Dos esquiadores salvaron su vida por metros en una avalancha en Chapelco
Una masa de nieve se desprendió del filo del cerro en una zona no habilitada y casi sorprende a dos personas que bajaban en zigzag; el operativo de seguridad se activó al instante y no hubo heridos.
La escena es de esas que se cuentan con un nudo en la garganta. El jueves por la tarde, mientras la temporada invernal entra en su tramo más fuerte, el Cerro Chapelco mostró una vez más por qué la montaña tiene sus propias reglas. Una avalancha se descolgó desde el sector posterior del filo, a casi mil novecientos ochenta metros sobre el nivel del mar, y bajó ladera abajo con una velocidad que dejó heladas a las personas que estaban en las inmediaciones. El sector, vale aclararlo de entrada, está fuera del dominio esquiable: no hay señalización, no hay patrullas, no hay red de seguridad. Y sin embargo, dos esquiadores se encontraban descendiendo por allí.
Lo cuenta, con la voz todavía algo temblorosa, Marta, vecina del barrio Arrayanes, en San Martín de los Andes, que subió a la montaña con su marido y unos amigos. "Los vimos zigzagueando, bajando por una ladera que no era la del recorrido normal. De golpe, el filo empezó a moverse, como si respirara, y una lengua de nieve blanca bajó con una violencia que uno no se imagina hasta que lo ve. Ellos aceleraron, se tiraron hacia un costado y la masa pasó a pocos metros. Cuando paró todo, se miraban entre ellos sin poder creerlo", relata la mujer, que prefiere no dar su apellido porque todavía le tiemblan las manos al recordarlo.
Qué pasó y cómo actuó el centro de esquí
El complejo Chapelco confirmó que el episodio ocurrió en el filo del cerro, en un sector que no integra el dominio esquiable habilitado. En cuanto se detectó el desprendimiento, se activó el protocolo de seguridad: el área fue cerrada al público, se impidió el ingreso de cualquier otra persona y se empezaron a evaluar las condiciones de estabilidad de la montaña. Las dos personas involucradas, según el parte oficial, no sufrieron lesiones. Los videos casuales que filmaron otros visitantes se viralizaron en cuestión de horas y muestran con claridad la velocidad y la potencia con la que la nieve avanzó sobre la ladera.
- El sector afectado es el filo del Cerro Chapelco, a casi 1.980 metros de altura, zona no habilitada para esquí.
- Dos esquiadores realizaban un descenso en zigzag y quedaron a pocos metros del frente de nieve.
- Se activó el protocolo de seguridad: cierre del área, prohibición de ingresos y evaluación de la montaña.
- No se registraron personas heridas.
- La recomendación oficial es permanecer dentro de las pistas señalizadas y respetar al personal del centro de esquí.
Por qué se produce una avalancha
Para entender lo que pasó hay que pensar en la montaña como un sistema vivo. Las avalanchas ocurren cuando una masa de nieve pierde estabilidad sobre una pendiente, y esa pérdida de estabilidad no es un capricho: es el resultado de la combinación de varios factores. Por un lado, la acumulación de capas de nieve con distinta consistencia, que no siempre se adhieren bien entre sí. Por el otro, los cambios de temperatura, el viento que redistribuye la nieve hacia ciertos puntos de la ladera y, por supuesto, la inclinación del terreno. Después de nevadas intensas, esas acumulaciones pueden volverse inestables si la adherencia entre capas es débil, y entonces alcanza con muy poco para que todo se desencadene. El paso de personas por sectores no habilitados, justamente, puede agregar la sobrecarga suficiente para provocar el desprendimiento. Por eso los centros de esquí delimitan con tanta precisión las zonas seguras y piden, con razón, que nadie se aventure afuera.
La temporada en Chapelco se extiende hasta el treinta de septiembre, y la montaña va a seguir nevando, ventando y acumulando capas blancas sobre la ladera. Lo que ocurrió el jueves por la tarde es un recordatorio de que la montaña no avisa. Quienes esquían o caminan por fuera de las pistas señalizadas saben, o deberían saber, que están jugando un partido cuyas reglas las pone el cerro. Marta lo resume con una frase que le viene dando vueltas en la cabeza desde ayer: "Cuando uno ve la nieve linda y piensa que puede meterse por cualquier lado, se olvida de que la montaña no es un parque. Acá en Chapelco la montaña manda, y hay que respetarla".
“Los vimos zigzagueando, bajando por una ladera que no era la del recorrido normal. De golpe, el filo empezó a moverse, como si respirara, y una lengua de nieve blanca bajó con una violencia que uno no se imagina hasta que lo ve.”Marta, vecina del barrio Arrayanes, en San Martín de los Andes
