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De acampar en la calle a tener su propia fonda: la historia de Ezequiel, que cocinó su salida con dos hornallas y un sueño

Llegó a Neuquén desde Azul a dedo, durmió en una carpa prestada, pasó por un refugio, trabajó en logística y ventas, y a los 36 años abre La Fonda en el barrio Mariano Moreno, con una clientela de 500 personas que fue armando en la calle y en redes.

Por Rosana LuceroSociedad y vida · 6 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Acá en Neuquén, en pleno febrero de 2024, un pibe de 33 años baja de un remise con la ropa encima y ninguna dirección donde pasar la noche. Es Ezequiel Banegas, que viene desde Azul, en el sur de la provincia de Buenos Aires, y llega a la capital neuquina a dedo, después de dos días de viaje y de pedir raite en las rutas. No tiene dónde dormir ni un peso encima. Esa primera imagen, la de un hombre parado en la vereda con una mochila y el frío de la Patagonia metiéndose en los huesos, es el punto de partida de una historia que, dos años y medio después, termina con las persianas abiertas de su propio local de comida.

La carpa que le prestó Raúl y el refugio que lo sostuvo

Para bancar las primeras noches a la intemperie, Ezequiel recurrió a lo que tenía más a mano: un grupo de Facebook. Escribió que necesitaba una carpa. Del otro lado apareció Raúl, un vecino del barrio que le llevó una carpa, una almohada y un acolchado. Con eso armó un campamento provisorio mientras golpeaba puertas buscando trabajo. Poco después consiguió lugar en un refugio de calle Belgrano al 2500, donde lo acompañaron para ordenar la cabeza y empezar a rearmar la rutina. "Me ayudaron muchísimo a reintegrarme a la sociedad. Me sirvió para salir adelante", resume hoy, con la voz de alguien que reconoce que esa primera red fue lo que le cambió el día a día.

Mientras se estabilizaba en el refugio, salió a buscar empleo. Su primer trabajo estable fue en el área de mantenimiento de una empresa de logística. Después saltó a un corralón en Cipolletti, donde arrancó como vendedor y terminó como jefe de ventas. Esa etapa, dice, le dejó dos cosas que hoy lleva tatuadas: el oficio de tratar con la gente y la constancia de cumplir horarios. Yo lo escucho y me parece que es la misma constancia que después volcó a las hornallas, porque una fonda también es un trabajo de tiempo completo y de no aflojar.

Dos hornallas, mil seguidores y una clientela que creció en la calle

La cocina, cuenta, siempre estuvo en la cabeza de Ezequiel. Empezó a cocinar para afuera con lo que tenía a mano: dos hornallas, un horno que no funcionaba y una heladera chica. Con eso preparaba tortas fritas, chipá y bolas de fraile y salía a vender al Paseo de la Costa, sobre el río Limay. Cuando la gente empezó a pedirle más, fue sumando de a poco: pizzas, empanadas, hamburguesas. Cada producto nuevo lo incorporaba recién cuando podía invertir y cuando estaba seguro de que la demanda lo bancaba.

Las redes sociales lo ayudaron a darle volumen a la cosa. Arrancó con 15 seguidores en Instagram y hoy se arrima a los mil. "Creció mucho todo en tan poco tiempo, eso es lo que me sorprende", reconoce, como si todavía no terminara de creer que esa cocina de dos hornallas se transformó en una lista de 500 clientes que le hacen pedidos. Lo que más me llama la atención, te lo digo de cerca, es que él no lo cuenta como un mérito propio: lo cuenta como una cadena, donde cada pedido habilitó el siguiente y cada cliente trajo a otro.

Un año ahorrando para abrir La Fonda en Mariano Moreno

Durante un año entero, Ezequiel guardó plata todos los meses. "Me privé de muchas cosas", admite, y uno lo imagina dejando afuera salidas, gustos y cualquier gasto que pudiera postergar. Con lo juntado llegó al local de Mitre y Correntoso, en el barrio Mariano Moreno, a metros de su casa. Lo bautizó La Fonda, un nombre que suena a lugar de barrio, a comida abundante y a mesa compartida. Y eso es lo que me gusta: que el nombre no es un capricho de marketing, es la descripción de lo que él quiere hacer.

Qué se va a comer y cómo va a funcionar La Fonda

  • Abre de lunes a domingo, excepto los martes.
  • Dos turnos: mediodía, de 12 a 15, y noche, de 20 a 23.30.
  • Carta de arranque: hamburguesas, lomos, empanadas, pizzas, tartas y burritos.
  • En una segunda etapa sumará un menú diario al mediodía.

El local abre sus puertas esta semana, pero Ezequiel ya piensa en lo que viene. Sueña con un bodegón grande, con platos abundantes y precios accesibles para familias que, como él hace dos años y medio, la vienen peleando. "Mi sueño es abrirme un bodegón, con platos abundantes y precios accesibles para las familias. Pero vamos de a poquito, paso por paso", dice, con una calma que suena a aprendizaje más que a resignación. Y acá, del otro lado de la nota, uno se queda pensando que la fonda que hoy lo tiene de dueño es, en realidad, el primer paso de un recorrido que arrancó en una carpa prestada por un vecino y que se siguió cocinando a fuego lento, con dos hornallas, hasta llegar a las puertas de su propio local en el barrio Mariano Moreno.

RL
Rosana LuceroSociedad y vida

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