Jueves, 3 de septiembre de 2026
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Dos albicelestes en la misma esquina de Nueva York y un cruce que ya es una final anticipada

Navone dejó en el camino a Berrettini en cuatro sets y Etcheverry despachó a Fearnley. El viernes se miden por un boleto a octavos del US Open.

Por Facundo YacanteDeportes · 3 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Hay momentos en la vida en los que uno va al kiosco a comprar una Coca y termina encontrándose con un vecino con el que no hablaba hace quince años. Algo así, pero en versión tenis, acaba de pasar en Flushing Meadows: dos argentinos, dos caminos distintos y un mismo cruce en el horizonte. Como cuando el destino te pone la mesa servida y vos solo tenés que sentarte a comer.

El Gladiador de Junín no la pasó fácil, pero la sacó

A Mariano Navone, al que en el Pueblo Viejo ya bautizaron como el Gladiador por esta clase de tardes, le tocó bailar con la más fea. Del otro lado de la red estaba Matteo Berrettini, un italiano con pedigree de semifinalista de Grand Slam y un saque que hace doler los hombros solo de mirarlo. Y el arranque fue, precisamente, ese: el europeo se quedó con el primer set por 6-3, aprovechando la única ventana que tuvo para quebrar.

Pero el Verdinegro, que sabe lo que es morder la pelota hasta que sangra, no se achicó. Del segundo set en adelante fue otra historia: Navone le quebró en los momentos que importan, se llevó el segundo y el tercero por 6-3 y 6-4, y estiró la ventaja. Cuando el cuarto set entró en zona de tie-break, el argentino se puso 4-1 con dos miniquiebres y, aunque Berrettini arañó tres match points antes de caer en el cuarto, el desenlace ya estaba escrito. Lo dijo el número: 77 errores no forzados del italiano contra 37 del argentino. Es como comparar a alguien que rompe platos en un boliche con el que entra y los deja prolijos.

El platense que ya tiene nombre propio en Nueva York

Del otro lado de la misma franja del cuadro apareció Tomás Etcheverry, el de La Plata, con una victoria que arrancó antes de que el cielo se abriera. Iba 6-3, 6-3 y 5-3 sobre el británico Jacob Fearnley, con el saque para cerrar, cuando la lluvia dijo presente y frenó todo por casi hora y media. Un parate así es como cuando te sentás a comer un asado y se corta la luz: tenés hambre, pero hay que esperar.

Cuando se reanudó, Etcheverry cerró el segundo set y encaminó el partido. El tercer set fue más terco y se lo llevó Fearnley con un quiebre en el octavo game, pero el argentino reaccionó en el cuarto: cedió su saque inicial, sí, pero quebró dos veces seguidas y se fue adelante hasta sentenciar el 6-3 definitivo. Resultado final: 6-3, 6-3, 3-6 y 6-3. Con esto, Etcheverry iguala su mejor marca histórica en el US Open, esa tercera ronda que había tocado por primera vez en 2024.

Choque de argentos y a otra cosa

Ahora viene lo lindo, lo que a esta altura ya empieza a parecerse a una final anticipada dentro del cuadro. El viernes, Navone y Etcheverry se cruzan por un lugar en octavos de final. Los del Pueblo Viejo ya están haciendo cuentas: si pasan los dos en otras ramas, soñar es gratis. Pero primero hay que ganarse el derecho, y eso se define en la cancha.

  • Duelo ciento por ciento albiceleste en tercera ronda del US Open: Navone y Etcheverry se enfrentan el viernes.
  • Navone (49°) viene de dejar en el camino a Berrettini (43°) en cuatro sets, con remontada incluida y un tie-break final arrollador.
  • Etcheverry (32°) eliminó a Fearnley (101°) por 6-3, 6-3, 3-6 y 6-3, con una interrupción por lluvia de casi 90 minutos.
  • Berrettini acumuló 77 errores no forzados contra 37 de Navone, la estadística que mejor explica el partido.
  • Etcheverry iguala su mejor performance histórica en Nueva York: tercera ronda, como en 2024.

Mi pronóstico, que me reservo el derecho de errar como cualquier vecino que apuesta a la quiniela: lo veo a Navone con un punto extra de físico para este tipo de cruces cortos, pero Etcheverry tiene el tenis para complicarlo si le sostiene el ritmo desde el fondo. Sea como sea, el viernes uno de los dos se vuelve a casa y el otro sigue soñando. Y acá, mientras haya un argentino en la cancha, yo sigo prendido al televisor como cuando era chico mirando a Vilas.

FY

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