El asma pega más fuerte en las mujeres adultas y las hormonas tienen buena parte de la culpa
Después de la pubertad, la balanza se inclina para ellas: más episodios graves, más internaciones y un control más difícil. La ciencia empieza a desentrañar por qué el estrógeno y la progesterona pueden ser clave, aunque no actúan solas.
Vine a la guardia tres veces el mes pasado y cada vez me decían lo mismo: que el pico era hormonal, que ya iba a pasar, que tenga paciencia. Yo tenía asma desde chica, pero controlada. Después de los cuarenta se me descontroló todo, me cuenta Adriana, vecina del barrio San Martín, mientras acomoda el puff en su living de siempre. La escena se repite en consultorios y guardias de todo el país: mujeres adultas que arrastran un asma que antes llevaban sin grandes sobresaltos y que, de golpe, se vuelve más rebelde.
La información clínica coincide con lo que cuenta Adriana y con lo que observan los especialistas: hasta la pubertad, el asma es más frecuente en varones. A partir de la adolescencia, la tendencia se invierte y, en la adultez, las mujeres tienen mayor prevalencia, consultan más seguido a urgencias y terminan internadas con más frecuencia que los hombres con el mismo diagnóstico. Un análisis publicado este año en BMC Pulmonary Medicine, elaborado sobre datos del estudio Global Burden of Disease 2021, calculó que en 2021 había 260 millones de personas con asma en el mundo, una cifra que vuelve urgente entender por qué la enfermedad pega más fuerte en algunas poblaciones.
Las hormonas en el centro de la tormenta
La diferencia entre sexos no tiene una causa única, pero las hormonas son la pieza más estudiada. Un trabajo publicado en The Journal of Allergy and Clinical Immunology, encabezado por Dawn C. Newcomb, de la Universidad Vanderbilt, analizó células inmunitarias de pacientes con asma grave y concluyó que el estradiol y la progesterona pueden aumentar la producción de IL-17A, una proteína vinculada a procesos inflamatorios. El mismo equipo detectó mayor actividad de unas células llamadas TH17 en mujeres con asma grave respecto de varones con el mismo cuadro. Los propios autores aclaran que el hallazgo no prueba causalidad directa y que no aplica a todos los casos: el grupo fue chico y parte del análisis se hizo en modelos animales.
En la misma línea, Patricia Silveyra, de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Indiana, aporta una mirada complementaria: no se trata de que las mujeres tengan genes distintos a los varones, sino de que un mismo gen puede expresarse de manera diferente según el sexo, en interacción con las hormonas y con el ambiente. Esa interacción ayuda a explicar por qué la inflamación bronquial se vuelve más intensa en ciertos momentos del ciclo vital.
Ciclo menstrual, embarazo y menopausia: variables que cambian el juego
Acá en Chimbas, en cualquier ronda de mates, sale el tema: hay mujeres que notan que el asma se les descontrola en la semana previa a la menstruación o durante los primeros días. Una revisión sobre asma premenstrual estimó que hasta un 40% de las pacientes podría percibir cambios ligados al ciclo, aunque los estudios disponibles todavía no permiten cerrar una cifra definitiva. La hipótesis más fuerte apunta a las oscilaciones de estrógeno y progesterona previas a la menstruación, que pueden aumentar la inflamación bronquial y la sensibilidad de las vías aéreas.
Durante el embarazo, la evolución tampoco es lineal ni predecible. El patrón clínico clásico describe que aproximadamente un tercio de las embarazadas con asma empeora, un tercio se estabiliza y un tercio mejora, una distribución que obliga a controlar de cerca cada caso.
A esos momentos se suman la menopausia, los cambios de peso corporal y la exposición ambiental sostenida, factores que también modifican cómo se expresa la enfermedad. Por eso los especialistas insisten en que el seguimiento sea personalizado y contemple las etapas hormonales por las que atraviesa cada paciente, en lugar de aplicar protocolos únicos pensados para poblaciones masculinas o para pacientes jóvenes.
Adriana, la vecina del principio, resume lo que repite en cada consulta mientras espera que le confirmen el próximo turno: a mí lo que más me sirve es que me pregunten cómo estoy en general, no solo si me falta el aire. Esa atención integral, que en muchos centros todavía es una deuda pendiente, parece ser el camino para que las mujeres con asma dejen de quedar a merced de cada cambio hormonal.
