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Cuando el recreo no termina: pediatras argentinos alertan que el acoso escolar se mudó al celular y no deja respirar a los chicos

Un documento de la Sociedad Argentina de Pediatría advierte que el bullying y el ciberbullying hoy funcionan como una sola agresión continua, que empieza en el aula y sigue en grupos de WhatsApp, redes y videojuegos hasta meterse en el cuarto del chico. Los especialistas describen las señales a las que hay que prestar atención y el llamado urgente a familias, escuelas y equipos de salud.

Por Rosana LuceroSociedad y vida · 4 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Son las cuatro de la tarde en una escuela primaria de acá en Chimbas y el timbre acaba de marcar el final del recreo. Un nene de diez años guarda la mochila con la sensación de que algo no terminó. Lo que empezó como una cargada en el patio sigue esa noche en un grupo de WhatsApp, escala el jueves en una historia de Instagram y vuelve el lunes al aula antes de que suene la campana. La escena se repite en miles de casas del país y es, justamente, lo que preocupa a la Sociedad Argentina de Pediatría, que acaba de publicar un documento para advertir que el acoso escolar ya no se detiene cuando el chico sale de la escuela.

Yo te lo resumo como me lo resumo a mí misma cuando me toca contárselo a una madre en la sala de espera: lo que antes terminaba en la puerta del colegio hoy se muda al celular y se queda ahí, encima de la mesa de luz, sin horario ni botón de apagar. Por eso la SAP reunió a ocho de sus comités y subcomisiones para armar una guía que pone en el mismo plano al bullying clásico y al ciberbullying, porque entiende que, en la práctica, ya son una sola cosa.

Una agresión que no tiene horario ni frontera

“Antes, volver a casa podía ofrecer una pausa y un espacio de resguardo frente a estas situaciones de acoso. Con el acceso casi permanente al celular, ese límite se vuelve cada vez más difuso: los mensajes, las burlas o la exposición pueden llegar a cualquier hora y extender la situación más allá de la escuela, lo que amplifica su impacto y en consecuencia el daño.”Silvina Pedrouzo, presidenta de la Subcomisión de Tecnologías de la Información y la Comunicación de la SAP

La doctora Pedrouzo me lo dejó bien claro cuando leí el informe: la diferencia central es que antes la escuela funcionaba como una frontera, y hoy esa frontera se rompió. El chico víctima llega a su cuarto y la agresión lo está esperando en la pantalla. Por eso las consecuencias se multiplican y se vuelven más graves, según describen los pediatras.

  • Dolores físicos recurrentes, sobre todo de panza y de cabeza, que no tienen una causa clínica clara.
  • Trastornos del sueño: les cuesta dormirse, se despiertan a la noche o tienen pesadillas.
  • Ansiedad, tristeza persistente y, en los casos más severos, ideas de hacerse daño.
  • Bajón en el rendimiento escolar y ganas de no ir a la escuela o de evitar reuniones sociales.
  • Cambios de humor, irritabilidad y retraimiento, en chicos que hasta hacía poco eran más bien expansivos.

Qué formas toma el ciberbullying hoy

El documento de la SAP es muy específico a la hora de describir las modalidades que ve crecer en la consulta pediátrica. La idea es que las familias puedan reconocerlas, porque muchas veces uno naturaliza cierto tipo de cargadas en la pantalla pensando que son cosas de chicos y no lo son. Las más frecuentes, según la entidad, son: mensajes de odio y burlas enviadas por chat o redes; acecho digital, es decir, seguir a la víctima en todas las plataformas; votaciones para humillar; perfiles falsos; suplantación de identidad; difusión de información privada sin permiso; exclusión de grupos de WhatsApp o de chats, y la manipulación de fotos, videos o memes para exponer a alguien. A ese listado se suma un capítulo nuevo que a mí, particularmente, me preocupa: el uso de herramientas de inteligencia artificial para editar y difundir contenidos alterados, deepfights mediante, con una particularidad muy concreta que señaló la propia Pedrouzo y que vale repetir: una publicación puede alcanzar audiencias mucho mayores que las del aula y, una vez que se viraliza, resulta muy difícil de borrar.

No toda pelea es bullying: las tres condiciones que lo definen

El informe insiste en una aclaración que a veces se pierde en la conversación de la sobremesa: no todo conflicto entre chicos es acoso escolar. Para que se trate de bullying tienen que cumplirse tres condiciones al mismo tiempo. La primera es la intención de causar daño. La segunda es la repetición sistemática en el tiempo, no un episodio aislado. Y la tercera, clave, es que exista un desequilibrio de poder entre las partes, ya sea físico, social o numérico, que deje a la víctima en inferioridad de condiciones y sin manera real de defenderse. El acoso puede ser físico, verbal o relacional, y esta última forma, la de excluir, aislar o hacer el vacío, es la que más se repite en el mundo digital y la que a veces cuesta más de identificar.

Un problema de todos: familias, escuelas y equipos de salud

“El bullying es un fenómeno grupal y por eso la solución tampoco puede descansar exclusivamente en ellos. Están los compañeros que observan, los adultos responsables, las familias y la institución en la que ocurre. Lo que nunca debemos hacer es pedirle al chico que está siendo hostigado que resuelva solo el problema.”Sociedad Argentina de Pediatría (documento de ocho comités y subcomisiones)

Esa frase del documento me parece la más importante de todas, y la quiero repetir para que quede bien clara: nunca hay que decirle al chico que se arregle solo. La SAP subraya que el bullying es un fenómeno grupal y que, por lo tanto, la respuesta también tiene que ser colectiva. Las familias deben estar atentas a las señales, por más sutiles que parezcan; las escuelas necesitan protocolos concretos que no reduzcan el tema a un llamado de atención entre adultos; y los equipos de salud, empezando por los pediatras de cabecera, tienen que tener un oído listo para escuchar detrás del dolor de panza o del insomnio. La idea que atraviesa todo el informe es que, sin el trabajo conjunto de estos tres actores, la respuesta queda floja y el daño, mientras tanto, sigue creciendo adentro del cuarto del chico.

Yo te lo cierro como te lo cerraría mi vecina Analía, acá en Rawson, cuando me cuenta lo que le pasó con su hija de doce: lo que más le duele no es el mensaje puntual, es que la nena nunca termina de salir de la escuela. Por eso la advertencia de los pediatras apunta a que la adultez entera del chico vuelva a sentirse cuidada, dentro y fuera de la pantalla. Mientras eso no pase, la carga sigue viajando del patio al grupo de WhatsApp, del grupo de WhatsApp al aula, y del aula de vuelta al cuarto. Y eso es, justamente, lo que la SAP quiere que no nos acostumbremos a naturalizar.

RL
Rosana LuceroSociedad y vida

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