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Lunes, 2 de noviembre de 2026
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Cuando la cabeza se llena de ruido: cómo funciona la memoria de trabajo y qué la cuida

Es la pizarra provisoria que usamos a diario para no perder el hilo. Qué la sobrecarga, cuándo conviene consultar a un profesional y qué hábitos ayudan.

Por Rosana LuceroSociedad y vida · · hace 1 h
Cuando la cabeza se llena de ruido: cómo funciona la memoria de trabajo y qué la cuida

Todos alguna vez entramos a una habitación y nos quedamos parados sin saber para qué fuimos. O escuchamos una frase, perdimos el hilo a mitad de camino y nos dio un poquito de bronca con nosotros mismos. Son momentos chiquitos, pero se sienten, y muchas veces tienen que ver con una función de la mente que casi no nos damos cuenta de que existe.

Esa función se llama memoria de trabajo. Es el sistema que mantiene activa una pequeña cantidad de información durante los segundos en que la necesitamos. Funciona como una pizarra provisoria: sirve para retener un número mientras lo marcamos, seguir una conversación o hacer una cuenta de cabeza. A diferencia de la memoria a largo plazo, los datos que guarda se borran en cuestión de segundos si no se usan o no se repiten.

Qué la sostiene

Su capacidad es limitada. Depende sobre todo de la corteza prefrontal y de su conexión con las regiones parietales. La dopamina también la modula, y tanto un déficit como un exceso de esa sustancia pueden perjudicar su funcionamiento. Es clave para la atención, el lenguaje, el razonamiento y la planificación, así que cuando falla, el impacto se siente en muchas tareas a la vez.

Qué la sobrecarga

Cuando este sistema anda con dificultad, lo más habitual no es un olvido dramático sino pequeñas interrupciones. En muchos casos la información no se perdió: la atención estaba ocupada en otra cosa y no pudo sostenerla. Según el material de base, hay factores que pesan bastante:

  • La hiperconectividad y las tareas simultáneas, que fragmentan la atención.
  • La falta de sueño, que reduce la eficiencia de los procesos necesarios para concentrarse.
  • El estrés y la ansiedad, que ocupan espacio mental con preocupaciones.
  • La depresión, que puede enlentecer el pensamiento.
  • El alcohol, ciertos medicamentos y los tranquilizantes.
  • Problemas médicos como el hipotiroidismo, la anemia, el déficit de vitamina B12 y la apnea del sueño.

El envejecimiento produce un enlentecimiento gradual del procesamiento, pero no toda dificultad es normal ni esperable. Si los olvidos avanzan, se suman desorientación o pérdida de autonomía, o preocupan a quienes rodean a la persona, corresponde una evaluación profesional. El trastorno por déficit de atención, que en algunos casos pasa inadvertido desde la infancia hasta la adultez, también puede expresarse como fallas en este sistema.

Qué ayuda

Los especialistas señalan hábitos concretos para mejorar su funcionamiento. Entre ellos aparecen dormir las horas necesarias e incorporar ejercicio aeróbico regular. Son cambios cotidianos, al alcance de cualquiera, que pueden marcar una diferencia real en la forma en que retenemos lo que estamos haciendo.

RL
Rosana LuceroSociedad y vida

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