El guion que le cambió la vida a Ridley Scott tres veces en su carrera, y la cuarta ya está en los cines
El director británico vuelve a la ciencia ficción con "La constelación del perro", una adaptación post-apocalíptica de la novela de Peter Heller que lo obsesionó desde la primera lectura. Detrás de ese flechazo hubo una reescritura completa del tercer acto para sumar al personaje de Jacob Elordi.
Cuando Ridley Scott leyó por primera vez el guion de Mark L. Smith para "La constelación del perro", sintió algo que muy pocas veces le había pasado en más de cinco décadas detrás de cámara. El director británico lo contó en una charla con la periodista Martina Barone para la revista GQ, y lo primero que aclaró es que esos casos se cuentan con los dedos de una mano: él mismo los reduce a tres películas en toda su filmografía. "Alien, el octavo pasajero", "Marte" y, ahora, este drama post-apocalíptico que vuelve a ponerlo en el terreno de la ciencia ficción con una historia adaptada de la novela de Peter Heller. Es decir, que estamos ante un guion de esos que enamoran a la primera lectura, de esos que te hacen querer rodar la película antes de terminar la página.
Pero ojo, que un libreto lo haya enamorado no significa que haya salido tal cual de la imprenta hacia el set. Scott, fiel a su costumbre de involucrarse de lleno en la escritura, le pidió a Smith una reescritura importante del tercer acto. El cambio central fue sumar al personaje que interpreta Jacob Elordi en una situación que directamente no existe en el libro original de Heller. ¿Por qué meterlo a la fuerza? El director lo justificó con una frase que repitió varias veces en la entrevista: necesitaba una "perspectiva realista" para cerrar la historia. Es decir, que el escritor debió sentarse a rearmar el tramo final para que la mirada de ese personaje le diera al conjunto una verosimilitud que Scott consideraba imprescindible.
Un viejo conocido de los sets: Scott reescribiendo sobre la marcha
A sus 87 años, el británico sigue mostrando la misma maña de siempre: la de no quedarse conforme con un borrador y meter mano hasta que la historia cierre como él la imagina. No es la primera vez que lo hace con un material que lo deslumbró desde el vamos. Las modificaciones al guion original de Dan O'Bannon para "Alien, el octavo pasajero" están documentadas hasta el hartazgo, y el resultado de aquella película es, justamente, uno de los motivos por los que hoy podemos hablar de Scott como uno de los grandes nombres del género. Lo de ahora no es tan radical como lo de entonces, pero el patrón se repite: aparece un texto que lo engancha, el director se obsesiona, y termina reescribiendo el tramo clave para que el film funcione como él lo quiere.
“Scott contó que sólo tres guiones en su carrera lo convencieron a la primera lectura: "Alien", "Marte" y "La constelación del perro".”Ridley Scott, en entrevista con Martina Barone para la revista GQ
- Novela original: "The Dog Stars", de Peter Heller, publicada en 2012, ambientada en un mundo post-apocalíptico azotado por una pandemia.
- Guionista: Mark L. Smith, responsable también de los libretos de "El renacido" y "Marte", entre otros.
- Incorporación clave: Jacob Elordi interpreta a un personaje cuya presencia en el tercer acto no existe en el libro y fue sumada por pedido del director.
- Justificación del cambio: Scott explicó que necesitaba una "perspectiva realista" para cerrar la historia.
- Antecedente: la reescritura que Scott le hizo pedir a Dan O'Bannon en "Alien, el octavo pasajero" es uno de los casos más famosos de cambios de último momento en Hollywood.
Con esta película, Scott vuelve a un género que le dio buena parte de su prestigio, pero lo hace a su manera: eligiendo un libro que le gustara de verdad, dejándose seducir por un guion que él mismo reconoce como de los mejores que leyó en su vida y, después, ajustando lo que hiciera falta para que la película terminara siendo exactamente la que él tenía en la cabeza. Para mí, que vengo siguiendo su carrera desde hace años, lo más interesante no es la apuesta por el género en sí, sino esa obstinación de director viejo que todavía se toma el trabajo de discutir cada acto y de pelearse con el texto hasta dejarlo a su imagen y semejanza. En un Hollywood cada vez más automático, eso ya es una declaración de principios.
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