Cuidar el cerebro todos los días: la estrategia latinoamericana que se puso a prueba en Buenos Aires
Especialistas presentaron los resultados de LatAm-FINGERS, un estudio que siguió durante dos años a más de mil personas mayores de once países y midió qué pasa cuando se combinan alimentación, movimiento, estímulo mental, vínculos sociales y control cardiovascular.
Son las diez de la mañana en el centro de Buenos Aires y un grupo de neurólogos, cardiólogos y nutricionistas termina de acomodar sus carpetas en una sala llena de pantallas. Afuera, la ciudad ya vibra con su ritmo de siempre; adentro, la conversación gira en torno a una pregunta que preocupa a millones de familias: qué se puede hacer, mucho antes de que aparezcan los primeros olvidos, para proteger la memoria. La respuesta que estos profesionales vienen puliendo hace años suena simple pero exige constancia: atender la presión, la glucosa y el colesterol, mover el cuerpo, alimentar bien la cabeza, aprender cosas nuevas y no perder el contacto con los demás.
Una estrategia que combina cinco hábitos y un control médico
En el encuentro internacional se presentaron los avances de LatAm-FINGERS, el primer ensayo clínico regional que puso a prueba, en condiciones reales y durante 24 meses, un enfoque preventivo integral contra el deterioro cognitivo. Participaron 1.065 personas de entre 60 y 77 años, distribuidas en 11 países de América Latina, y la propuesta fue tan concreta como exigente: sumar al mismo tiempo cinco cambios de hábitos y sostenerlos en el tiempo.
- Alimentación saludable adaptada a cada comunidad.
- Actividad física regular y supervisada.
- Entrenamiento cognitivo para ejercitar la memoria y la atención.
- Fortalecimiento de los vínculos sociales.
- Control de los factores de riesgo cardiovascular: hipertensión, diabetes, tabaquismo y colesterol alto.
La investigadora principal, Lucía Crivelli, jefa de Neuropsicología de FLENI, explicó que el gran mérito del trabajo consistió en adaptar esas recomendaciones a los recursos y las costumbres de cada lugar. "La clave es sostener el principio de la intervención sin ignorar las diferencias culturales y sociales", señaló, y agregó que la idea no fue imponer un modelo único sino traducirlo a la mesa familiar, al club del barrio, al centro de jubilados o a la plaza donde se camina a diario.
Qué midió el estudio y qué resultados arrojó
Los participantes fueron divididos en dos modalidades de acompañamiento. Una ofreció actividades organizadas y contacto frecuente con equipos de salud; la otra se apoyó en recomendaciones para incorporar los hábitos con mayor autonomía. En ambos casos se trató de un trabajo serio, con evaluaciones periódicas y seguimiento personalizado. El estudio registró una mejora de la cognición global entre quienes siguieron la intervención más estructurada y, además, midió algo clave para cualquier política pública: si era posible sostener el programa. La respuesta fue alentadora: el 80% de los voluntarios tuvo una adhesión moderada o alta y el 84,9% completó la evaluación final. Son cifras que, en este tipo de investigaciones, se consideran muy buenas.
Los propios especialistas aclararon que estos resultados no significan que una rutina saludable garantice evitar la demencia. El enfoque busca reducir riesgos y ganar años de calidad de vida, no prometer soluciones absolutas. Por eso insisten en que la consulta médica periódica, el control de la presión y los análisis de rutina forman parte del mismo paquete que la caminata diaria, la lectura o la charla con los vecinos. Cuidar la memoria, resumieron, es una tarea de todos los días que empieza mucho antes de que la cabeza empiece a fallar.
