El pibe de los tres goles: Mastantuono se sacó la mufa en Florencia y le cambió la cara a la Viola
Con 19 años y en su primer hat-trick como profesional, el mediocampista argentino dejó atrás tres fechas amargas, los rumores sobre su préstamo y la amenaza del banco de suplentes. Fue 3-1 ante Venezia, con Pellegrino como socio de ataque.
Hay semanas que arrancan como un lunes cualquiera y terminan como un sábado a la noche con asado. La de Franco Mastantuono en Florencia empezó con el fantasma de los suplentes y terminó con tres goles, una tribuna de pie y un entrenador respirando otra vez. El pibe de 19 años, al que en la Ribera del Arno todavía estaban tratando de descifrar, se presentó como solución a todo: al marcador, a los rumores y a la tabla, que tenía a la Viola hundida en el último puesto.
Dos minutos que valieron una temporada
Fiorentina llegó al duelo por la cuarta fecha de la Serie A con tres caídas al hilo, un gol a favor, nueve en contra y un técnico nuevo que todavía no sabía ni dónde quedaba el dispenser de agua. Para colmo, a los 22 Akor Adams puso el 1-0 para el Venezia y el clima en la banco empezó a espesarse. Entonces pasó lo que suelen mostrar los jugadores con potrero en la mochila: en apenas 120 segundos, el mediocampista argentino se vistió de nueve, de enganche y de salvador.
Primero agarró una pelota por la derecha, le ganó al carrilero y la puso al primer palo. Casi sin respirar, recuperó otro balón, enganchó hacia su zurda y sacó un remate entre las piernas de un marcador que terminó chocando en el palo antes de meterse. Dos a uno antes del entretiempo y el estadio, dicen, se acordó de golpe que estaba lleno. Eran los primeros goles del argentino desde el 28 de julio, una sequía que ya empezaba a hacer ruido.
El tercer gol, una caricia del destino
El complemento fue otra historia: Fiorentina se replegó, Venezia se soltó con la pelota y el partido se hizo largo, de esos que se ganan con citronel y bastante espalda. Hasta que a los 66 entró Mateo Pellegrino desde el banco y seis minutos después, con una zurda cruzada, firmó el 3-1 que cerró la discusión. Un rato más tarde, a los 84, Mastantuono quedó mano a mano con el arquero, le taparon el remate y el rebote le pintó la cara antes de meterse junto al primer palo. Hat-trick completo, primer triplete de su carrera y selfie con el destino. El juvenil terminó como el jugador con más tiros del partido (seis), tres gambetas concretadas y dos faltas recibidas, números de los que sostienen cualquier análisis.
- Mastantuono firmó su primer hat-trick como profesional, con 19 años, en su partido número cuatro con la camiseta de la Viola.
- El doblete en dos minutos antes del descanso revirtió un 0-1 adverso y cortó una sequía goleadora que se extendía desde el 28 de julio.
- Pellegrino, otro argentino del plantel, selló el 3-1 a los 72 minutos, tras ingresar a los 66.
- Fiorentina salió del último puesto de la tabla y Paolo Vanoli, que había reasumido como DT tres meses después de su salida, logró su primer triunfo en esta segunda etapa.
El contexto ayuda a entender la magnitud del asunto. Mastantuono llegó a préstamo desde Real Madrid hasta junio de 2027, sin opción de compra, y la salida del entrenador que lo había hecho titular abrió el runrún de una posible rescisión anticipada. Los del Pueblo Viejo, que miran todo con lupa, ya se habían hecho la pregunta del millón. La respuesta llegó en cancha: cuando lo ponen, el pibe responde. Y de qué manera.
El pronóstico que me reservo el derecho de errar
¿Alcanza para enderezar la temporada? Mi olfato me dice que esto puede ser el click que la Viola necesitaba, pero también sé que un domingo brillante no borra tres domingos horribles. Lo concreto: el equipo salió del fondo, el entrenador respira, el pibe se sacó la mufa y los rumores del banco se apagaron por una noche. Si el lunes, cuando entrenen, el envión se mantiene, empezamos a hablar de otra Fiorentina. Si no, me vuelvo a sentar a esperar. Como siempre, en este oficio, una mano lava la otra y las dos lavan la cara. Pero lo de Mastantuono fue, sin vueltas, una tarde para guardar en el cajón de los recuerdos buenos.
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