Di María, el verdugo del Pincha: Rosario Central se fue al vestuario con la Supercopa Internacional entre ceja y ceja
Un primer tiempo de locos en Santiago del Estero: dos goles de Fideo, un penal revisado por el VAR, dos lesionados en Estudiantes y un Muslera que no pudo hacer nada.
Imaginate esto: te sentás a ver un partido tranquilo y en cuarenta minutos te comés un penal sancionado por video, dos cambios por lesión en el mismo equipo y un tiro libre que se cuelga del ángulo. Eso fue lo que pasó en el Madre de Ciudades, donde el Verdinegro se fue al descanso ganando 2-1 al Pincha en la final de la Supercopa Internacional. Una final con más sobresaltos que el colectivo de las siete de la mañana cuando llueve.
Cómo se rompió el partido
Estudiantes arrancó como quien entra a su casa: con la tranquilidad del que sabe dónde está la cocina. En la primera que tuvo, armó una jugada que arrancó en los pies de Tobio Burgos, pasó por la cabeza de Guido Carrillo y la empujó Alexis Castro para el 1-0. Limpio, sin ruido, como un domingo al mediodía.
Pero claro, en estas cosas siempre aparece alguien que te arruina el asado. Y ese alguien fue Ángel Di María, o "Fideo" para los amigos, que se calzó el equipo al hombro en cuestión de minutos. Primero empató de tiro libre desde la puerta del área, con una ejecución que le pasó por arriba a un Fernando Muslera que, siendo generosos, quedó mirando como quien ve pasar el tren. Y a los 52, después de una revisión de Darío Herrera vía VAR por un toque de Tomás Palacios sobre Enzo Copetti, el campeón del mundo se paró frente a la pelota y la mandó a guardar. Dos a uno y a cobrar.
Los del Pueblo Viejo, en jaque por las lesiones
Lo del Pincha en el primer tiempo fue un parte médico ambulante. Gabriel Neves se cayó feo, se golpeó la muñeca izquierda y terminó subido a una ambulancia rumbo a una clínica para hacerse estudios. Ingresó Jalil Elías en su lugar, pero el fútbol tiene esas ironías: Elías duró menos que caramelo en la puerta de una escuela. Al intentar frenar un avance de Gaspar Duarte, se le trabó la pierna, se ganó la amarilla y terminó dejando su lugar a Fabricio Pérez. Dos lesionados, un cambio doble y un técnico de Estudiantes que, me imagino, debe haber visto el entretiempo como una bendición.
El dato que importa: por qué Central y Estudiantes jugaban esta final
Para el que llegó tarde: el conjunto platense ganó el Trofeo de Campeones tras vencer a Platense, campeón del Apertura. Rosario Central, en tanto, entró por haber terminado primero en la tabla anual del 2025. Dicho esto, los pergaminos quedaron a un costado: la final se define en cancha y el Fideo ya había estampado su firma en el primer tiempo.
Qué se viene en el complemento
- Estudiantes necesita reaccionar rápido o se le escapa el primer título del año; la lesión doble lo obliga a reorganizar líneas en pleno partido.
- Rosario Central tiene a Di María enchufado, el control del juego y la chance de cerrarlo con el contragolpe, el arma que mejor sabe manejar el equipo de Ariel Holan.
- Muslera, del otro lado, deberá sostener a un Pincha que ya quedó dos veces en offside emocional; cualquier error del arquero se paga caro en estas instancias.
- El VAR, que ya intervino una vez, puede volver a ser protagonista en cualquier jugada de área. Hay que mirar las muñecas, las rodillas y los brazos, todo a la vez.
Mi pronóstico, que me reservo el derecho de errar hasta con el diario bajo el brazo: Central se va a quedar con la Supercopa. No por favoritismo ni por chapa, sino porque tiene al mejor jugador de la cancha con la número 11 en la espalda, y eso en una final suele pesar más que cualquier plan táctico. Si el Fideo mantiene la vara y la defensa del Verdinegro no se duerme, los del Pueblo Viejo van a tener que volver a La Plata con el boleto de ida y vuelta y la ilusión guardada para la próxima.
“Fideo se pone el equipo al hombro, cobra el penal con una frialdad que da miedo y deja a Central a un tiempo de la Supercopa. Cuando un campeón del mundo decide aparecer, lo mejor es sentarse y mirar.”Facundo Yacante, Deportes
