Zoro, el espadachín que lleva un pirata francés en el apellido y al Zorro en el corazón
El segundo de a bordo de los Sombrero de Paja debe su nombre a dos referencias muy distintas: un corsario del siglo XVII al que apodaban "la plaga de España" y el enmascarado que desde 1919 no paró de versionarse en cine, TV y. Una historia de búsquedas, violencia colonial y guiños escondidos en uno de los personajes más populares de la animación japonesa.
A mí siempre me gusta empezar estas notas con una cita que me resuene, y la que tengo en la cabeza mientras escribo es una de esas frases que Zoro le escupe a Luffy cuando el capitán lo quiere dejar en alguna isla: "Si no puedo proteger a alguien, es porque no soy lo suficientemente fuerte". Es una línea que parece salida de un manual de autoayuda, pero en boca de Roronoa Zoro suena a declaración de principios. Y sin embargo, hasta hace poco no terminaba de caer en algo básico: el tipo que dice eso con esa convicción lleva encima un nombre que es un collage, una especie de rompecabezas armado por Eiichiro Oda con dos piezas que vienen de mundos muy diferentes, uno de ficción y otro de la historia más cruda, la del Caribe del siglo XVII. Vamos por partes, como diría cualquier persona que se sienta a comer un asado y quiere entender qué hay en el plato antes de meter el tenedor.
El Zorro: del pulp estadounidense a las películas turcas
La primera pieza del rompecabezas es, contra lo que muchos creen, una creación literaria. El Zorro apareció por primera vez en 1919, en el relato "The Curse of Capistrano", publicado en la revista estadounidense All-Story Weekly, un clásico del género pulp. Al año siguiente llegó la película "El signo del Zorro", y a partir de ahí el personaje se multiplicó de una manera que ya quisiera cualquier franquicia contemporánea: más de cincuenta films, series de televisión, cómics y adaptaciones en varios idiomas, incluyendo producciones turcas que, si uno las ve de chico sin contexto, parecen cosas salidas de otra galaxia. España llegó a producir unas catorce películas propias sobre el personaje, casi todas en coproducción con Italia, en una época en la que el cine de espadachines y capa era un negocio redondo. El dato que a mí más me gusta, porque habla de lo imbricado que está el personaje en la cultura popular, es el del doblaje: en la versión original al español de One Piece, el guiño fue tan literal que al personaje lo llamaron directamente "Zorro Ronoa", sin más vueltas. Imagínense: el enmascarado californiano, el que firma con una Z en el aire, metido en la boca de un espadachín que pelea con tres katanas en medio del Grand Line.
François l'Olonnais, la pieza oscura del rompecabezas
La segunda referencia es real, y no tiene nada de heroica. François l'Olonnais fue un pirata francés del siglo XVII, y su apellido, en japonés, se pronuncia "Roronoa". De ahí sacó Oda la base del nombre, casi como si hubiera encontrado una palabra que sonaba bien y la hubiera reciclado. Lo que viene después es harina de otro costal: l'Olonnais llegó a comandar una flota de ocho barcos y 440 hombres, con la que atacó embarcaciones españolas por todo el Caribe. Cuando desembarcó en Maracaibo, torturó a los habitantes de la ciudad para que confesaran dónde habían escondido sus pertenencias, y se ganó el apodo de "la plaga de España". Hay un episodio que a mí, se los confieso, me dejó helado cuando lo leí: cuando las fuerzas españolas estuvieron a punto de capturarlo, l'Olonnais tomó a un soldado como rehén, le abrió el pecho con la espada y, según los registros de la época, empezó a comerse su corazón. El escuadrón retrocedió, y el pirata escapó. Tiempo después murió en Panamá, de forma violenta, como corresponde a esa clase de vidas. Es un personaje histórico que parece inventado por un guionista muy macabro, y sin embargo existió.
“Más allá de la destreza con la espada y la coincidencia del nombre, no existe ningún vínculo temático entre el pirata histórico y el personaje de la serie.”Lectura del material sobre One Piece
Y acá viene lo que a mí más me interesa, porque habla de cómo trabaja Oda. El vínculo entre l'Olonnais y Zoro es puramente fonético: Oda tomó el apellido porque le gustó el sonido, y desde ahí construyó a uno de los espadachines más reconocibles de la animación japonesa. No hay una búsqueda de profundidad histórica, ni un intento de revisitar la figura del corsario, ni nada que se le parezca. Es, si se quiere, un ejercicio de bricolage cultural, de esos que en la literatura y el cómic se hacen todo el tiempo: se toma una palabra que suena bien, se la combina con un referente popular y se la pone en el cuerpo de un personaje que termina viviendo su propia vida, con su propio código, su propio juramento y su propia manera de entender la lealtad. Zoro no es l'Olonnais, y tampoco es El Zorro, aunque lleve un poco de los dos en el nombre.
