarde desde las 14, pasadas de las 17 y 20, y alguna sesión trasnoche en los complejos más grandes. Para encontrar la función más cercana, lo más práctico es meterse en la web de cada cadena o en las aplicaciones oficiales, donde se puede comprar la entrada sin hacer fila. Y un consejo de viejo cronista: si pueden, vayan a verla en una sala grande, con buen sonido, porque las escenas de acción y los momentos de humor físico ganan un montón cuando se ven en pantalla grande. Después me cuentan qué les pareció.
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