Digger, el delirio helado de Iñárritu con un Tom Cruise fuera de catálogo
El realizador mexicano vuelve al cine en inglés con una comedia negra rodada en glaciares, con Cruise como magnate petrolero y un iceberg del tamaño de un problema planetario. Crónica de un estreno que ya divide al público y a la crítica.
Hay una frase de Chango Farías Gómez que me acompaña cada vez que una película pretende mezclar el disparate con la catástrofe, y que esta vez me vino a la cabeza en la sala, mientras veía a Tom Cruise en plan magnate petrolero discutiendo con un iceberg: "el barro no se hace a un lado, se cruza". Digger, la nueva apuesta del mexicano Alejandro González Iñárritu, es exactamente eso, un cruce barroco entre la risa nerviosa y el desastre ecológico, rodada en glaciares que parecen de verdad y en estudios que parecen todavía más de verdad, y lo que cuenta es cómo un empresario, el mismísimo responsable del apocalipsis que se viene encima, decide encabezar el rescate del mundo que él mismo dinamitó. Yo salí del cine todavía con los pies fríos y con la sensación de que había visto algo distinto, algo que no me esperaba ni de Cruise ni de Iñárritu, y por eso me parece que vale la pena sentarse a charlar sobre lo que funciona, lo que chirría y lo que promete esta película que llegó a las salas argentinas casi en paralelo a su desembarco en Norteamérica.
El lugar antes que el espectáculo
Antes que el personaje, antes que el capricho, hay que hablar del sitio donde se rodó Digger, porque Iñárritu y su director de fotografía, el enorme Emmanuel Lubezki, eligieron VistaVision y glaciares de los de verdad, los de Groenlandia, los que crujen como si el planeta estuviera tosiendo, y eso se nota en cada plano, en cada silencio entre una línea de diálogo y la siguiente, en esa blancura que no es solo fondo sino casi un personaje más, como un gigante dormido que despierta enojado. La historia arranca cuando una operación de perforación en el Ártico provoca el desprendimiento de una masa de hielo monumental que empieza a desplazarse hacia el norte de Europa, un desastre ambiental de manual servido en bandeja para una sátira desmesada que se ríe de todo, del poder, de la imagen pública, del héroe corporativo que se inventa a sí mismo en plena emergencia.
El protagonista absoluto es Digger Rockwell, descrito por la propia producción como "el hombre más poderoso del mundo", un magnate caricaturesco, petiso, panzón, patilludo, que camina como si el planeta le debiera algo, y al que Cruise le mete el cuerpo con una entrega física que ya se vio en los adelantos y que acá termina de confirmarse: maquillaje, postura, voz, todo al servicio de un tipo al que, en el fondo, no podés dejar de mirar aunque te caiga mal. A su alrededor se mueven Riz Ahmed, como el doctor Nirav Ganesh, especialista en seguridad ambiental, que funciona casi como la conciencia científica de la película, y John Goodman como el presidente de los Estados Unidos, Compton, un personaje que parece sacado de un cartoon político y que, sin embargo, deja varias de las mejores réplicas del filme. Los completa Sandra Hüller, una presencia breve pero intensa, y Michael Stuhlbarg y Jesse Plemons, dos actores que se mueven como pez en el agua en este tipo de terreno incómodo y un poco desquiciado.
Un guion escrito entre cuatro y una afirmación que incomoda
El libreto lleva la firma de Iñárritu junto a Alexander Dinelaris, Nicolás Giacobone y Sabina Berman, la dramaturga mexicana que es la gran sorpresa de los créditos, y se nota su mano en los diálogos que más muerden, en los que la política, la ecología y la moral empresaria se cruzan sin pedir permiso. La película no se ahorra el absurdo ni el golpe bajo, y hay momentos en los que la risa se mezcla con una incomodidad que creo que es lo que el director está buscando: que el espectador se ría del magnate y al mismo tiempo reconozca a algún CEO que vio en las noticias reales, porque Iñárritu, aún con todo el delirio, sigue teniendo ese ojo clínico para mostrar cómo se mueve el poder cuando sabe que la está pifiando. Cruise, además de protagonizarla, la produce junto con el propio director y Mary Parent, y eso se nota en la libertad que se tomó para componer un personaje tan lejos de Ethan Hunt o de Maverick: es casi un experimento actoral hecho a la vista de todos, con peluca, con panza, con la voz impostada, y eso, lejos de ser un capricho, termina siendo una de las cosas más interesantes de la película.
La palabra de Cruise y el frío del estreno
En la entrevista que le dio a Kevin McCarthy el día del estreno, antes de que se conocieran los números definitivos de taquilla, Cruise dejó una frase que a mí me parece la clave para entender por qué aceptó este papel tan distinto a los que le conocemos: "Siento que vamos a cre", arrancó a decir, y se quedó ahí, como si la frase todavía no terminara de armarse, como si lo que viene después sea justamente el desafío de esta nueva etapa de su carrera, en la que claramente quiere hacer películas que le envejezcan bien, que se recuerden, que no sean solo éxitos de sino obras que se puedan volver a ver. Es una declaración pequeña, casi un borrador, pero viniendo de alguien que construyó su estrella a fuerza de blockbuster, tiene su peso. Iñárritu, por su parte, vuelve al inglés después de un rato largo dedicado a otros registros, y lo hace de la única manera que sabe: sin red, con presupuesto, con elenco internacional y con la certeza de que va a dividir al público, porque Digger no es una película para todos los gustos, es una película para los que aceptan que un iceberg se puede usar como espejo.
- Digger se estrenó en cines de Norteamérica el 2 de octubre de 2026, con funciones en IMAX y en copias especialmente trabajadas para aprovechar el formato.
- El debut mundial sumó cerca de 20 millones de dólares, con alrededor de 8 millones en Estados Unidos y Canadá y 12 millones en 73 mercados internacionales.
- El presupuesto de producción se estimó entre 160 y 180 millones de dólares, sin contar la campaña de promoción, lo que deja al filme todavía lejos de su punto de equilibrio.
- La historia se sitúa en Groenlandia y Europa del Norte, con fotografía de Emmanuel Lubezki rodada en VistaVision, y un equipo creativo que incluye al director Alejandro González Iñárritu, al coguionista Sabina Berman y a los productores Cruise, Iñárritu y Mary Parent.
En la Argentina se proyecta en los complejos de la cadena más grande, en salas IMAX y en algunos cines de arte con copias en versión original subtitulada; los precios arrancan en torno a los 6.500 pesos la entrada general, con promociones para jubilados y estudiantes, y los horarios en Capital Federal son desde las 13 hasta las 22, con funciones extendidas en los complejos de la zona de Belgrano, Palermo y el Abasto. Si te copa la idea de ver a Cruise fuera de la zona de confort, de acompañar a Iñárritu en un regreso al inglés sin red y de pasar un rato con un iceberg que parece estar a punto de comerse al mundo, Digger es una de esas películas que conviene ver en pantalla grande y, a poder ser, con palomitas, porque hay que estar bien provisto para sobrevivirle al frío que viene.
