El Cholo se quitó el traje de entrenador y se puso el de argentino: Messi le llegó al alma
Simeone dejó por un rato los nombres de los rivales y se permitió hablar de Leo. Lo emocionó la persistencia, no los goles. Y ahí, en esa confesión, apareció el verdadero homenaje.
Para un domingo cualquiera, irse a cortar el pasto con el sonido de la cortadora de fondo no es lo más inspirador del mundo. Pero cuando el Cholo Simeone se sienta frente a los micrófonos y le preguntan por Messi, la podadora se apaga sola. Esta semana el entrenador del Atlético de Madrid se sacó el traje de técnico, ese que le queda tan cómodo cuando arma los partidos, y se puso el de argentino de a pie. Y lo que salió de su boca fue, simple y llanamente, una declaración de amor futbolero.
Simeone venía a hablar de su plantel, de La Liga, del próximo rival, de la fecha que se viene. Pero una pregunta lo descolocó (o no, viste que a este le encanta cuando le abren la puerta para hablar del fútbol que siente) y lo puso a discutir el viejo debate: Maradona o Messi, con quién te quedás para una final. Y el Cholo, que es vivo, no se metió en el barro. Dijo lo que cualquiera con dos dedos de frente diría: tuvo la suerte de jugar con Diego y no con Leo, y que los argentinos somos unos privilegiados de mierda por haber tenido a los dos mejores de la historia, uno atrás del otro. Ahí ya te dejó afuera del ring. Sin embargo, lo que vino después fue lo importante.
El legado que no se cuenta en los números
Porque cuando uno piensa en Messi, ¿qué se le viene a la cabeza? Los goles, claro. Los seis Balones de Oro, la Champions con el Barsa, el Mundial de Qatar, las decenas de títulos que parecen sacados de un cuento. Pero Simeone eligió otro camino. Fue a buscar lo que, a su entender, define a Leo por encima de cualquier estadística: la constancia. La persistencia. Esa terquedad silenciosa de seguir insistiendo cuando todo se pone oscuro. Y lo dijo con la voz un poco rota, casi en ese tono que usamos cuando le hablamos a un amigo que queremos mucho y no queremos que se note mucho.
“Nos enseñó que cuando las cosas vienen mal, hay que seguir insistiendo.”Diego Simeone
Ahí, en esa frase, está la verdadera postal. No es el Messi de los tilts con Tiki y Fideo en el Barsa, no es el Messi de la Copa América del 2021, ni siquiera el del domingo eterno en Lusail. Es el Messi que se cayó mil veces y se levantó mil una. El que cuando perdió la final del 2014 se comió la tristeza entera y volvió a Barcelona a seguir siendo el mejor del mundo. El que bancó años de peleas con federaciones, de lesiones, de cuestionamientos, de gente que pedía que no vuelva a la selección. Y volvió. Y ganó.
- Messi es muchas cosas: ocho Balones de Oro, cuatro Champions, un Mundial y dos Copas América.
- Es el máximo goleador histórico de la selección argentina con más de cien tantos.
- Es el jugador con más partidos disputados en la historia del Barsa.
Pero si me apurás y me preguntás qué es Messi en una sola palabra, te lo digo sin dudar: insistencia. Es el pibe que se fue de chico a probar suerte a España, el que se entrenaba horas y horas después de que sus compañeros se habían ido, el que ganó todo y aún así se sigue exigiendo como si todavía tuviera algo que demostrar. Simeone lo entendió perfecto: el legado de Leo no se mide en copas, se mide en la enseñanza de que rendirse no es una opción. Y eso, viste, vale mucho más que cualquier número en un currículum.
Las palabras del Cholo, cómo no, se hicieron viral al toque. Los argentinos las compartimos como quien se pasa un secreto bueno por WhatsApp. Y la pregunta que me queda dando vueltas es la siguiente: ¿coincidís con Simeone o te quedás con otro aspecto de la carrera de Messi como su verdadera huella? Debate abierto, y prometo no enojarme con nadie.
Mientras tanto, reservo el derecho de errar como siempre, y me apuesto una medialuna a que la próxima vez que Simeone hable de Leo, va a volver a emocionarse. Porque hay cosas que se pueden maquillar, pero cuando a un tipo como el Cholo se le quiebra la voz, sabés que lo que siente es de verdad. Y lo que siente, esta semana, es gratitud pura. La de un país entero, bah.
