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El crédito dejó de ser excepción y se convirtió en la rueda que mueve la subsistencia diaria de los hogares argentinos

Un relevamiento de la consultora Inteligencia Analítica sobre familias que destinan más del 10% de sus ingresos al pago de deudas determinó que el 76,5% tomó dinero prestado para costear alimentos, servicios o alquiler, en una fotografía que muestra cómo el sobreendeudamiento se transformó en el mecanismo central para sostener la vida cotidiana.

Por Sebastián MalleaMinería · 5 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Cuando el ingreso mensual resulta insuficiente para costear la compra en el supermercado o el pago del alquiler, el crédito financiero (préstamo de dinero que se devuelve con intereses en cuotas pactadas) deja de operar como una herramienta destinada a gastos extraordinarios, tales como la adquisición de un electrodoméstico o la realización de un viaje, y pasa a convertirse en el andamiaje estructural sobre el cual se sostiene la subsistencia misma de los hogares. Esa es la lectura central que se desprende del informe difundido por la consultora Inteligencia Analítica, cuyo título, Tres de cada cuatro hogares con problemas financieros se endeudaron para pagar comida o alquiler, condensa una problemática cuya magnitud modifica de raíz la relación entre las familias argentinas y el sistema financiero.

El estudio, según se desprende del comunicado emitido por la firma que lo elaboró, se concentró en el universo de personas que destinan más del 10% de sus ingresos mensuales al pago de compromisos financieros previamente asumidos. Sobre ese segmento se construyó una radiografía en la que el 77,2% tomó un crédito nuevo con el objetivo específico de cancelar uno anterior, en un fenómeno que los especialistas denominan refinanciación (solicitar un préstamo adicional para cubrir las cuotas de una deuda previa), y en la que el 62,1% registra al menos un vencimiento impago, es decir, una cuota ya vencida sin pagar en el momento del relevamiento.

La estructura del endeudamiento por motivo

  • Alimentos y productos básicos: 44,5% de los hogares relevados.
  • Servicios, impuestos, alquiler y expensas: 32%.
  • Salud y educación: 5,5%.
  • Ropa, calzado y artículos para el hogar: 5,1%.

El 56,2% de las familias endeudadas, añadió la consultora, compromete el 40% o más de la masa total de sus ingresos mensuales en el pago de cuotas e intereses, una proporción que, traducida a la economía doméstica, equivale a que prácticamente la mitad del salario queda inmovilizada antes de que el hogar pueda siquiera planificar el siguiente gasto. La dinámica, según describieron los especialistas, tiende a retroalimentarse: un crédito tomado para pagar alimentos genera, al mes siguiente, una nueva necesidad de financiamiento, dado que el capital original no fue cancelado y se acumularon nuevos intereses sobre el saldo pendiente.

“Tomo deuda para pagar alimentos, para pagar servicios. Al mes siguiente la situación no mejoró, no la puedo pagar y tengo que seguir pagando los alimentos y los servicios. Tomo otro préstamo para pagar interés sobre interés.”Juan Manuel Escolar, integrante del equipo que elaboró el informe de Inteligencia Analítica

El comportamiento varía, no obstante, según el segmento socioeconómico considerado. En la clase media baja y en el segmento medio de la pirámide social predominan los instrumentos vinculados al sistema financiero formal, tales como las tarjetas de crédito bancarias (plásticos que permiten financiar compras hasta un límite establecido, con pago mínimo obligatorio cada mes), los préstamos personales otorgados por entidades financieras supervisadas por el Banco Central y las denominadas billeteras virtuales, aplicaciones digitales que ofrecen líneas de financiamiento inmediato a través del celular.

Por debajo de los seiscientos mil pesos mensuales de ingreso familiar, describió la consultora, ganan terreno dos modalidades que suelen escapar del circuito regulado: los préstamos solicitados a familiares o allegados directos, por un lado, y los préstamos informales otorgados por prestamistas no registrados (personas físicas que conceden dinero a tasas pactadas verbalmente, fuera del sistema bancario y sin supervisión oficial), por el otro. En el caso de estos últimos, añadió el relevamiento, las tasas pueden superar el 12% mensual cuando se trata de montos pequeños y plazos cortos, una carga financiera (suma de intereses más comisiones que se paga por encima del dinero recibido) que, trasladada a un año, excede con holgura los parámetros de usura (tasa máxima legal que puede cobrar un acreedor, fijada periódicamente por el Banco Central) fijados por la autoridad monetaria.

El cuadro se completa con la caída del poder adquisitivo. Según registró Inteligencia Analítica, el 38,16% de los encuestados manifestó que sus ingresos resultan directamente insuficientes para cubrir el conjunto de las necesidades básicas del hogar, mientras que el 29,1% declaró llegar justo a fin de mes; la suma de ambas categorías representa al 86,4% de los hogares relevados, una proporción que da cuenta de la magnitud de la fragilidad material que se esconde detrás de las cifras de endeudamiento. La próxima cita que debe mirar cualquier persona interesada en la evolución del fenómeno es el próximo relevo trimestral que Inteligencia Analítica publique sobre hogares con sobreendeudamiento, cuya difusión está prevista para el cierre del primer trimestre del año en curso, cuando se evaluará si la proporción de familias que financia su subsistencia cotidiana con crédito mantiene, profundiza o revierte la tendencia actualmente documentada.

SM

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